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| MADRID | |||||||||
de Rogelio San Luis
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Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica. |
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“COTO PRIVADO” Farsa trágica en un acto, original de
Rogelio San Luis
PERSONAJES(Por orden de aparición) SILVIAMARTA SOL TEODORO PAULA EVA FERNANDO SUSANA JULIO MONCHO BEGOÑA SEBAS
-------------------------------------------------------- La acción, en las afueras de una gran ciudad. Época, actual. Lados, los del espectador --------------------------------------------------------
ESCENARIOOcupando proscenio y primer término, lujoso salón de un clásico palacio señorial y confortablemente moderno. Accesos por los dos laterales. En la totalidad del foro, cortinas acordes con el decorado como una pared, que se abren y cierran por el centro. En este centro, y a ambos lados de las cortinas, pintura de una puerta. Tras las cortinas, en el segundo y tercer término, hermoso bosque con árboles sin entradas ni salidas. Demás cosas que exija la acción. ACTO ÚNICO(Se escucha fuerte “Pequeña música nocturna” de Mozart mientras se alza el telón. La música va decreciendo hasta dejar de oírse. Mañana de primavera. La escena vacía y las cortinas están cerradas. UN MOMENTO. Por la izquierda entra SILVIA. Veinticinco años. Morena, alta, inteligente. Viste un elegante y distinguido uniforme negro de doncella. Se dirige a un mueble y lo limpia ligeramente.) SILVIA.-¡Reluciente como los chorros del oro! (Por la puerta del foro, entre las cortinas, entra MARTA. Veinticinco años. Rubia, muy alta, enérgica. Viste un elegante y distinguido uniforme negro de doncella. Va hasta un cuadro y lo coloca bien.) MARTA.-¡Perfecto! (Por la derecha entra SOL. Veintidós años. Rubia, estatura normal, muy dulce. Viste un elegante y distinguido uniforme negro de doncella. Coge una silla y la coloca en otro sitio.) SOL.-¡Aquí resulta más glamurosa! (Van al centro. PAUSA.) SILVIA.-La armonía de la civilización entre estas cuatro paredes. SOL.-Donde habitamos como criadas de los que crean reinos. MARTA.-Y ellos nos rescataron de las mortíferas olas cavadoras de tumbas. (SILENCIO. Se adelanta.) SILVIA.-Sólo era un ser que llega al mundo sin pasaporte. La condenada a todos los mataderos. La que desean olvidar que su corazón late. ¡La que abandonan en un contenedor de basura! ¡Ay...! Qué horrible es ser un estorbo ante los ojos de los que te dieron vida sin haberla pedido. ¡Reniego de los que se reproducen como reptiles en los cementerios! Y dejan el muerto bajo tierra. Me dijeron... Sí, así me lo contaron. Era un gran sobre blanco y pusieron la dirección de este palacio. Un sobre anónimo en el que no hay remite y me metieron en él como una mercancía que lloraba. Me echaron en un buzón lo mismo que una carta y el cartero me entregó en su destino. En él, aquí, vi la luz cuando abrieron el envoltorio mientras mi llanto cesaba lentamente. (Se adelanta.) MARTA.-¡Somos cadáveres los hijos de la nada! Desconocemos el puerto del que partimos en una oscura noche. ¡Muertos entre estrellas que se apagan! Existencias sin vida que les hurtan la luz. ¡Un beso de amor en un sucio patíbulo! El desnudo cuerpo que es sólo mercancía. La esclavitud en el negro escaparate de miserias. ¡Y nos vemos inermes por las cadenas que oprimen nuestro ser! No... Nacer es navegar por un lago de auroras, subir al tren que nos lleva por raíles de nubes. ¡Oh...! Me comentaron, narraron la historia que tenía dentro de mí. Vivía con mis padres, una hombre y una mujer que asesinaban ilusiones a los que arriban obligados al final de los mares. Me enseñaron a llorar y me tenían en brazos mientras extendía la mano como el ala de un ángel para implorar limosna. ¡Mano que amputan sin cosecha! Y los de aquí me vieron, se apiadaron. Me redimieron con un rutilante documento bancario y mi mano se sintió libre y laboriosa en esta estancia. (Se adelanta.) SOL.-¡Cuánto tardé en despertar de mi ceguera! Contemplar horizontes que el infortunio oculta. Saber que la vida no es una inmensa cárcel de condenados, sin nombre, que arrojan al fuego que nos niega a ser brasa. No somos nada en un infierno de falsos afectos como si nos exterminasen en un campo de concentración con perversa sonrisa. Uno, dos, tres... ¡Millones! Niños indefensos que se hacinan y odian en el mismo dolor que les flagela. ¡Y los padres esculpen, con barro de placer, esculturas humanas! La obra que condenarán al anónimo silencio como un muñeco mudo. ¡Oh cruel sociedad que te arrancas los ojos ante tanta inmundicia! Mira, mira ahora, al ser indefenso que brota de la nada igual que el fruto de un árbol miserable y sin identidad. Y él, sabedlo bien, quiere tener lo que descubre entre sus brazos y sus lágrimas al ser desposeído. La cárcel del hospicio me asfixiaba y mis pulmones, al traerme a este sitio, inventaron el aire. (Van al centro del primer término y actúan como el coro.) SILVIA, MARTA y SOL.-¡Nosotras! ¡Somos el coro de la gran tragedia! ¡Las criadas dichosas que protegen y dan sombra los señores! ¡Moramos en el palacio del poder que redime a los mortales! ¡El que abre un mundo nuevo por caminos de la blanca esperanza ! ¡Ellos! ¡Únicamente ellos! ¡Nos cuidan! ¡Nos ayudan! ¡Nos protegen! ¡Han desterrado la desgracia que destruye! ¡Han traído la felicidad a cada vida! ¡Han pintado un escenario sin angustias! ¡Salvan del naufragio a los oprimidos! ¡Ya no hay clases sociales ni existen marginados! ¡Nuestros amos! ¡Los que mueven todo lo creado! ¡Han cambiado el rumbo del futuro! (Retroceden y se miran. SILENCIO. Por la derecha entra TEODORO. Cincuenta años. Alto, seguro, atractivo. Viste muy elegante y sencillo. Se para mientras las criadas, ahora alineadas, le hacen al unísono una inclinación de rodilla.) SILVIA, MARTA y SOL.-¡Señor...! TEODORO.-Buenos días, Marta. MARTA.-Buenos días, don Teodoro. TEODORO.-¿Has descansado bien, Sol? SOL.-Soñé con usted, señor. TEODORO.-¿Cómo te encuentras, Silvia? SILVIA.-Muy halagada de servir a tan ilustre amo. (Por la izquierda entra PAULA. Cuarenta y cinco años. Alta, atractiva, enérgica. Viste un traje lujoso y elegante. Muchas joyas. Se abrazan apasionados.) PAULA.-¡Cuánto tiempo sin verte, amor mío! TEODORO.-Dormí contigo, Paula. (Las criadas, alineadas y al unísono, les hacen una inclinación de rodilla.) SILVIA, MARTA y SOL.-¡Señores...! (Mutis de las tres por la derecha.) TEODORO.-¿Paseamos por nuestro bosque? PAULA.-¡Gocemos de la primavera que se hará eterna en él! (Se dirigen a la puerta del foro al mismo tiempo que se abren las cortinas y se ve el soleado bosque, escuchándose el trino de los pájaros. Entran y pasean felices. UN MOMENTO.) TEODORO.-¡El trino de los pájaros! PAULA.-Y pensar que hay cazadores que los matan... (Dejan de oírse el trino de los pájaros. Se miran serios. SILENCIO LARGO.) TEODORO.-¡¡Es un crimen monstruoso!! (Vuelven a escucharse el trino de los pájaros.) PAULA.-¡Qué melódicos y pacíficos son! (Por la derecha entra SOL. Se dirige hasta el inicio del bosque e inclina la rodilla.) SOL.-¡Señores...! Han llegado sus egregias amistades. PAULA.-Muy amable, Sol. (Les inclina la rodilla.) SOL.-¡Señores...! (Mutis por la derecha. Se cierran las cortinas y cesa el trino de los pájaros. Por la puerta del foro entra la pareja. Por la derecha entra MARTA e inclina la rodilla.) MARTA.-¡Señores...! Tengo el honor de anunciar... ¡A doña Eva y don Fernando! (Por la derecha entran EVA y FERNANDO. Ella cuarenta y tres años. Alta, atractiva, inteligente. Viste un traje lujoso y muy elegante. Muchas joyas. El cuarenta y cinco años. Alto, fuerte, muy inteligente. Barba recortada. Viste impecable. Todo como un gran ritual. Besa a PAULA.) EVA.-Querida Paula... PAULA.-Guapísima, Eva... (Le da la mano.) FERNANDO.-¿Qué tal, Teodoro? TEODORO.-¡Qué alegría, Fernando! (La besa.) FERNANDO.-Paula, cada día más joven. PAULA.-Gracias, gentil Fernando. (La besa.) TEODORO.-¡Preciosa, Eva! EVA.-Muy galante. (Les inclina la rodilla.) MARTA.-¡Señores...! (Mutis por la derecha. Por la derecha entra SILVIA e inclina la rodilla.) SILVIA.-¡Señores...! Tengo el honor de anunciar a... ¡A doña Susana y don Julio! (Por la derecha entran SUSANA y JULIO. Ella cuarenta años. Guapísima, esbelta, alegre. Viste un traje lujoso y muy elegante. Muchas joyas. El cuarenta y cuatro años. Bajo, delgado, inteligente. Destacado bigote. Viste impecable. Mismo ceremonial. Las besa.) SUSANA.-Mis encantadoras Paula y Eva... (Les da la mano.) JULIO.-Distinguidos amigos Teodoro y Fernando... PAULA.-¡Cuánta belleza, Susana! SUSANA.-Pues hoy... EVA.-¡Reluces más que nunca! TEODORO.-Me alegro de verte, Julio. JULIO.-Gracias. FERNANDO.-Tu presencia es un orgullo. (Las besan.) JULIO.-Adorable Paula. TEODORO.-No hay palabras para halagarte, Susana. SUSANA.-¡Ay...! PAULA.-Siempre tan gentil, Julio. JULIO.-Encantadora Eva. FERNANDO.-Enmudezco con tu presencia, Susana. SUSANA.-¡Oh...! EVA.-¡Qué amable, Julio! (Les inclina la rodilla.) SILVIA.-¡Señores...! (Mutis por la derecha.) TEODORO.-Agradezco vuestra valiosa colaboración. Toda abnegación es poca para conseguir un objetivo, a simple vista inalcanzable, pero entre todos lo lograremos. ¡Nuestro hallazgo pasará a la historia de la humanidad! JULIO.-En estos injustos y crueles tiempos, construiremos un mundo nuevo. Seamos los padres del resto de los mortales a los que tenemos la obligación de encauzar. EVA.-¡Vale la pena el sacrificio! Los sudores para reconstruir una sociedad decadente. ¡Ella se encuentra en nuestras manos! Vamos a dirigirla honestamente hasta lograr los frutos. SUSANA.-Comencemos con la austeridad en nosotros mismos. Tienen que ver nuestra humildad. A un pueblo no se conduce con soberbia ni boatos de frivolidad. FERNANDO.-Sólo erigiremos un mundo más equitativo desde la paz de cada pareja. Ellas son el pilar de la sociedad. ¿Qué importa una vida artificialmente dichosa si en cada hogar no impera el amor, el ejemplo de las buenas costumbres y una ética en dos seres que conviven? PAULA.-¡Completamente de acuerdo! Somos los apóstoles que demolemos los escombros que nos rodean para plantar una savia nueva. (Hacen tres grupos. FERNANDO con PAULA en la izquierda del foro. TEODORO con SUSANA en el centro del segundo término. JULIO con EVA en el primero derecho. Voces normales.) TEODORO.-Susana... SUSANA.-Teodoro... FERNANDO.-Paula... PAULA.-Fernando... JULIO.-Eva... EVA.-Julio... (Voces bajas entre las parejas y ajenas cada una de las demás.) TEODORO.-¡Estás para comerte! SUSANA.-¡Qué glotón! FERNANDO.-¡Te deseo tanto...! PAULA.-No me digas... JULIO.-¡Ven a mí! EVA.-¡Digiéreme! (Se besan y abrazan apasionados. SILENCIO LARGO. Se abren las cortinas y se escucha fuerte el trino de los pájaros. UN MOMENTO. Se sueltan al mismo tiempo que cesa el trino de los pájaros y se cierran las cortinas. Por la izquierda entran las criadas y, alineadas y al unísono, inclinan su rodilla.) SILVIA, MARTA y SOL.-¡Señores...! El refrigerio está servido. (Los hombres ofrecen sus brazos a sus esposas y éstas lo cogen ceremoniosamente.) TEODORO.-Paula... PAULA.-Muy agradecida. (Detrás.) FERNANDO.-Eva... EVA.-Es un placer. (Detrás.) JULIO.-Susana... SUSANA.-Cuánto honor, chico. Las criadas se apartan, haciendo un pasillo, y las tres parejas hacen mutis solemnes y en fila por la izquierda mientras las sirvientas inclinan reverenciosas y al unísono sus cabezas. Mutis de las criadas por la izquierda. La escena permanece vacía. UN MOMENTO. Por la izquierda entran las criadas. Van al centro del primer término y actúan como el coro.) SILVIA, MARTA y SOL.-¡Nosotras! ¡Las criadas! ¡Seguimos siendo el coro de la gran tragedia! ¿Qué acontece en la dicha artificial de este palacio? ¡El coro no sabe de futuros! ¡El coro narra sólo lo que ve! ¡El coro mira atónito y no puede intuir! ¡Observamos que el mundo lo mueven unos señores! ¡Dicen que van a liberarlo de sus males porque está mal hecho! ¿Acaso será cierto? ¡Ellos! ¡Únicamente ellos! ¡Juegan a saborear la existencia! ¡Viven plenamente en sus tronos de oro! ¡Hablan de sacrificarse por los demás mortales! ¡Y ellos viven en perennes orgías! ¡El coro calla y aguarda respuestas de sus caprichosas mentes! ¡El coro! ¡Nuestro coro! ¡Es la servidumbre de unos cuantos amos! ¡Les debemos respeto! ¡Obedecemos! ¡El coro también es un personaje que actúa con su máscara! ¿Se avecina la irreparable tragedia? ¿Acaso va a llegar la felicidad que no se extingue? ¡Esperemos! ¡Aguardad todos! ¡El coro hace su mutis y otea un horizonte! ¡Un horizonte que pintará con el color de sus hechos! ¡La vida sigue y el coro permanece! (Mutis de las tres por la derecha. Por la izquierda entran, por este orden y ellas cogidas de los brazos que ellos les ofrecen: TEODORO con SUSANA, FERNANDO con PAULA y JULIO con EVA. Caminan solemnes hasta el centro del segundo término y se sueltan. PAUSA.) FERNANDO.-Riquísimo todo. SUSANA.-Yo me puse... EVA.-Las ideas, comprendedlo, llegan mejor con los estómagos llenos. TEODORO.-Es lo que queremos hacer con los pobres seres humanos. PAULA.-Para eso estamos aquí y lo vamos a conseguir. JULIO.-¡Iniciemos las conversaciones sin más dilación! (Se sientan en lujosos sillones. Los hombres hacen un grupo a la izquierda y las mujeres hacen otro a la derecha. Simulan hablar, en voz baja, hombres y mujeres en cada grupo. UN MOMENTO. De pronto, ríen todos los personajes. SILENCIO.) TEODORO.-Pues algunos pensarán que es algo cruel y monstruoso. FERNANDO y JULIO.-¿¿Cruel?? PAULA, EVA y SUSANA.-¿¿Habéis dicho cruel?? (Ríen todos a grandes carcajadas. SILENCIO. Las señoras se levantan y hacen mutis por la derecha. Por la derecha entran las criadas y, alineadas y al unísono, inclinan su rodilla.) SILVIA, MARTA y SOL.-¡Señores...! TEODORO.-Sol. (Se sienta encima de su muslo derecho.) SOL.-Es un honor, don Teodoro. JULIO.-Marta. (Se sienta encima de su muslo derecho.) MARTA.-Muy amable, don Julio. FERNANDO.-Silvia. (Se sienta encima de su muslo derecho.) SILVIA.-Gracias por sus atenciones, don Fernando. (Las criadas acarician a cada uno. UN MOMENTO. Por la derecha entran las tres señoras. Se sientan en los sitios que ocupaban antes. Las criadas dejan de acariciarles y permanecerán ausentes sentadas en los muslos de los señores. PAUSA.) TEODORO.-Sueño con un mundo sin clases en el que todas las personas vivan con dignidad. El mundo no es nuestro, queridos compañeros. ¡El mundo es de todos! ¿Acaso alguien puede ser propietario de una hermosa puesta de sol? SUSANA.-A mí no me cabe en el armario. FERNANDO.-¡El crepúsculo es un deleite para todos los ojos! ¡Un océano no se lleva a escriturar a una notaría! ¡La tierra no puede mostrar una factura de comprada! ¡Las viviendas son de patrimonio común! ¡El dinero no es posesión de unos cuantos mientras otros tienen los bolsillos vacíos! ¡Los restaurantes deben abrir gratuitamente a todos los estómagos! ¡Tenemos la obligación de crear un mundo ideal! EVA.-Cada ser que nazca tendrá como regalo el universo. JULIO.-La humanidad será, mientras viva, usufructuaria de las riquezas que tiene a su alcance. PAULA.-¿Vamos a consentir que haya amos y criadas? (Las criadas se abrazan, ajenas a todo, a los cuellos de sus parejas.) FERNANDO.-¡Acabemos con tan denigrante servilismo! (Las criadas dejan de abrazarlos y permanecen como antes.) TEODORO.-¿Procede tolerar que a la mujer sin posibilidades la utilicemos como a una muñeca? JULIO.-¡Concedámosle el derecho a ser de carne y hueso! (Las criadas acarician melosas a los señores que se transforman felices.) EVA.-Antes eran muñecas que hinchabais y ahora son muñecas hinchables. ¡Las prostitutas de nuestros maridos! SUSANA.-Una criada, aunque sea negra, es igual que nosotras. Puede blanquear. (Las criadas dejan de acariciarlos y permanecen como antes.) PAULA.-Amos y criadas seremos iguales. ¡Se ha terminado la esclavitud! (Las criadas besan rápidas a sus parejas y ellos se tornan felices. PAUSA. Señores y criadas permanecen como antes.) TEODORO.-La diferencia entre nosotros y los demás es inmensa. Conseguir la igualdad nos llevará muchísimo tiempo. ¡El problema es muy arduo! ¿Por quién vamos a comenzar? ¿Por la clase que nos sigue o por lo más necesitados? ¡Yo creo que por estos últimos! Lo precisan urgentemente. ¡Redimamos a todos los mendigos! SUSANA.-¿Cómo vamos a consentir que pidan si tienen hambre? PAULA.-Son una vergüenza para nuestras sanas conciencias. ¡El espejo de una civilización caduca! FERNANDO.-Desde hoy se han terminado las ligeras inmoralidades de los poderosos sobre los oprimidos. Es cierto que no hemos abusado de ellos, pero intentaremos que gocen de todas nuestras comodidades. Me alegro sumamente coincidir con vosotros. ¿Es que un menesteroso va a dormir en la calle y no tener higiene? EVA.-Un pobre debe ser una especie en extinción. ¡Un animal prehistórico! JULIO.-¿Acaso vamos a querer que continúen siendo unos ignorantes para que no se subleven contra nosotros? ¡No podemos admitir esa lacra social! (Las criadas recobran vida, se levantan, cogen a su pareja de la mano y se dirigen a la puerta del foro por la que hacen mutis por este orden: SOL con TEODORO, SILVIA con FERNANDO y MARTA con JULIO. Las señoras se levantan y van al centro de la escena. Se abren las cortinas y se escucha fuerte el trino de los pájaros. Delante del bosque, ocultando su primer término, hay unos pequeños árboles que sólo dejarán ver las cabezas y la mitad del pecho de los personajes. No se ve a nadie en este escenario. Las señoras se sientan, ante él, en unos lujosos sillones. Baja el trino de los pájaros. Se ven, frente al público y con las limitaciones indicadas de sus cuerpos, a las criadas que aparecen por el centro de este espacio. Actúan como el coro.) SILVIA, MARTA y SOL.-¡Nosotras! ¡Las criadas! ¡También actuamos en el teatro! ¡Continuamos siendo las pobres servidoras de los señores! ¡Vestimos nuestro uniforme que lucimos en las pasarelas a las que acuden distinguidas señoras! ¡Seguimos componiendo las existencias de un mercado! ¡Ellas! ¡Ellos! ¡Nos miran! ¡Nos observan fijamente! ¡Ay, cómo les gustamos! ¡Nos compran y dejamos de ser libres! ¡Nos convertimos en esclavas! ¡En fáciles mujeres de sus sucios harenes! ¡No nos hemos liberado con el tiempo! ¡Antes servíamos y no nos pagaban! ¡Trabajábamos por la comida! ¡Nos arrojaban a la calzada cuando mostrábamos el embarazo de nuestros señores! ¡Sus esposas no toleraban esta conducta después de comulgar cada mañana! ¡Oh, hipócrita sociedad! ¡Despierta de tu falso sueño! ¿Es que sólo los mendigos van a dejar de serlo? ¡Nosotras queremos un mundo sin fieles sirvientas! ¡Sólo precisan ayuda los ancianos e inválidos! ¡Los demás tienen fuerza en sus cuerpos para solucionar problemas! ¡No! ¡Detestamos continuar en esta vileza! ¡Un mundo en el que tenemos que inclinar la rodilla y hacer reverencias! ¡Nosotras! ¡Sí! ¡Nosotras somos seres humanos! ¡Un árbol como todos! ¡Un árbol en este bosque de la vida! ¿Van a proseguir degradándonos? ¡No lo consentiremos! ¡Es la hora de la rebelión! ¡Es el momento de sublevarnos! (Dejan de verse sus cuerpos como los personajes de un guiñol viviente. Por la izquierda aparece TEODORO. A las señoras.) TEODORO.-¡Hola, amigas! Soy otro árbol en el escenario del bosque. No toméis esto como un deseo o una infidelidad. ¡Lejos de mi mente! Interpreto el texto que han escrito para esta función. Una obra que representamos para disfrutar de unos momentos gratos. Estoy ahora solo, perdido en este inmenso verde. Tengo que proseguir dando vida a este personaje. ¿Qué te parece, Paula? PAULA.-¡Magnífico! (Por la derecha aparece FERNANDO. A las señoras.) FERNANDO.-¿Cómo estáis? ¿Lo pasáis bien? No veáis nada nocivo en esta obra. ¡Qué alegría me dais viéndoos entre el público. ¿Cuál va a ser mi papel? ¡Ah! Sorpresa. Seguiré los renglones del guión, me transformaré en el personaje que han modelado para mí. ¿Os agrada? ¡Soy ahora un actor que se ha convertido en otro árbol! Todos los intérpretes creamos un bosque de ficción.¿Te gusta, mi querida Eva? EVA.-¡Me fascina! (Por el centro aparece JULIO. A las señoras.) JULIO.-Me alegro de veros. ¡También yo me he transmutado en otro árbol y moro en las tablas del bosque. Cuando nos adentramos en él, vemos tantos árboles como personas en las plazas. Dejamos que ellos acaricien nuestros pulmones, disfrutamos de su presencia o nos cobijamos bajo su manto de hojas. Pensamos que son mudos y no es verdad. También hablan y se comunican entre ellos. Recitan palabras dictadas por la naturaleza. Y yo, sabedlo bien, voy a dar vida a un papel con sus virtudes y defectos. ¿Estás de acuerdo, Susana? SUSANA.-¡Totalmente! (Desaparecen los señores. PAUSA. Por la derecha aparecen SILVIA, MARTA y SOL.) SOL.-También nosotras somos árboles. MARTA.-Y nos sentimos en primavera... SILVIA.-¡Ay...! ¿Dónde estáis? ¡Colmad nuestros anhelos! (Desaparecen. Por la izquierda aparecen los señores.) TEODORO.-¡Encienden nuestros deseos!. JULIO.-¡Nos provocan! FERNANDO.-¡Venid! ¡Aliviadnos! (Por el centro aparecen las criadas. Traen un hacha en la mano. Cesa el trino de los pájaros.) SILVIA.-¡Talaremos los fuertes árboles de los señores! SOL.-¡Decapitaremos sus soberbias cúpulas! MARTA.-¡Eliminaremos a hachazos la eterna opresión hasta oxigenar el bosque! (Alzan las hachas y se disponen a asestarlas contra ellos. Las señoras se levantan.) TEODORO.-¡¡No!! JULIO.-¡¡Desistid!! FERNANDO.-¡¡Deteneos!! PAULA, EVA y SUSANA.-¡¡Criminales!! (Las criadas dejan caer derrotadas sus hachas bajo los árboles. Los señores abrazan deseosos a sus parejas.) TEODORO.-Mi pequeña Sol... SOL.-Soy suya, señor. JULIO.-Encantadora Marta... MARTA.-Lo que usted ordene. FERNANDO.-Dulce Silvia... SILVIA.-Nuestro deber es servir a los amos. (Las tres parejas desaparecen al unísono bajo los árboles y se escucha el mismo trino de los pájaros. Por la derecha de estos árboles pequeños entran las criadas, se cierran las cortinas y deja de oírse el trino de los pájaros. Inclinan, alineadas, su rodilla.) SILVIA, MARTA y SOL.-¡Señoras...! (Mutis de las tres por la derecha. Por la puerta del foro entran los señores. Parece que no ha transcurrido el tiempo. Por la derecha entra SILVIA e inclina la rodilla.) SILVIA.-¡Señores...! Tengo el gusto de anunciar... ¡Al indigente Moncho! TEODORO.-¡Puede pasar! (Al término.) SILVIA.-Don Moncho, ¿tiene la amabilidad de penetrar? (Por la derecha entra MONCHO. Treinta y cinco años. Grueso, bajo, barba poblada. Resignado, alegre, noble. Viste pulcro y con ropa raída. Le falta la pierna izquierda y se apoya en dos muletas.) MONCHO.-Buenos... días... (SILVIA inclina la rodilla primero a los señores y después al pobre.) SILVIA.-¡Señores...! ¡Señor...! (Mutis por la derecha. Van a su encuentro. Ellos le dan la mano y ellas lo besan.) TEODORO.-¿Cómo está usted? MONCHO.-No es mi mejor momento... PAULA.-¡Bienvenido a esta su casa! Me llamo Paula. TEODORO.-Y yo Teodoro. MONCHO.-Un servidor se ha quedado en Moncho. JULIO.-Julio siempre a su disposición. SUSANA.-¡Soy Susana! Ay, personas como usted adornan esta mansión. MONCHO.-Muy amable. EVA.-Eva para servirle. FERNANDO.-Fernando le desea un futuro esplendoroso y lo tendrá con nuestra ayuda. MONCHO.-Ojalá... (Se miran. PAUSA.) JULIO.-Pero usted... Sólo tiene una pierna. ¿Ha vendido la otra por necesidad? MONCHO.-¡Qué va! Fue un accidente. Así economizo un calcetín. SUSANA.-No es para desanimarse por tener sólo una pierna. Le puede crecer. MONCHO.-Otros no tienen ninguna y se liberan de contarlas. FERNANDO.-¡Y lleva usted dos muletas! Lo sensato sería utilizar una muleta y dos piernas. TEODORO.-Pero siéntese... Háganos ese honor. PAULA.-Con una pierna se cansa uno más. MONCHO.-Caminamos el doble. (MONCHO se sienta en un sillón y deja las muletas. Los demás se sientan en sillones cercanos. PAUSA.) SUSANA.-¿Usted ya nació pobre o lo suyo es por contagio? MONCHO.-La verdad... Al darme cuenta de que existía comprendí que no era como los demás ni igual que sus familias. La pobreza me viene de herencia. JULIO.-¡Qué lástima! Ya podía heredar otra cosa. MONCHO.-Si supiesen lo que sufrí al enterarme. Era un niño muy sensible. Mis padres me dejaban solo en la calle donde dormíamos. Un día, por curiosidad, fui a dar un paseo y... ¡Los encontré! ¿Saben qué hacía? ¡Estaban pidiendo! PAULA.-¡Qué mal ejemplo el de sus padres! ¡No se puede vivir así! MONCHO.-¡Cuánta vergüenza! Aquel choque emocional me produjo una depresión. Visité a un psiquiatra... La cantidad de antidepresivos que tomé. Era mi única comida. El médico me dijo que aquella escena me había producido un trauma. Tenía que concienciarme, que pordiosear no era una deshonra, que cada día se practica más. Me preparó para que, cuando fuese mayor, supiese pedir sin complejos y tener un brillante porvenir de limosnas. FERNANDO.-¿Y le fue bien la profesión? Actuaba con ventaja sobre los demás indigentes por llevar los genes apropiados. MONCHO.-¡Es verdad! Cuando fallecieron mis padres de hambre, me hice cargo del negocio. ¡Qué fácil era pedir! Después..., al olvidarme de la pierna, pensaba que ya no mendigaría más, que acabaría en la miseria. ¡Qué gran error! Al verme sin ella se compadecían y prodigaban. Era tan próspero el negocio que visité a un cirujano para que me cortase la otra. No lo aceptó y tuve que seguir pidiendo sin hacerme rico y no poder retirarme con unos ahorros. ¡Pedir! ¡Siempre pedir! ¡Resulta estresante! La gente cree que uno no sirve para otra cosa. EVA.-¡No volverá jamás a implorar una caridad! Únicamente que se disfrace de pobre por Carnavales... MONCHO.-No, por esas fiestas siempre me disfrazaba de banquero y ganaba más que de menesteroso. TEODORO.-Se jubilará para siempre de indigente. EVA.-Desde hoy se han acabado sus sufrimientos. ¡Y será inmensamente feliz! MONCHO.-¡Gracias, señores! ¡Gracias! ¡Muchísimas! ¡Muchísimas gracias! (Por la derecha entra MARTA e inclina dos veces la rodilla.) MARTA.-¡Señores...! ¡Don Moncho...! Tengo el honor de anunciar... ¡A la mendiga Begoña! (Se levantan todos y MONCHO coge sus muletas.) PAULA.-¡Dile que pase! (Al término.) MARTA.-Doña Begoña, ¿tiene la delicadeza de entrar? (Por la derecha entra BEGOÑA. Treinta años. Guapa, delgada, refinada. Es triste, seria, muy sociable. Ropa limpia y usada. Trae un bebé en brazos.) BEGOÑA.-Con el permiso de ustedes... (MARTA inclina la rodilla primero a los señores y después a los mendigos.) MARTA.-¡Señores...! ¡Don Moncho y doña Begoña...! (Mutis por la derecha. Se aproximan y la besan todos.) TEODORO.-Teodoro le abre las puertas de su casa. PAULA.-Soy Paula, su esposa. ¡Qué alegría tenerla en nuestro hogar para siempre! BEGOÑA.-Estoy de contenta... FERNANDO.-Me llamo Fernando. Cuente incondicionalmente conmigo. SUSANA.-Considéreme, hasta la tumba, su amiga Susana. BEGOÑA.-Cuánta gentileza. JULIO.-Julio para servirla. EVA.-Mi nombre es Eva, querida. MONCHO.-¡Begoña! Me alegro de verte por aquí. BEGOÑA.-La de vueltas que da el mundo. (Se miran. PAUSA.) PAULA.-Tiene un niño. ¿Es suyo? BEGOÑA.-No voy a llevar a mis sobrinitos al jardín. SUSANA.-¿Me lo deja? No se lo voy a comer. (Se lo entrega y las mujeres se aproximan y lo acarician.) BEGOÑA.-No se pongan a pedir con él. FERNANDO.-Es el vivo retrato de su padre. BEGOÑA.-Pues es usted mejor fisonomista que yo. JULIO.-Tendrá más limosnas pidiendo con el angelito... BEGOÑA.-No tengo un hijo para pedir sino que pido para él. (Se lo devuelve y lo coge.) EVA.-¡Qué Dios se lo conserve para el bien de la sociedad! BEGOÑA.-No lo dude. MONCHO.-Yo tenía un perro y se confesó antes de morir. TEODORO.-Siéntese, encantadora Begoña. BEGOÑA.-Ya que vamos a ser iguales, sentémonos todos. (Se sientan al unísono en sillones cercanos. MONCHO, que deja las muletas, lo hace al lado de ella. PAUSA.) FERNANDO.-¿Ya nació pobre o es por impulso vocacional? BEGOÑA.-Vine al mundo en el seno de una buena familia. Me crié con comodidades. Pensaba acudir a la universidad. Ay, mi mala cabeza... Abandoné el hogar. Me instalé en otra ciudad. Caí en el mundo de la droga. Me rehabilité y mi mente sólo deseaba continuar en el asfalto. Era como si me viese atraída por un mar de cemento. Comencé a beber y brindaba, así, por una vida rota. JULIO.-¿Su familia le enviaba un sueldo para subsistir? BEGOÑA.-Pronto se olvidaron de mí. Era una vergüenza para ellos. Un despojo en esta sociedad burguesa y despiadada. La calle era mi hogar. ¿Qué iba a hacer? Tenía que sostener unas necesidades mínimas. La única solución era dedicarme a la mendicidad. SUSANA.-¿Tiene un horario de trabajo o produce cuando siente necesidad? BEGOÑA.-Pido todo el día. ¡De noche me encuentro agotada y duermo en el primer rincón! Me niego a trabajar treinta y cinco horas semanales como quieren los sindicatos. EVA.-¿Y el hijo? ¿Por perpetuar la especie? BEGOÑA.-¡Es lo que más quiero en este mundo! Me da fuerzas para seguir viviendo. Si no fuese por él... Es muy dura la existencia en un inmenso hogar con un techo de estrellas. La juventud no muere en la miseria. Se coincide con otros seres como yo. El deseo y el amor aparece a cualquier hora en una esquina. ¡No quería deshacerme de él! Los pechos de las pobres no amamanta. Alimentamos a nuestros niños con biberones que compramos con caridades del prójimo. La palabra madre vino a sustituir a las demás palabras que habían huido, para mí, de sus ríos de voces. Sé que a mi hijo no le puedo ofrecer nada y escapará de mí. ¡Peor sería que me escapase yo de él! TEODORO.-¡Sus biberones han muerto en esta casa! (BEGOÑA saca un pecho y amanta a su niño.) BEGOÑA.-¡Mi pecho amamanta al niño! MONCHO.-Sí... (BEGOÑA guarda el pecho, saca el otro y lo amamanta igualmente.) BEGOÑA.-¡El otro también es una fuente de vida! PAULA.-¡Ha despertado a la prosperidad! (BEGOÑA guarda el pecho y deja de amamantar al niño. Por la derecha entra SOL e inclina dos veces la rodilla.) SOL.-¡Señores...! ¡Doña Begoña y don Moncho! Tengo el honor de anunciar... ¡Al mendigo Sebas! (Se levantan todos y MONCHO coge las muletas.) TEODORO.-Mándale pasar. (Al término.) SOL.-Don Sebas, ¿nos hace el inmenso honor de entrar? (Por la derecha entra SEBAS. Treinta siete años. Amargado, bajo, pequeña barba. Callado, amable, educado. Viste sucio y abandonado. Se le notan los efectos de la bebida como su único refugio.) SEBAS.-Perdonen si molesto... MONCHO.-¿Tú también por aquí, Sebas? SEBAS.-Hola, Moncho. ¿Qué tal, Begoña? BEGOÑA.-Nos alegra esta coincidencia. SEBAS.-¡Y a mí! Acabo de tomar unas copas... Son mis compañeras. (SOL inclina la rodilla primero a los señores y después a los mendigos.) SOL.-¡Señores...! ¡Doña Begoña, don Moncho, don Sebas...! (Mutis por la derecha. Van a su encuentro. Ellos le dan la mano y ellas lo besan.) TEODORO.-Soy Teodoro. ¡Bienvenido! PAULA.-Su esposa Paula. Considere esta casa como suya. SEBAS.-Con lo que cuesta adquirir una vivienda... FERNANDO.-Fernando. Cuénteme como un amigo. EVA.-Mi nombre es Eva. Aquí conocerá la alegría. SEBAS.-¿Cómo es? SUSANA.-Nunca nos la presentan. Se lo dice Susana. Ella viene a nosotros y no la deje olvidada como a un paraguas. SEBAS.-La guardaré en una caja de seguridad. JULIO.-Me llamo Julio. ¡Enhorabuena por el gran futuro! (Pasea torpemente por la bebida.) SEBAS.-¿Futuro...? Siempre escuchando la misma canción: Van a creer que estás embriagado, no es normal que anden todos borrachos de paseo. Y uno continúa por toda la ciudad sin ver la gente ni escaparates, desconociendo su principio y fin. Acaso las calles no entiendan de caminos o los trazamos nosotros con la mente ahogada en el alcohol. y seguimos una ruta inexistente hasta que no podemos más, terminamos vencidos y... Vemos una preciosa cama en una acera. ¡Oh! La acaricio. ¡Qué bonita es! Su ropa está limpia. Un colchón confortable, una manta, sábanas, la almohada... La han vestido para mí. Se encuentra muy elegante como si fuese vestida de novia para encontrarse conmigo. ¡Ay! ¿Qué es lo que me pasa? Mi cabeza... Es mi cabeza la que me da vueltas. ¿Dónde estoy? No veo, no conozco a nadie. ¿Ustedes se creen que estoy ebrio? ¿Acaso piensan que me ha sentado mal la bebida? ¡Ni hablar! No, no se rían de mí. Me encuentro plenamente lúcido. ¡Ja, ja, ja! Puedo trabajar en un trapecio. Adiós, adiós a todos. Y mi cama, mi dulce cama me espera ahí... Es que no puedo más de cansancio. Tengo... Tengo sueño. Quiero... dormir. (Cae en el suelo y duerme. Los demás van hacia él.) MONCHO.-¡Sebas! BEGOÑA.-¡Despierta! (Ronca. Los demás se miran. PAUSA. Sueña en alto.) SEBAS.-Estaba tan hastiado de dormir en la vía pública... Todas las noches igual tapado por la manta de la bebida en un duro suelo empedrado. En el verano se soportaba con un poco de resignación. Podrías presumir de estar haciendo camping. Pero en el invierno... ¡Qué dura y despiadada es la calle! Por eso hoy, en esta noche estrellada de primavera, me dije: Desde ahora, Sebas, ha finalizado la vida de dormir a la intemperie. Te alojas en el mejor hotel y aquí estoy descansando plácidamente. ¡Una maravilla! Ah... Estoy despertando... ¿¿Eh?? ¿¿Dónde?? ¿¿Dónde estoy?? Perdonen... (Se levanta. Le han pasado los efectos de la embriaguez. Se miran. PAUSA.) TEODORO.-Sentémonos. (Se sientan al unísono en sillones cercanos. MONCHO, que deja las muletas, BEGOÑA y SEBAS se sitúan próximos como si formasen un grupo. PAUSA.) PAULA.-No sabemos nada de su vida, don Sebas. Tengo el pálpito de que ha vivido intensamente. SEBAS.-¿Yo...? Un gusano que está prisionero dentro una manzana llamada mundo. Quería salir de ella, tomar el sol, no estar oculto en aquella cárcel. Un gusano que amaba la libertad y temía que, cuando alguien devorase aquella fruta, sería despojado de mi ser. ¡Estaba solo! ¡Me habían arrojado despiadadamente a la existencia sin haberlo deseado! Un gusano que sólo sabía arrastrase por su fracaso y les preguntaba a las parejas: ¿Ustedes son mis padres? Huían. A otras les suplicaba: ¿Quieren ser mis papás? Reían. No me resigné... ¡Mi imaginación engendró unos padres! Igual que el autor que concibe unos personajes y lo acompañan, conversa con ellos en la casa de un escenario. Qué infancia tan feliz pasé. ¡Era hijo único! SUSANA.-¿No le gustaría haber tenido un hermanito? SEBAS.-Temía celarme. Mi hermana se malogró antes del parto. El autor crea a sus personajes y ellos se rebelan, adquieren vida propia. Mi padre, que estaba muy enamorado de mi madre, se olvidó de ella y se fue con otra. Vivía con mi madre. Ella compró una pistola y mató a mi padre. FERNANDO.-No se deben hacer las cosas con prisas. Después pasa lo que pasa. SEBAS.-Se entregó... y la condenaron a muerte. La otra usurpó el patrimonio familiar ¡Me había quedado huérfano y en la ruina! Retorné a ser el gusano de antes y estudié para pedir. ¡Huí de la ficción! Sólo quería pisar el escenario de la vida real, el pavimento en el que he echado raíces. Vi que la vida es absurda. ¡No me interesaba existir! Por eso me dediqué día y noche a beber, a escapar cobardemente de este mundo hostil, a dejar de ser yo en cada instante. ¡Olvidar y aguardar la muerte! EVA.-Usted mismo se ha hundido. Sus pasos lo llevaban a la tumba. Era un cadáver que sólo solicitaba una limosna para ser enterrado. SEBAS.-¡Imposible! Ya me he quitado la vida. Me estiré plácidamente en la vía del tren. ¡Qué emoción! El tren me destrozó totalmente. Le di un susto al maquinista... JULIO.-Si el tren lo dejó incapacitado para la autopsia, ¿cómo sigue vivo o es inmune a los suicidios? SEBAS.-También fue un suicidio imaginario, pero yo me siento muerto. Me falta la confirmación oficial. Ya saben... Los papeleos... Esas cosas. Soy una tumba ambulante que porta mi cadáver y me alimento con alcohol para no enterarme de la realidad. (Por la derecha, alineadas, entran las criadas e inclinan su rodilla.) SILVIA, MARTA y SOL.-¡Señores...! ¡La comida está servida! MONCHO, BEGOÑA y SEBAS.-¡Oh! (Se levantan señores y pobres. MONCHO coge las muletas. Mutis por la derecha de las criadas.) TEODORO, PAULA, FERNANDO, EVA, JULIO y SUSANA.-¡Ha muerto la miseria! (Por la derecha entran las criadas. Empujan una lujosa mesa grande, de ruedas, para nueve personas y la colocan en el centro del segundo término. Sobre la mesa hay los más exquisitos y abundantes majares. El gran mantel llega hasta el suelo. Las criadas, que van colocando elegantes sillas, irán nombrando a la persona correspondiente y ésta se situarán de pie delante de ella. Ponen dos sillas en la cabecera derecha.) SILVIA.-Don Teodoro. MARTA.-Doña Paula. SOL.-Presidan este magno acontecimiento. (TEODORO y PAULA se sientan en las sillas. Ponen dos sillas en la cabecera izquierda.) SILVIA.-Don Fernando. MARTA.-Doña Eva. SOL.-Les aguarda su sitio. (FERNANDO y EVA se sientan en las sillas. Ponen dos sillas en el centro del lateral y de espaldas al público.) SILVIA.-Don Julio. MARTA.-Doña Susana. SOL.-Sus sillas les esperan. (JULIO y SUSANA se sientan en las sillas. Ponen tres sillas esparcidas en el centro del otro lateral y frente al público.) SILVIA.-Don Moncho. MARTA.-Doña Begoña. SOL.-Don Sebas. (Los pobres se sientan cohibidos en las sillas. MONCHO deja las muletas al lado y BEGOÑA lleva el bebé. ) (Alineadas, y al unísono, inclinan su rodilla.) SILVIA, MARTA y SOL.-¡Señores...! ¡Buen provecho! (Mutis por la derecha. Los personajes permanecen serios. GRAN PAUSA. TEODORO se levanta.) TEODORO.-Señoras, señores: ¡Hoy es un día histórico! Nos hemos reunido aquí para iniciar un mundo nuevo, una civilización sana que entre todos vamos a construir.¿Cómo lo conseguiremos? ¡Con nuestros buenos sentimientos y la lucha! Sí, señoras y señores: ¡Ha comenzado nuestra revolución por un mundo más justo! Un mundo en el que no haya diferencias sociales y seamos todos iguales. ¡La ciudad eterna que siempre hemos soñado! (Aplausos.) PAULA.-¡¡Bravo!! FERNANDO, EVA, JULIO y SUSANA.-¡¡Muy bien!! MONCHO, BEGOÑA y SEBAS.-¡¡Así se habla!! (Cesan los aplausos.) TEODORO.-¡¡Gracias!! ¡¡Muchas gracias!! Os decía... (Se corta y se torna nervioso. PAUSA. En voz baja.) PAULA.-¿Qué te sucede...? (En voz baja.) TEODORO.-Me he olvidado... Pásame el discurso con disimulo. (Se lo da por debajo de la mesa y en voz baja.) PAULA.-Toma. (Lee con voz normal.) TEODORO.- ¿Qué vemos en el mundo? ¿Cuáles son las dos caras de la moneda? ¡Decidme! ¡Díganme ustedes! Pobres y ricos. Los que les sobran el dinero y los que extienden sus manos para conseguir simples migajas de esas sobras. ¿Vamos a consentirlo? ¿Vamos a tolerar una injusticia así? ¡Nunca! ¡Nunca, señoras y señores! Todos llegamos desnudos a la existencia y nos encontramos con un mundo al que colocan la etiqueta de adquirido. ¿Es esto ético? El mundo, la tierra que pisamos es de todos. ¡Nadie tiene derecho a su propiedad! (Aplausos.) PAULA, FERNANDO, EVA, JULIO y SUSANA.-¡¡Mueran los pobres!! (Cesan los aplausos. Los pobres se miran asustados. PAUSA.) MONCHO, BEGOÑA y SEBAS.-¡Mueran...! TEODORO.-Entonces... (Se corta y se torna nuevamente nervioso. PAUSA. En voz baja.) PAULA.-¿Está sin escribir... el resto...? (En voz baja.) TEODORO.-Los papeles están revueltos... Ordénamelos. Pueden enterarse... (Se levanta y se los ordena en voz baja .) PAULA.-Este aquí... A continuación el otro... (Se sienta. Lee con voz normal.) TEODORO.-¿Es honesto que un ser llegue al mundo y se encuentre con las herencias de sus antepasados para convertirse en un parásito? ¡Es intolerable! Retrocedamos hasta el principio de los tiempos, al primer ser que puso sus pies en la Tierra. ¿Acaso le habían testado alguna propiedad? Sería absurdo... ¡Todo le pertenecía a él! ¡Era inmensamente rico! ¿Es que los que nacen actualmente no tienen el mismo derecho? ¡Exactamente igual! Sin embargo, la realidad es otra. ¡Y esta diferencia no la vamos a consentir! Cada persona que nace es un rey de la creación. ¿Vamos a ver a ese destronado monarca extendiendo las palmas de sus manos, suponiendo que las tengan, para solicitar avergonzados nuestra ayuda? ¡Jamás! Ni nos ofrecerán sus manos ni sus pies. ¡La tiranía de los ricos amputa extremidades! Lo que está sucediendo es una vergüenza para una civilización cultivada y humana. Acabaremos con los pobres que se exhiben, en esta obsoleta sociedad, en los escaparates de los poderosos. Señoras y señoras: Lucharemos para que todos los días salga el Sol sin sonrojarse al ver mendigos. ¡Los menesterosos dejarán de existir! Sólo me queda añadir a este sincero discurso una cosa: ¡El mundo se crea cada mañana con nuestros pulcros corazones ! (Guarda los papeles y se sienta. Los demás se levantan y aplauden con todas sus fuerzas.) PAULA, FERNANDO, EVA, JULIO y SUSANA.-¡¡Extraordinario, Teodoro!! |