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DOS EN LA CORNISA

de Julio Pereira

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

 

DOS EN LA CORNISA

 

De Julio Pereira

 

e-mail: juliopereira777@yahoo.es

 

DOS APARTAMENTOS CONTIGUOS EN EL PISO QUINCE DE UN MODERNO EDIFICIO DE CARACAS.

 

ALBERTO ENTRA AL ESCENARIO, VISTE TRAJE DE PILOTO COMERCIAL, GORRA EN MANO, LA CHAQUETA EN EL BRAZO, LA CORBATA ABIERTA.  VIENE DE UN LARGO VIAJE, SE LE VE CANSADO. ARRASTRA UN CARRIÓN.  ENTRA A SU APARTAMENTO, ENCIENDE LA LUZ.  UN ESPACIO AUSTERO Y ELEGANTE.  SE VEN SUS MOVIMIENTOS A TRAVÉS DE LA PERSIANA.  DEJA LA CHAQUETA Y EL CARRION, ACCIONA LA CONTESTADORA, VA A SERVIRSE UN TRAGO.

 

SONIDO: RUIDO DE LA CONTESTADORA:  UN CLIC SEGUIDO DE UN MOTOR QUE SE REBOBINA.

 

VOZ DE ALBERTO:       (POR FILTRO EN LA CONTESTADORA) “Hola.  Es el número de Alberto Acosta.  Ahora estoy de viaje, deja tu mensaje después del tono”.

 (PIIIIIIIIIIIIIIIIP)

VOZ DE MUJER:           (MIMOSA) ¡Feliz cumpleaños, Alberto!.  Soy yo, Marta.  Ahora estoy en la peluquería, esta noche vamos a...  (ALBERTO CORTA)

VOZ DE MUJER:           (CANTA)  Cumpleaaaños feeelíz, cumpleaaaños feeeliz, cumpleañoooos Albertooo, cumpleaños feeeeliz.  Ya tienes treinta, eres un hombre adulto...   (ALBERTO CORTA)

VOZ DE MUJER:          (LLORANDO) ¿Alberto?:  ¿Vas a dejar de esconderte...?  (ALBERTO CORTA)

VOZ DE MUJER:           (TIERNA) Hola, hijo.  Pensé que ibas a venir este fin de semana.  Pero no has llamado, me imagino que estás muy ocupado.  Te hice una torta, por tu cumpleaños... voy a guardarte un poco, por si vienes la otra semana.  Un beso de tú mamá.  Te quiero mucho.  (CLIC)

VOZ DE MUJER:          (HARTA) ¿Alberto?.  Es Julia.  Tiro la toalla contigo, así no vas a ...

 

ALBERTO DESCONECTA LA CONTESTADORA. BEBE DE SU TRAGO. SE ECHA EN EL CHEZ LONGUE Y  ACCIONA EL INTERRUPTOR QUE  ABRE LA PERSIANA . SE QUEDA PENSATIVO Y TOMA  INSISTENTEMENTE. 

 

(EN LA OTRA MITAD DEL ESCENARIO)

ENTRA LAURA, ESTÁ MUY TURBADA. ENCIENDE LA LUZ.  BUSCA EL TELÉFONO

 

LAURA:                        (CONTENIENDO EL LLANTO) ¿Aló?.  ¿Mamá?  Soy yo, Laura.  ¿Cómo te has sentido?.  ¿Estás tomando tus medicinas?, ¿yo llorando?. Claro que no... es que estoy un poco resfriada. 

Mamá, no voy a poder ir este fin de semana... es que... voy a una boda. Sí, se casa...  una amiga, con un...  amigo.  ¡Eso es!. 

Ya sé que hace tres meses que no nos vemos...  apenas tenga un tiempito... te lo prometo, viejita. ¿Andrea, no está en casa?, ¿me la pasas?. 

Yo también te quiero, mami.  Hazle caso al médico,  ¿sí?.  Un beso.

 

PAUSA.  LAURA UBICA EL CONTROL REMOTO Y ABRE SU PERSIANA.

 

                                    ¿Andrea? (EXPLOTA) ¡Los vi, chica!.  ¡En la iglesia!.  No,  no entré.  Me quedé en la calle de enfrente, detrás de un árbol.  Pero los vi cuando salieron, y la gente les tiraba arroz...

Graciela con traje de novia, ¡blanquísimo!.  ¡La muy hipócrita!.

Mi mejor amiga, Andrea. Yo le confié mis secretos, mis intimidades, ¡la recibí en mi casa!;   y ella:  "tan lindo Giovanni", "qué bello tu novio", me decía con los labios arrugaditos, y corría a cambiarse cuando Giovanni llegaba de visita, porque "no estoy presentable". 

Se ponía esos vestidos cortitos, media nalga afuera, y las piernotas, y el escote;  ella que es toda carne y Giovanni que no puede ver un muslo de pollo, que se le hace agua la boca... y yo tan tonta, chica, que no pensé mal cuando los encontré agarrados de la mano a la luz de las velas en aquel café.  Graciela me contó que hablaban de mí, que Giovanni estaba muy triste por una discusión que tuvimos, y la llamó para pedirle un consejo de amiga, "ese hombre te adora, Laura".  Y yo tan pendeja, Andrea, que hasta las gracias le di con un abrazo. 

¡Me robó el novio, chica!!. Mi supuesta mejor amiga.

¿Cómo quieres que me calme?.  Los acabo de ver en la iglesia.

La fiesta es en La Esmeralda;  tocan Los Melódicos y mañana:  Luna de Miel en Venecia.  ¡Venecia, Andrea, Venecia!.  Ella paseando en góndola por los canales, y yo ahogada en llanto, como la Magdalena.

De Charallave para Venecia, ¿dónde se ha visto?.

¡Yo soy la que debería estar ahí!, con velo y corona y anillo en el dedo, y estas lágrimas, pero de purita alegría. 

¿Por qué las mujeres nos hacemos esto, Andrea?... en lugar de apoyarnos, ayudarnos, siempre estamos compitiendo...  por eso este es un mundo de hombres, hermanita:  ellos se cuidan, se protegen...  se quieren, mientras parece que nosotras nos odiáramos.

 

(PAUSA. )

 

Sí, yo sé que no vale la pena...  no aún no he encontrado apartamento, y tengo que desocupar este antes del miércoles. 

Me resulta muy caro, ahora que estoy sin trabajo... ¿qué?, ¿cómo se te ocurre que voy a pedirle disculpas?, se merecía esa cachetada, ¿acaso porque era mi jefe yo tenía que irme con él a Aruba?, ¡vergüenza debería darle a ese viejo baboso!.

 

Mira, mejor te dejo porque me va a salir carísima la llamada y ya tengo el celular cortado por falta de pago.  Cuida mucho a mamá, ¿sí?, y cuídate tú.  Seguro.  Bueno, chao, hermanita.

 

LANZA EL TELÉFONO EN UNOS DE LOS SILLONES. COMIENZA A ESCUCHARSE UNA MÚSICA. QUE ACOMPAÑAN TODAS LAS ACTIVIDADES QUE REALIZAN. LAURA Y ALBERTO CADA UNO EN SU ESPACIO REALIZAN EXACTAMENTE LOS MISMOS MOVIMIENTOS AL UNISONO. SE DESVISTEN, SE PONEN CÓMODOS CON ROPA DE ESTAR EN CASA. SE ACERCAN A LAS MESAS QUE MARCAN LA DIVISIÓN ENTRE LOS APARTAMENTOS, EL PRENDE UN CIGARRO ELLA UNA VELA. SE DIRIGEN AL VENTANAL  VEN LA CIUDAD, OBSERVAN LA LUNA LLENA. ALERTO EN LA VENTANA LA MUSICA DEL APARTAMENTO DE AL LADO LO TRAE A LA REALIDAD.

 

ALBERTO:        De niño, me escapaba de la cama en las noches, y encendía el televisor mientras todos dormían.  Para ver las películas en blanco y negro, aquellos romances al estilo de Hollywood.

La chica perfecta, apareciendo en el momento preciso, y de la forma más absurda.

Me miraría fijamente a los ojos, el cabello sacudido por el viento, oliendo a perfume francés, y caería inevitablemente en mis brazos, y yo en los de ella.

Sonaría una hermosa canción y bailaríamos sobre las nubes, al estilo de Fred Astiere y Ginger Rogers. Y entenderíamos que el amor es desde ese instante, y para toda la vida.

Ya me estoy poniendo "cursi".  Debe ser la Luna llena.

 

 

 

AMBOS SE SEPARAN DE LA VENTANA; EL BUSCA UN TRAGO; ELLA SE SIENTA EN EL SILLÖN MUY TRISTE.  ALBERTO SE ASOMA DE NUEVO A LA VENTANA. MIDE LA CORNISA CON CUIDADO Y SE DECIDE. SALE A LA CORNISA CON PRECAUCIÓN. SE ESCUCHA RUIDO DE LA CALLE. SE PONE COMODO VE HACIA ABAJO PARECIERA DECIDIDO A LANZARSE.

 

ALBERTO:                    ¿Mónica iría al velorio?, ¿lloraría?, aunque sea por compromiso.  Yo no digo una tragedia, unas lagrimitas bien sentidas...

¿Y Verónica?...  ¿llevará al esposo?...

A Cristina sí que le va a doler.

Marta;  Sandra;  Marian - el hermano de Marian que es gay, siempre me ha tenido mucho cariño, ése seguro va -... Gina...

¡Los panas, claro!.

¡Ellos sí me van a extrañar!. 

¡Salud!

Les voy a hacer falta;  ¿o después de unas semanas se olvidarán?

Habrá temporada de béisbol...  dominó de los martes... 

La vida continúa, ¿no?.

Alejandro Magno levantó un imperio antes de los veinticinco años.  A los veintiocho Mozart había compuesto la mayor parte de su obra y Napoleón era dueño de Europa. Jorge Isaacs publicó su novela "María" antes de cumplir treinta.

Había apuro por vivir.

Hasta hace nada treinta años era el promedio de vida.

Si no te mataba una guerra, un duelo o un cataclismo, lo hacía alguna enfermedad.

La mayor parte de nuestros próceres murieron muy jóvenes.

¿Qué sería de la historia de este país si, aunque fuera unos pocos, se hubieran muerto de viejos?.  Si los hubieran dejado hacer.

Ya es muy tarde para pensar en eso.

El tiempo pasó, y va a continuar pasando si no lo sabemos aprovechar.

 

Treinta.

¡Se comienza a vivir!...

Perdónenme, treinta años es lo más que he tenido nunca;  ¡jamás había sido tan viejo como soy ahora!. 

Eso de maduro suena a verdura.  Una planta “madura”, y echa frutos. ¿Dónde están esos frutos?.

Un descapotable último modelo.

Un apartamento en un piso quince, con vista al valle de Caracas.

Una docena de trajes en el closet.

He conocido mujeres maravillosas, con quienes he vivido momentos irrepetibles;  ..

No me gusta llamarlas aventuras...  "intentos". 

Intentos de felicidad.

 

No se trata de descubrir la cura contra el cáncer.

Al menos, una familia, un hogar. 

¡Un hijo!.

Para enseñarle a montar bicicleta;  jugar fútbol los domingos en el Parque del Este, y comprarle algodón dulce. 

Coño, aunque sea para no ir solo a Disney World, a tomarme fotos con un tipo vestido de ratón.

 

Si Nostradamus tenía razón y la vaina está por venir...  entonces:  no importa.

¡A beber y tirar como locos!. ¡Qué más da!.

Pero... ¿y si no?..

¿Si el mundo sigue siendo mundo por mucho tiempo más?... hasta podría mejorar.  Llegar por fin todo ese FUTURO y la humanidad crecida, rebosante de progreso y bienestar, y uno:  aquí.  Pasando, nada más.

Sería bonito dejar algo.

No sé.  Cualquier cosa.

Que la gente recuerde.

Aunque sólo sea para irse tranquilo.  Mirar para atrás y decir:  “yo cumplí”.

Y que las generaciones futuras digan: “ahí quedó una vaina”.

Sería bonito.

 

Alguien dijo que para ser un hombre completo hay que sembrar un árbol, escribir un libro y tener un hijo.

Cosa de ir a un vivero y comprar un árbol chiquito.

Se abre un hueco y se pone ahí, después la naturaleza se encarga.

Un libro es mucho. 

“Algo” para que alguien diga:  "oye, sí".

Tal vez pararme ante un público.

Todos los ojos puestos sobre mí.  Toda la atención.

Entonces dejar salir un montón de cosas que llevo aquí dentro...

¿A alguien le importaría?.  ¿Alguien quisiera escuchar?.

O reírse un poco. ¡Eso gusta!.  No tomarse las cosas en serio.  No saber verdades, sino burlarse de ellas.

Pero, ¿hacerlo por quién?.  

Y si no se intenta... ¿cómo saber?.

Porque ¡maldita sea!.  Hay un momento en la vida que es necesario estar ahí.

Aunque lo señalen a uno con el dedo y no tenga dónde esconderse

¡Ser!.  Aunque sea por un instante.

Como el torero, que se para delante del toro.  Y aquel animal de seiscientos kilos de furia, de miedo, de bufidos. Y tú ahí.

Con el capote en la mano.

Más tú que nunca, más tú que nadie.

Tú.

Aunque sea por un instante.

MIRA HACIA ABAJO.

 

 

SUBE EL VOLUMEN DE LA MÚSICA.

LAURA  ABRE LA CAJA Y COMIENZA A REVOLVER FOTOS. MIENTRAS ELLA HABLA LENTAMENTE SE OSCURECE EL ESPACIO DE ALBERTO

 

LAURA:                        Aquí estábamos en Mérida.  El pobre Giovanni se la pasó resfriado.  El frío le sienta tan mal, se le tapa la nariz.

LA TIRA EN LA CAJA Y SACA OTRA.

En Orlando.  Con Pluto.

Se cayó a golpes con Mickey Mouse, dizque me abrazaba mucho, y “a su novia no le metía mano ningún ratón”.. .

Y en La Colonia Tovar, en el mismo sitio donde un catorce de abril, cuatro años atrás, me dijo que yo era la mujer de su vida, y me regaló esta rosaaaaaaa...

(SACA UNA ROSA VIEJA Y MARCHITA Y LA ROMPE JUNTO CON LA FOTO).

LLORA.

¿Qué fue lo que hice mal?.  ¿Dónde fallé?. 

Antes de dar cualquier paso, por mínimo que fuera, primero pensaba qué diría Giovanni.

Vivía para él.

Yo que no como carne, cortaba y molía esos pedazos sangrientos, para él...  ¡con lo asqueroso que es pelar un pollo!.   Sus platos favoritos...

Pero nunca me quedaban como “los-que-hace-mamá”.

Esa señora que me miraba por encima del hombro, y arrugaba la nariz como si le oliera mal, y todo lo criticaba.

Era muy poca-cosa para su hijito.

Y el papá de Giovanni... ese viejo verde que se me recostaba cuando me daba un abrazo y se le salía la baba mirándome el escote.

¡Las cosas que le aguanté a Giovanni!:  la catira de la tienda de ropa,  la francesa del club,  la del gimnasio...

Me acostumbre a pasear en esa condenada moto, con ese ruido...   pasando frío y lluvia con el cutis hecho un asco y el pelo enredado.

¡Esa era nuestra canción!.  La bailamos por primera vez el día que nos conocimos, en casa de Estela,  Qué mal baila Giovanni. (LLORA).

 

LAURA SE HA LEVANTADO DEL SOFA SE ACERCA A LA VENTANA Y RECUERDA.

 

No puedo creer que ya no venga por aquí a mancharme las alfombras con sus botas inmundas;  a salpicar el piso del baño y dejar la tapa levantada;  y la puerta de la nevera abierta...Parece mentira que ya no esté más.

 

ENTRA ALBERTO VESTIDO CON CHAQUETA DE CUERO, Y CASCO DE MOTORIZADO EN LA MANO.

 

GIOVANNI:                   Epa, mami. (LE  PALMETEA UNA NALGA)

 

LAURA:                        ¿Cómo estás?

 

GIOVANNI:                   (ERUCTA) Chévere.  ¿Compraste cerveza, mi vida?.  Va a empezar el partido.

 

LAURA:                        (MIMOSA) Giovanni... ¿Otra vez vamos a pasar la noche viendo béisbol?.

 

GIOVANNI:                   Es la fina. (SE SIENTA)

 

LAURA:                        Siempre nos quedamos aquí viendo televisión.

 

GIOVANNI:                   Podemos ir a mi casa, pero están los viejos...

 

LAURA:                        Quiero hacer algo diferente...  ¡ir al cine, por ejemplo!.

 

GIOVANNI:                   (QUITA LA MUSICA) Podemos poner HBO. 

 

LAURA:                        (SE TENSA) Vamos al teatro.

 

GIOVANNI:                   Esa gente del teatro, son todos "raros".  Además, hay demasiada inseguridad. es muy peligroso andar por ahí de noche en la moto.

 

LAURA:                        Salimos en mi carro.

 

GIOVANNI:                   Ya es tarde, corazoncito.

 

LAURA:                        Mañana tengo el día libre.  ¿Por qué no vamos a la playa?.

 

GIOVANNI:                   Tengo que entrenar, mami.  Quedé con Andrés de vernos a las nueve en el gimnasio, y después de mediodía hay que darle una vueltica al negocio.

No pongas esa cara, Laurita.  Si papi no entrena, tú no tendrías estos bíceps de acero para acariciar.

 

LAURA:                        Vámonos de viaje el fin de semana.

 

GIOVANNI:                   Mi vida, sabes que Papá está bravo conmigo porque choqué el carro.

 

LAURA:                        Giovanni, ya tienes treinta y cinco años.  No puedes seguir dependiendo de tus padres.

 

GIOVANNI:                   Parece que no entiendes, Laura. Yo no tengo hermanos, y Papá quiere que algún día me encargue del negocio. No es sólo pensar en diversión, también hay responsabilidades.  La gente ya no vive en la selva, comiendo frutas de los árboles y alimentándose del amor.  Hay que pensar en la realidad.  "Darren". la evolución natural del hombre, mi cielo...

Además, ¿no te acuerdas que el domingo hay una parrilla donde Enrique?.

 

LAURA:                        Esas parrillas en casa de Enrique me fastidian, siempre es lo mismo:  los hombres a jugar pool y las mujeres a atender la comida.

 

GIOVANNI:                   ¿Dónde está el control?, ya va a empezar el juego.

 

LAURA:                        Giovanni...

 

GIOVANNI:                   ¿Uh?

 

LAURA:                                (CON FUERZA INUSITADA) Estás echando a perder mis recuerdos, ¿sabes?.  (LAURA LO SACA FUERA DEL ESCENARIO) Tú eres el que no ha evolucionado.  ¡Sigues siendo un mono!. 

 

¡Y es "Darwin" el de la teoría de la evolución;  "Darreen" es el marido de "Hechizada"!.

 

ARREGLANDO EL ESPACIO.

 

LAURA:                        (AL PÚBLICO) ¿Por qué tiene una que soportar esto?.

¿Simplemente por no estar sola?.  ¿Para tener un hombre al lado?.

¿En la época de la inseminación artificial?.

¿Cuál es la verdadera utilidad práctica de un hombre?

¿Para qué sirven exactamente?.

En este siglo las mujeres podemos mantenemos solas.  Y si es por aburrimiento, ahora tenemos internet.

 

SE SIENTA EN EL SILLON, LO ESCUCHA ATENTAMENTE..

 

LA LUZ ILUMINA A ALBERTO ACOSTADO EN EL DIVAN.

 

ALBERTO:                    A los siete años me llevaron a ver "La Guerra De Las Galaxias".  Salí del cine jurando que de grande iba a ser capitán de una nave espacial.

Siete años hacía desde que Neil Armstrong diera ese "gran paso para la humanidad" en la superficie de La Luna y el tercer milenio estaba "ahí", con todo ese Futuro.

En el año dos mil podrías pasar el fin de semana jugando en un casino La Luna;  broncearte en una playa de Venus;  o tomarse fotos con el Ratón Mickey del parque Disney de Marte.

Para saber como andan las cosas en la tierra;  el "visiófono". Un teléfono con pantallita...

La vida sería un placer.

Edificios por encima de las nubes. 

¡Todo manejado por computadoras!. 

La única excusa para faltar al trabajo:  "tengo un uñero y no puedo apretar botones".

Porque el noventa y nueve por ciento de las enfermedades habrían sido desterradas por la superavanzada medicina del Futuro.

 

Nadie caminaría.  Un "cinturón-cohete" nos llevaría por el aire hasta la farmacia para hacer el mercado de la semana. Sí:  ¡a la farmacia!. La comida para un mes, en un bolsillo:  una pastillita para el desayuno, una para el almuerzo y otra para la cena. 

Claro que seríamos una generación de estreñidos, pero con todo ese Futuro, ¡quién va a extrañar esas pendejadas!.

¡Nunca más cambiar un caucho!, porque los automóviles del año dosmil no necesitarían ruedas.  Se desplazarían por el aire a velocidades increíbles, propulsados por energía solar, atómica o eléctrica.

Controlados por satélite, sin colas, ni accidentes, mientras uno va sentado comodamente, leyendo el periódico, detrás de un volante que se mueve solo.

 

Nada de fregar platos.  Androides domésticos, se ocuparían de las tareas del hogar. 

Y la humanidad podría dedicarse a cosas sublimes, propias de su tiempo, como la exploración espacial, los descubrimientos científicos y la meditación trascendental.

 

Bueno.  Ya estamos aquí.

¡El nuevo milenio!.

¿Y?.

¡¿Y?!.

 

Aquí seguimos.

Entre otras cosas porque no tenemos adónde ir.

 

Se me pinchó un caucho y estuve casi dos horas en la cola de la autopista.

Cargo una gripe que no se me quita con nada.

No se conoce forma alguna de condensar en una pastillita un contundente plato de "callos a la gallega", ni ningún antiácido capaz de contrarrestar el efecto de su digestión.

                                   

El hombre no ha vuelto a la Luna.  Parece que después de todo ese esfuerzo se dieron cuenta de que allá arriba no hay nada divertido que hacer. Aún no existe la tecnología para llevarnos a Marte, y muchísimo menos al resto del sistema solar.

 

Y yo, piloto de DC9 en una aerolínea local.  No voy al espacio, pero llegamos a Bogotá, Santo Domingo, y Miami dos veces por semana.

 

Siguen de moda los zapatos de plataforma; la música es la misma que yo escuchaba de carajito;  los Rolling Stones siguen cantando; y  a Fidel no hay quien lo saque de Cuba.

 

Hace poco estrenaron la nueva era de "La Guerra De Las Galaxias", pero resulta que esta es el "capítulo uno", y la que yo vi cuando tenía siete años era el "capítulo cuatro".

Parece que el Futuro nos está quedando para atrás. Que se nos acabaron las ideas

¿O más bien será que le tenemos un miedo tan grande a ese Futuro que nos estamos cagando?.

 

COMO UNA COREOGRAFIA SE INTERCAMBIAN LOS ROLES. MIENTRAS SUENA EL TEMA DE  “ACUARIO”.

 

LAURA:                        (REFLEXIVA) Sabios, astrólogos, adivinos, pitonizos, brujos, vaticinaban que en los años setenta, una excepcional alineación planetaria tendría lugar en el Sistema Solar:

“La Era del Acuario”.

Y que los nacidos bajo tan particulares condiciones astrales seríamos los primeros miembros de una humanidad super-evolucionada que conquistaría las estrellas y el Futuro.

¡Qué mal le hemos quedado a toda esa gente!.

Pero aquí vamos las mujeres del nuevo milenio;  embarcadas en una de competitividad y “stress”.   Con el éxito en la frente y el “Prozac” en la cartera, abriéndonos paso en la sociedad, metiéndole el pecho – ¡así sea a punta de silicón! -al Futuro . 

 

Decidiendo nuestro destino. Ya no sólo caras bonitas.  De misses a gobernadoras.

La historia, por donde siempre pasamos agachaditas, está haciendo lugar para nosotras. 

 

Queremos abarcarlo todo:  el hogar, la oficina, el Estado...  a veces, da la impresión de que no supiéramos muy bien lo que queremos.

Han sido siglos de dominio masculino.  De recogerles los interiores;  criarles los niños;  llevarles los cuernos...   ¡es justo que ahora nos aguanten un poquito mientras descubrimos lo que queremos!.

 

SIQUIATRA:                  A ver, me iba diciendo que se está sintiendo usted. muy sola últimamente...

 

LAURA:                        Doctor:  ¿A qué puede aspirar una mujer profesional, emprendedora, mo-der-na?.

¿Qué ofrece el mercado masculino para las mujeres del nuevo milenio?.

Los que no están casados, buscando aventura;  son divorciados a la espera de una madre de repuesto para dos o tres hijos, o traumatizados con ningunas ganas de enredarse. A menos que sea con una 90-60-90, bellísima y sin pasado, que les va a caer del cielo para encaminar el resto de sus vidas.

¡Chamos!.   Buscando una "acomodada";  que los inviten y les resuelvan la vida.

O mujeriegos incurables, alérgicos al compromiso.

 

Los hombres buenos, que valen la pena, ya están enganchados, y por unas "cuaimas" que saben lo que tienen y no los dejan ni a sol ni a sombra.

Hombres, con todas las letras, no quedan vacantes.

Sales con un tipo arregladito, educado, formal, y termina pidiéndote consejos para el cuidado de la piel. 

Pasan el día en el gimnasio, en la peluquería, poniéndose "bellos".

¡Estamos fallas de hombres!.

Los poquitos que quedan, saben lo cotizados que están y ¡piden!.

¡Y hay mujeres que les dan!.  Se han cambiado los papeles.  Salen a la calle dispuestas a encontrar alguno, no importa cómo sea, feo, bonito, grande, chiquito;  lo conocen, lo marean y ¡se lo tiran!.

- Perdone usted, doctor -

¡Pero es que es así!.  La necesidad.

Y ellos se están acostumbrando a eso.

 

Salen con una, le echan un cuento en la pata de la oreja, y te quieren llevar esa misma noche para un hotel.

“Para dormir abrazaditos".

¿Por qué no se compra un oso de peluche?.

 

¿La culpa la tenemos las mujeres... o se le podrá echar la culpa al gobierno?.

 

¿Se les acabó la ambición a los hombres?.

Dios mío, que difícil es conseguir uno con ganas de trabajar, echar pa' lante, formar una familia...

 

SIQUIATRA:                  ¿Qué es exactamente lo que le preocupa, señorita?.

 

LAURA:                        Doctor,  quiero saber, necesito saber ¿qué es lo que quieren los hombres?

 

SUENA LA ALARMA DE UN RELOJ.

 

LAURA:                        ¿Qué pasa doctor?.

¿Es que no me va a decir nada?.

 

SIQUIATRA:                  (MIRANDO SU RELOJ) Se acabó su tiempo, señorita.

 

LAURA:                        (CONTENIENDO LA RABIA) Aaaaaaah.  ¡Si es verdad que ud. también es un hombre!.

 

LAURA SALE EMPUJANDO EL SILLON.

 

 

 

ALBERTO:                    (AL PÚBLICO) ¿Qué queremos los hombres?...

 

Desde que el mono bajó de los árboles;  la hembra cuidaba las crías y el macho cazaba para comer.

Hoy la carne la conseguimos en el supermercado, pero ese instinto sigue presente en el género masculino.

Hay que cazar.

¿Y qué mejor objetivo que la  más escurridiza, astuta y difícil de las presas?:

"La Mujer".

 

Los hombres cazamos  mujeres. 

Es nuestra función natural. 

Seguimos nuestros instintos.

El cromosoma “Y”.  Una orden del ADN.  Somos animales racionales, pero delante de nuestra animalidad, es muy poco lo que podemos razonar.

Los hombres no buscamos la felicidad, queremos mujeres.

(Los mismos simios que habitaban las cavernas, vestidos de Arman y perfumados con Boss.) Pienso sinceramente que estaba mucho mejor construido como diálogo en la versión que montamos. Esto es artificial.

 

Ya no les zampamos un garrotazo en la cabeza y las llevamos a la cueva arrastrándolas por los pelos)

(Ah, qué tiempos aquellos... ).

Debemos impresionarlas, envolverlas, persuadirlas...  y los hombres estamos dispuestos a cualquier cosa con tal de captar su atención..

Ahora somos “sofisticados”.

 

 

MIENTRAS ALBERTO HABLA, SE DIBUJA UNA CALLE DE LUZ EN EL ESCENARIO. ENTRA LAURA Y SE DETIENE A LA ESPERA DE ALGO.  VISTE ROPA DE OFICINA, CARTERA, PORTAFOLIOS.  TRAE EL CABELLO AMARRADO EN UNA COLA, ANTEOJOS. ACTITUD DE ESPERAR. CIERTA IMPACIENCIA. ALBERTO LA VE.

 

ALBERTO:                    Y ellas también..  Con perfumes fuertes, labios rojos, zapatos brillantes...

(AL PÚBLICO COMO QUIEN DICE UN SECRETO, REFIRIÉNDOSE A ELLA)

Y aquí es cuando hierve el instinto...  ¡a cazar!.

 

ALBERTO SE ACERCA DISCRETAMENTE A LAURA.

 

Con cuidado... no queremos espantar a la presa.

 

SE PARA A SU LADO, COMO QUIEN ESPERA TAMBIÉN.  LA MIRA. 

 

ALBERTO:                    Me preguntaba si eras un ángel, porque yo estoy necesitando un milagro...

 

CAMBIO DE LUZ . ALBERTO QUEDA CONGELADO.

 

LAURA:                        (AL PÚBLICO) No entiendo qué pretenden los hombres diciendo esas frases "rebosantes de originalidad". 

¿Que caigamos desmayadas a sus pies?. 

¿Tendrán idea de cuántas veces al día una mujer oye las mismas cursilerías gastadas?.  Es que parece que las sacaran todos del mismo librito. 

Y a los latinos que les encanta silbarla a una, decirle cosas...   "mamita rica";  "mi amor";  "ssssshhhh".

¿Y los que tocan la corneta en la calle?. (IMITA) “¡Mami!  Pip, pip.” 

¿Qué hacen?. 

 

ELLA LO MIRA DE ARRIBA ABAJO Y VOLTEA CON UN GESTO DE DESPRECIO.

CAMBIO DE LUZ SE CONGELA LA IMAGEN DE LAURA.

 

ALBERTO:                    (AL PÚBLICO) Alguien se gana el premio Nobel y agradece cuando lo aplauden.

¡Y eso sí cuesta trabajo!.

Ser bella es un regalo de la naturaleza.

Tan sabroso que debe ser que a una mujer le digan lo bonita que es, ¿qué cuesta responder con una sonrisita?.

(A ELLA) Perdona.  No pensé que un piropo pudiera ofender a una mujer tan coqueta que usa las uñas de las manos, las de los pies, los labios y la cola del pelo del mismo color.

 

LAURA LO MIRA SORPRENDIDA.

 

ALBERTO:                   Ah, y la blusa, los zapatos y el bolso, a juego.

 

NO PUEDE EVITAR UNA RISITA.

 

 CAMBIO DE LUZ SE CONGELA LA IMAGEN DE ALBERTO

 

 

 

LAURA:                        (AL PÚBLICO) Tampoco puedo negar que si un día saliera a la calle y nadie me dijera nada, me sentiría horrible.

Cuando el tipo te agrada, cualquier cosa que te diga está bien.

Un hombre detallista es siempre un hallazgo. 

(LO MIRA) Este se ve simpático, y no está feo.  Se ve decente;  parece educado;  viste bien;  y lleva los zapatos limpios.  ¡No está mal!.

 

CAMBIO DE LUZ Y SE CONGELA LA IMAGEN DE LAURA..

 

ALBERTO:                   (AL PÚBLICO) ¡Bingo!.

 

CAMBIO DE LUZ

 

(A ELLA) ¿Hace mucho que pasó el último autobús?

 

LAURA:                        Acabo de llegar.

 

ALBERTO:                   (MIRANDO AL CIELO) Parece que va a llover esta tarde.

 

LAURA:                        Tal vez.

 

ALBERTO:                   Ha llovido mucho estos días.

 

LAURA:                        Sí.  Qué fastidio.

 

ALBERTO:                   (AL PÚBLICO) ¡Y por ahí te vas!.

 

MIENTRAS ÉL HABLA, ELLA SALE.

 

ALBERTO:                    El clima, el tráfico, política, dietas...  una conversación cotidiana, tratar de caer bien.  Propiciar un nuevo encuentro.

 

SACA DE UN BOLSILLO UN PAPELITO MUY DOBLADO.

 

ALBERTO:                   Conseguir el preciado número de teléfono.

 

DESENFUDA SU CELULAR.  MARCA EL NÚMERO DEL PAPELITO.

 

No se debe llamar al día siguiente.  Puede parecer ansioso.  Hay que esperar dos o tres días.  Una semana es mucho tiempo.

 

LAURA SENTADA AL LADO DEL TELEFONO.

 

LAURA:                        ¿Aló?

 

ALBERTO:                    Hola. ¿Cómo estás?.

 

LAURA:                        ¿Quién habla?

 

ALBERTO:                    Alberto.

 

LAURA VA HACIA LA VENTANA. SABE DE QUIÉN SE TRATA.

 

LAURA:                        Eh... ¿quién?.

 

ALBERTO:                   Alberto Acosta.  Nos conocimos el otro día en la parada del autobús.  ¿Te acuerdas?.

 

LAURA:                        Ah, sí, sí. ¿Alfredo?.

 

ALBERTO:                   Alberto.

 

LAURA:                        Alberto, claro.  ¿Cómo te va?.

 

ALBERTO:                   Bien, muy bien.  Me preguntaba si te gustaría tomar un café conmigo.

 

LAURA:                        Podría ser...

 

LAURA FRENTE A SU ESPEJO MIENTRAS SE ARREGLA INDECISA.

 

LAURA:                        (CON EL PÚBLICO).     ¿Adónde ir?. Hay que tener cuidado.  Mucho loco suelto en la calle.

Almorzar es una buena idea.  A plena luz del día parecen más inofensivos.  Además:  el tiempo es limitado, si te fastidias, sabes que tienes hora para irte.

¡Un restaurante árabe jamás!.  El perejil en los dientes puede dejar una huella imborrable en la memoria.

Si te encuentras con uno de esos tipos sacados de una novela de Corín Tellado.  Bello, elegante, educado, y además.  con una labia...

“Peligro, amiga.  Peligro”. 

Como decía el robot de Perdidos en el Espacio.

Porque ¿a ti quién te dijo que los hombres así andan sueltos por el mundo?.  ¿Qué te hace creer que las demás mujeres son tan bobas como para no darse cuenta de lo que vale un tipo de esos?.

 

Un consejo de mi mamá:  "nunca 'caigas' en la primera noche.  Porque después pierde el interés, y te quedas como una pendeja sentada en casa al lado del teléfono, esperando que el tipo vuelva a llamar". 

Otro consejo:  para evitar esas tentaciones, ponte ropa interior vieja y rota, así, si la cosa llega a poner... "caliente", no te atreves a nada por vergüenza.

Aunque con unos traguitos y la luz apagada, te la quitas rapidito y no hay quien se de cuenta.

 

Un café, con tolditos y música de ambiente, es una buena alternativa. La idea sugiere poco tiempo, y si la cosa gusta, podemos pedir otro café, o la carta.  Y quién sabe, una primera cita puede deparar muchas sorpresas. 

 

AL TIEMPO ALBERTO ACOMODA UNA MESA Y UN PAR DE SILLAS.

 

ALBERTO:                   ( CON EL PUBLICO) La primera cita es fundamental.

Hay que dar una buena impresión.

Antes se decía que "el hombre, como el oso:  mientras más feo...  mejor.

Ahora hay Mister Universo... 

El hombre, "el macho", quedó relegado a los parámetros de la cosmética.

Es necesario estar a la moda:  un buen corte, ropa ajustada, estar en forma...
Yo siempre voy de tiendas acompañado por alguna amiga.  A las mujeres les encanta ir de compras y decirle a uno lo que tiene que ponerse.

Cuando una mujer comienza una relación, lo primero que hace es tratar de cambiarte.

La forma de vestir, de hablar, de caminar, los amigos... y no está contenta hasta transformarte en un ser totalmente distinto.

¿Pero de qué carajo se enamoró entonces si no les gustaba nada de uno?.

 

 

 

ENTRA LAURA, ALBERTO LA SALUDA CON UN BESO EN LA MEJILA, LE OFRECE LA SILLA.

 

ALBERTO:                    (AL PÚBLICO) Hay que comportarse:  ser amable, caballeroso... aunque sólo sea al principio

 

ELLA SE SIENTA.

 

ALBERTO:                   ¿Qué te provoca?

 

LAURA:                        Un capuchino.

 

ALBERTO:                   Yo quiero una limonada. (MIRA A LOS LADOS BUSCANDO UN MESERO)

 

LAURA:                        ¿Quién atenderá aquí?. 

 

ALBERTO:                    Aquí preparan unos postres fabulosos.  Tienen una torta de almendras que es una delicia, ¿quieres probarla?.

 

LAURA:                        No, gracias.  No me gusta el dulce.

 

ALBERTO:                   ¿Seguro?.  No sabes lo que te pierdes. 

 

SUENA EL TIMBRE DE UN CELULAR.

 

LAURA: