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| MADRID | |||||||||
NUESTRA SEÑORA Y SUS DEVOTOS FRAILES
de ROGELIO SAN LUIS
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“NUESTRA SEÑORA Y SUS DEVOTOS FRAILES”
Farsa de humor celestial en dos actos, original de
Rogelio San Luis
PERSONAJES (Por orden de aparición) PADRE IGNACIO PADRE FRANCISCO HERMANO DOMINGO VIRGEN
_______________________ La acción, en un convento. Época, actual. Lados, los del espectador. _______________________
ESCENARIO Celda humilde de un convento en las afueras de la ciudad. En el primero izquierdo, puerta al servicio. En el segundo derecho, puerta de entrada. En el foro izquierdo, y próxima a la pared, cama de una plaza con los pies frente al público. Destacado crucifijo encima de la cabecera. En el centro del foro y parecida a la Inmaculada de Murillo, gran imagen de esta Virgen. En el foro derecho, una silla. Demás cosas que exija la acción.
ACTO PRIMERO(Se apagan las luces de la sala mientras se comienza a escuchar débil, interpretada por las voces de un coro, el “Ave María” de Schubert. Se va alzando el telón al mismo tiempo que crece el canto hasta oírse muy fuerte. Se ve un telón, ocupando todo el proscenio, que representa el claustro de un convento. Luz baja. Las diez de una noche triste de invierno. La voces van decreciendo hasta dejar de escucharse. SILENCIO. Se empieza a oír una gran tormenta. Por la derecha entra, ensimismado y ajeno a todo, PADRE IGNACIO. Treinta años, alto, delgado, interesante. Usa gafas. Viste un hábito oscuro con capucha y lleva cada mano en la manga de la otra. Por la izquierda entra, igualmente ensimismado y ajeno a todo, PADRE FRANCISCO. Cuarenta y cinco años, estatura normal, grueso, presumido. Viste un hábito similar y lleva sus manos del mismo modo.) PADRE IGNACIO.-Padre Francisco, esta noche lo va a matar un rayo, en este convento, y arderá eternamente en su cálido chalet del averno. ¡Hermoso espectáculo! PADRE FRANCISCO.-El rayo, Padre Ignacio, le tocará a usted en la tómbola de esta tormenta y descenderá a los infiernos. ¡Va a disfrutar de una gratuita e incesante calefacción! (Crece la tormenta. Por la derecha entra HERMANO DOMINGO. Veinte años, bajo, delgado, atractivo. Viste un hábito análogo y se muestra agresivo con las manos como garras.) HERMANO DOMINGO.-¡Pecadores Padres! ¡Satanás los cogerá por los pelos y los bañará en sus llamas! ¡Qué limpios van a quedar! (PADRE IGNACIO y PADRE FRANCISCO muestran agresivos sus manos como garras.) PADRE IGNACIO.-¡Hermano Domingo! ¡Su ángel de la guarda está de vacaciones!¡El diablo lo torturará en el fuego que nunca se consume! (Mutis por la izquierda.) PADRE FRANCISCO.-¡Nadie lo salvará! ¡Pierda toda esperanza! ¡No lo dejará salir ni el día de su santo! (Mutis por la derecha al mismo tiempo que HERMANO DOMINGO lo hace por la izquierda. Va bajando el sonido de la tormenta y crece algo la luz. Por la izquierda y, con un rosario entre sus manos, entra fervoroso PADRE IGNACIO.) PADRE IGNACIO.-Santa María y también Madre de Dios... (Mutis por la derecha. Por este término entra igual PADRE FRANCISCO con un rosario entre sus manos.) PADRE FRANCISCO.-Reina y celadora de los pararrayos... (Mutis por la izquierda. Por este término entra igualmente fervoroso HERMANO DOMINGO con un rosario entre sus manos.) HERMANO DOMINGO.-¡Lleva la tormenta de excursión a una guerra! (Mutis por la derecha. Cesa la tormenta y la luz es muy fuerte. UN MOMENTO. Entran serenos sin rosarios y con las manos entrelazadas: PADRE IGNACIO por la derecha, PADRE FRANCISCO por la izquierda y HERMANO DOMINGO por la derecha. Van hasta el centro del término y dejan caer sus manos.) PADRE FRANCISCO.-¡Se ha ido la tormenta y cada estrella nace con una oración! PADRE IGNACIO.-¡Milagro! ¡Qué dicha el pertenecer a la Orden de los fans de Nuestra Señora! HERMANO DOMINGO.-La eligió Dios para madre de su Hijo. Clarísimo... ¡La fe esclarece misterios! (Mutis rápido, y ajenos cada uno de los otros, de los tres frailes por la derecha. UN MOMENTO. Por la derecha entra corriendo PADRE IGNACIO. Puso una peluca y encima una ropa humilde de mujer.) PADRE IGNACIO.-¡¡Por favor, José!! ¡¡No se te ocurra...!! La falta de costumbre... ¡¡Te puede hacer daño!! (Mutis por la izquierda. Por la derecha entra corriendo PADRE FRANCISCO. Puso una peluca y encima una ropa humilde de hombre.) PADRE FRANCISCO.-¡María, esposa de mi corazón! ¡¡Te deseo fervientemente!! (Mutis por la izquierda. Por este término entra PADRE IGNACIO y se para en el centro.) PADRE IGNACIO.-¡Ignoraba que fueses tan apasionado! ¡Creía que lo tuyo era de nacimiento! (Por la izquierda entra lento PADRE FRANCISCO y va hasta PADRE IGNACIO.) PADRE FRANCISCO.-Tenemos que consumar nuestro matrimonio. Llevamos tiempo juntos. La gente critica... ¿Es que desprecias a un humilde carpintero? (Le vuelve la cabeza.) PADRE IGNACIO.-Qué marido... Debí abandonarte. ¡Me has obligado a ser casta! PADRE FRANCISCO.-Te veía tan pura... ¿Existe otro hombre en tu vida? (Lo mira.) PADRE IGNACIO.-Por ahora... ¡Necesito ser madre! Me ilusionaría tanto un niño... PADRE FRANCISCO.-Los médicos dijeron que no puedo ser padre. ¿Quieres que adoptemos un bebé? PADRE IGNACIO.-¡¡Soy una hembra como las otras!! ¡¡No puedo más!! ¡¡Un hijo!! ¡¡Un hijo!! (Por la izquierda entra HERMANO DOMINGO. Puso una peluca y unas alas.) HERMANO DOMINGO.-¡Dios te salve, María, toda llena de gracia! (Se pone de rodillas y junta sus manos.) PADRE IGNACIO.-He aquí la esclava del Señor. PADRE FRANCISCO.-¿En qué he acabado? ¡Se entiende con el arcángel San Gabriel! (Mutis por la derecha.) HERMANO DOMINGO.-Te anuncio que vas a tener un hijo del Espíritu Santo. PADRE IGNACIO.-Hágase en mí según tu palabra. HERMANO DOMINGO.-Que todo salga bien. ¡Enhorabuena! (Mutis por la izquierda. Se levanta y deja caer sus manos. Por la derecha entra PADRE FRANCISCO.) PADRE FRANCISCO.-Entre el arcángel y tú... ¿Hay algo? PADRE IGNACIO.-No sé... PADRE FRANCISCO .-¡Me enoja tu coquetería! ¿Qué te dijo? PADRE IGNACIO.-Pues... Nada de particular... Una cosa sin importancia. ¡Me van a embarazar! PADRE FRANCISCO.-¿¿Quién?? ¿¿Lo conozco?? ¡¡No me engañes con otro hombre!! PADRE IGNACIO.-¡Es un ser tan importante...! Adivina... ¡Esa imaginación! PADRE FRANCISCO.-Por mucho que piense... PADRE IGNACIO.-El procreador de la criatura... Se llama... ¡El Espíritu Santo! ¿No te produce alegría? PADRE FRANCISCO.-¡¡Una enormidad!! ¿¿El niño se parecerá a mí?? PADRE IGNACIO.-¡Será tu vivo retrato! PADRE FRANCISCO.-¡Oh...! ¡Cómo perpetúo la especie! (Lo abraza.) PADRE IGNACIO.-¡¡Amor mío!! (Quedan así. UN MOMENTO. Se oyen unos fuertes golpes en la izquierda. La suelta.) PADRE FRANCISCO.-¿Quién es? VOZ HERMANO DOMINGO.-¡El Espíritu Santo! PADRE IGNACIO.-¡Qué emoción! ¡Voy a retocarme! (Mutis por la derecha. Va hasta la izquierda y simula abrir una puerta. Entra HERMANO DOMINGO. Puso una peluca que parece la cabeza de una paloma y unas pequeñas alas. Le da la mano.) PADRE FRANCISCO.-Es un honor recibirle, señor Espíritu Santo. Me llamo José. El esposo de... HERMANO DOMINGO.-Encantado, hombre. ¿Dónde está tu hermosa amada? (Por derecha, y muy peinado, entra PADRE IGNACIO. Muy coqueta.) PADRE IGNACIO.-Ay, dices unas cosas... (Los presenta y se dan las manos.) PADRE FRANCISCO.-Aquí mi mujer, aquí el Espíritu Santo. HERMANO DOMINGO.-Mucho gusto. PADRE IGNACIO.-Encantada. (Se miran. PAUSA.) HERMANO DOMINGO.-Venía... PADRE IGNACIO.-Picaronazo... HERMANO DOMINGO.-José, si no te parece mal... PADRE IGNACIO.-Es algo tan íntimo... PADRE FRANCISCO.-Entre personas civilizadas... (Mutis por la derecha. Se miran. PAUSA.) HERMANO DOMINGO.-Tendremos un hijo que te dará Dios. ¡Será el salvador del mundo! PADRE IGNACIO.-Ya sabes cómo es la sociedad... No me creerán, perderé la reputación. Si me preguntan quién es el padre del niño ... ¿Qué les respondo? HERMANO DOMINGO.-Lo que dicen todas... ¡Tu marido! Avanza hacia mí. (Retrocede lenta.) PADRE IGNACIO.-Eres tan atrevido... (Se aproxima lento.) HERMANO DOMINGO.-¡María...! PADRE IGNACIO.-¡Mi Espíritu Santo! (Se abrazan y besan apasionados. UN MOMENTO. Por la derecha entra PADRE FRANCISCO.) PADRE FRANCISCO.-¿Falta mucho? (HERMANO DOMINGO y PADRE IGNACIO se separan molestos.) PADRE IGNACIO.-¡Qué impaciente eres! HERMANO DOMINGO.-Por favor... ¡Aún no empezamos! PADRE FRANCISCO.-Disculpadme. (Mutis por la derecha. Alza los brazos.) PADRE IGNACIO.-¡¡Soy toda tuya!! HERMANO DOMINGO.-¡Pío! PADRE IGNACIO.-¡Oh! HERMANO DOMINGO.-¡¡Pío!! PADRE IGNACIO.-¡¡Ah!! HERMANO DOMINGO.-¡¡Pío!! ¡¡Pío!! PADRE IGNACIO.-¡¡Sublime!! HERMANO DOMINGO.-¡¡Pío!! ¡¡Pío!! ¡¡Pío!! PADRE IGNACIO.-¡¡Ay...!! (Se miran dichosos. PAUSA. Baja los brazos.) Qué extraño... ¡Continúo siendo virgen! HERMANO DOMINGO.-Exagerada... (Simula volar y hace así mutis por la izquierda. Lo sigue corriendo.) PADRE IGNACIO.-¡¡No me abandones!! ¡¡Deja de volar!! ¡¡Aterriza!! (Mutis por la izquierda. UN MOMENTO. Por la derecha entra PADRE FRANCISCO.) PADRE FRANCISCO.-¡¡María!! ¿¿Dónde estás?? ¡¡Te has fugado con el Espíritu Santo!! (Por la izquierda entra PADRE IGNACIO. Se le ve, sin caer en el mal gusto, un gran vientre.) PADRE IGNACIO.-José... Vamos a tener un descendiente. ¿Estás contento? PADRE FRANCISCO.-¡Qué emoción, María! Con el tiempo que llevábamos casados... (Lo coge de la mano.) PADRE IGNACIO.-Gracias, amor mío. ¡Me haces muy feliz! PADRE FRANCISCO.-Pronto, muy pronto, seré... ¡el padre de Dios! (Mutis así y rápidos por la derecha. UN MOMENTO. Por la derecha, y ajenos cada uno de los otros, entran rápidos PADRE FRANCISCO, PADRE IGNACIO y HERMANO DOMINGO. se quitaron todo lo que utilizaron para esta interpretación y pusieron las capuchas. Van al centro del proscenio, como estaban antes, y es como si el tiempo se hubiese detenido.) PADRE FRANCISCO.-Gran sapiencia, Hermano Domingo. La fe es la luz de la razón. Meditemos siempre en el hecho más glorioso de la historia. ¡La Encarnación! Por eso... ¡En Nochebuena comemos turrón! HERMANO DOMINGO.-Pero que una virgen tenga una hijo y continúe con su virginidad... Los médicos forenses lo comprobarían cuando, al morir, le hicieron la autopsia. PADRE IGNACIO.-¡Qué lapsus teológico! Tras muchas pesquisas... ¡No existió el cadáver de Nuestra Señora! PADRE FRANCISCO.-¿¿Cómo la iban a velar de muerta si de viva ascendió a los cielos?? HERMANO DOMINGO.-Me había olvidado... ¡Qué Dios me perdone! Si estando vivo es posible subir a los cielos, la lógica es irrefutable. ¡Sólo los ignorantes no estarían capacitados para entenderlo. PADRE IGNACIO.-Evidentemente. La Virgen ascendió a los cielos. ¡La Iglesia es infalible! Todo lo divino, que vivió entre los humanos, sube al cielo. Jesús, María... ¡No dejan huellas para no crearnos una confusión! (PAUSA.) PADRE FRANCISCO.-Y a continuación, como Padre Superior de este convento, les pido que declaren su amor a Nuestra Señora. (Se pone de rodillas y junta sus manos.) PADRE IGNACIO.-Virgen santa, vivo sólo para ti. Buscaba la belleza eterna en cada fémina. Salía honestamente con chicas, pero ellas... ¡se reían de mí y huían todas! Otras esperaban mi decisión... ¡y envejecían! Desengañado, entré en una iglesia. Me fijé en ti y nació el amor. Renuncié al mundo e ingresé en este convento. ¡Seme fiel! En mí tienes al pintor que ha plasmado, en el lienzo de su alma, a la mujer ideal. (Se levanta y deja caer sus manos. Se pone de rodillas y junta sus manos.) HERMANO DOMINGO.-¡Te quiero, Madre mía! Me recogieron las monjas en el torno del hospicio. A mis compañeros los visitan sus madres. Trabajaban en una casa para poder comprar otra decente y llevarlos con ellas. Crecía solo y sin mamá. Dicen que, al nacer, todos la tienen. Te vi en la capilla y me enamoré de ti. ¡Eras mi Madre! No lo dudé más. ¡Me dirigí a este convento para agradecerte el haberme reconocido como hijo! (Se levanta y deja caer sus manos. Se pone de rodillas y junta sus manos.) PADRE FRANCISCO.-¡Te amo locamente! Me había casado hasta que la muerte nos separase. ¡Y la muerte es la que deshace menos matrimonios! Me presentaba amigos, consolaba viudos, hacía viajes; dormían desconocidos en casa: chicos de una banda de música, los soldados de un cuartel ... ¡Una vez me engañó y me divorcié! Te vi en un templo y pedí referencias. Todas inmejorables. Moro en este convento y... ¡me eres fiel! (Se levanta y deja caer sus manos. Los tres, y al unísono, bajan sus capuchas.) HERMANO DOMINGO.-¡Bienaventurados los creyentes por la intercesión de María! Los equivocados ateos, al morir, abrirán los ojos a la nada y... ¡no verán a Dios como nosotros! PADRE FRANCISCO.-¡No la olvidemos nunca! Ahora retirémonos, con la devoción acostumbrada, a nuestras celdas y dejemos sus puertas abiertas. ¡Recemos! La oración ahuyentará tentadores sueños libidinosos. PADRE IGNACIO.-Seamos también castos mientras dormimos y no osemos deleitarnos con apetitosas mujeres que el diablo proyecta en nuestro subconsciente como una película pornográfica. (Se abstraen e introducen cada mano en la manga de la otra. Cantando.) PADRE FRANCISCO.-¡Procedamus in pace! (Van lentos todos hacia la izquierda. Cantando.) PADRE IGNACIO y HERMANO DOMINGO.-¡In nomine Virginis, amen! (Mutis de los tres por la izquierda. Se alza el telón del claustro y vemos el escenario de la celda. Se encuentra iluminado normalmente y la puerta derecha está abierta. La escena vacía. UN MOMENTO. Por la derecha y con las manos sueltas, entra HERMANO DOMINGO. Deja la puerta abierta y se dirige al crucifijo. Entrelazando las manos.) HERMANO DOMINGO.-Señor, necesito ir pudorosamente al servicio. ¿Puedo acudir? ¡Muchísimas gracias! (Mutis por la izquierda, cerrando la puerta como estaba. UN MOMENTO. Entra por la izquierda, cerrando nuevamente la puerta, y se dirige al crucifijo.) Ya ves que no te he decepcionado. Como somos de la familia, voy a hablar con tu decente madre. (Va hasta la imagen de la Virgen y la besa en una mejilla.) Buenas noches, mamá. (Se echa en la cama, encima de la ropa, pulsa un interruptor y baja la luz. Se muestra inquieto. Da vueltas en la cama. Sus manos van lentísimas, y al unísono, hacia sus genitales. Supera el instante, se siente fortalecido y se torna sereno. Se sitúa frente al público, saca el rosario y reza mientras le va venciendo el sueño.) Santa María, Madre de Dios, ruega por... (Se queda dormido y le cae el rosario de sus manos. UN MOMENTO. Luz normal. Sueña en alto.) Padre Francisco, tráteme con cariño... Arrímate a mí, Guadalupe. Sentiremos juntos... ¡Que le quito el hábito, Padre Ignacio! (Se apaga y se enciende rápidamente la luz. Ha desaparecido HERMANO DOMINGO y en su lugar está PADRE FRANCISCO en la misma posición en la cama. Su rosario también le cayó y sueña en alto.) PADRE FRANCISCO.-Entréguese, Hermano Domingo. Está usted tan tierno... Demuestre su virilidad, Padre Ignacio... Acércate, Ramona, que no nos ve nadie. (Se apaga y se enciende rápidamente la luz. Ha desaparecido PADRE FRANCISCO y en su lugar está PADRE IGNACIO en la misma posición en la cama. Su rosario también le cayó y sueña en alto.) PADRE IGNACIO.-Permíteme que te desnude, Claudia. Lo vamos a pasar... Soy sólo para usted, Hermano Domingo... ¡Colóquese mejor, Padre Francisco! (Se apaga y se enciende rápidamente la luz. Ha desaparecido PADRE IGNACIO y en su lugar vuelve a estar, como al principio, HERMANO DOMINGO. Continúa soñando y su rosario se encuentra en el mismo sitio. Se levanta sobresaltado y corre hasta arrodillarse ante la imagen, entrelazando las manos.) ¡Ayúdame, Virgencita! Los fantasmas del sueño torturan mi cerebro. ¡Son capaces de salir del guión de esta pesadilla y convertirse en personajes reales! ¿Verdad que velarás mi descanso? ¡Arrúllame bajo tu manto! (Deja caer sus manos. Se acuesta como estaba y queda mirando el cielo. UN MOMENTO. Baja la cabeza y se muestra impaciente.) ¡No duermo! Me he desvelado. ¡¡No puedo conciliar el sueño!! (Se levanta y va ilusionado hasta la imagen.) ¡Serás mía! ¡Te llevaré, vestida de blanco, al altar! Si te decantas por lo civil... (Se arrodilla culpable y con las juntas ante Ella.) Perdona... ¡No te ofendas! No quería decir... ¿Qué te sucede? No me hablas... ¡Intenta responderme! (Se incorpora enojado.) ¿¿Es que Tú también me abandonas como Madre?? (Le pone las manos en su cuello.) ¡Ingrata! ¡¡Me dan ganas de estrangularte!! (Retira asustado sus manos y vuelve a colocarse de rodillas.) Disculpa... He perdido el control... ¡No voy a asesinarte! Pero tu silencio me hace sufrir tanto... (Siempre muy dulce.) VOZ VIRGEN.-¿Qué te sucede? HERMANO DOMINGO.-¿¿Eh?? ¡Milagro! ¡Has hablado! VOZ VIRGEN.-Te encuentro un poco extraño... ¡Estás muy inquieto! ¿Por qué no duermes? HERMANO DOMINGO.-Tengo unos sueños tan sensuales... ¡Mi cabeza es un confuso harén! VOZ VIRGEN.-Tonterías... La noche camina hacia la playa del alba y precisas reposar. ¡Vuelve a la cama! (Se levanta y se dirige lento y abstraído hasta su lecho. Va a acostarse, pero recapacita.) HERMANO DOMINGO.-¡La Virgen me ha hablado! Todos duermen, hay un silencio sepulcral en el convento. ¡Es improcedente reaccionar así! ¡¡Padre Francisco!! ¡¡Padre Ignacio!! ¡¡La Virgen!! ¡¡Nuestra Señora!! ¡¡Acaba de tener una conversación muy amena conmigo!! (Mutis corriendo por la derecha. UN MOMENTO. Por este término entran dichosos PADRE FRANCISCO, PADRE IGNACIO y HERMANO DOMINGO.) PADRE FRANCISCO.-¿¿Se ha comunicado con Nuestra Señora?? PADRE IGNACIO.-¿¿Ha sostenido una charla con Ella?? HERMANO DOMINGO.-¡¡Sí!! Perdonen que los haya despertado. PADRE FRANCISCO.-¡No se preocupe! Estaba desvelado y no podía dormir. PADRE IGNACIO.-A mí me sucedía lo mismo. ¿Cómo fue? ¿Dónde le habló? HERMANO DOMINGO.-También el insomnio se apoderó de mí. No se imaginen... Me levanté y me puse de rodillas ante esta imagen. Le recé. ¡Comenzó a hablarme! Me serenó y me aconsejó retornar al lecho. PADRE IGNACIO.-¿O sea que usted...? PADRE FRANCISCO.-¿Hace del sueño una orgía? HERMANO DOMINGO.-¡Antes usaría el cilicio! ¿Es que no les ha acontecido a ustedes alguna vez? PADRE FRANCISCO.-¡A mí nunca! PADRE IGNACIO.-¡Jamás pienso en inmoralidades! HERMANO DOMINGO.-Yo... tampoco. ¡Parece que me acusan! (Se miran. PAUSA.) PADRE FRANCISCO.-Pienso, Hermano Domingo, que al considerarse vidente de la Virgen... Podría volver a hablarle por ser su elegido. PADRE IGNACIO.-Lo considero adecuado, Padre Francisco. Así escucharíamos su melodiosa voz y, con un poco de suerte, nos haríamos los tres sus amigos. (Se pone de rodillas ante la imagen y junta las manos.) HERMANO DOMINGO.-Virgen mía... Están conmigo, no sé si los ves, el Padre Francisco y el Padre Ignacio. Unos frailes tan devotos de ti... ¿Te animas a abrir la boca otro poquito? ¡Hazlo por ellos! (PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO se arrodillan detrás de HERMANO DOMINGO y juntan las manos. UN MOMENTO.) PADRE IGNACIO.-¡Va a alzar la voz...! PADRE FRANCISCO.-Como no se encuentre afónica... HERMANO DOMINGO.-Conversemos como antes. ¿Has enmudecido? ¡Nada! ¡No habla aunque la maten! (PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO se levantan escépticos y dejan caer las manos.) PADRE FRANCISCO.-¡Nunca le ha dirigido la palabra! PADRE IGNACIO.-¡Siempre ha estado callada! (Se levanta molesto y deja caer sus manos.) HERMANO DOMINGO.-¡No es verdad! ¡Créanme! ¡Hace un rato charlé con Ella! (Irónicos.) PADRE IGNACIO.-Claro que habló, Hermano Domingo. ¿Quién lo va a poner en duda? PADRE FRANCISCO.-Y mantuvieron una conversación tan dulce... Yo los estuve escuchando desde mi celda. VOZ VIRGEN.-¿Qué dicen? ¿No acaban de comprender que dialogamos hace un momento? HERMANO DOMINGO.-¿Lo entienden ahora? ¡Ha vuelto a hacerse oír! ¡No sean sordos! (Se arrodilla ante la imagen y junta sus manos. PADRE DOMINGO y PADRE IGNACIO se miran serios.) VOZ VIRGEN.-Tranquilízate, hijo. Creo que esta vez... PADRE FRANCISCO.-Pues nada, Nuestra Señora. Me alegro mucho de platicar contigo. PADRE IGNACIO.-Jamás había conversado con la Virgen. ¡Eres encantadora! HERMANO DOMINGO.-¡Te han hablado! ¿¿Por qué no les contestas?? ¡¡Sé educada, Virgencita!! (Se levanta triste y deja caer sus manos.) PADRE IGNACIO.-¿Qué le ocurre? PADRE FRANCISCO.-¿Por que reacciona de este modo? HERMANO DOMINGO.-La Virgen... Nuestra Señora... ¡Es muda! PADRE FRANCISCO.-Le conviene descansar, Hermano Domingo. La noche es larga. PADRE IGNACIO.-El día, tenga la certeza, siempre aclara las ideas. (Mutis de PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO por la derecha. Se sienta triste en la silla. UN MOMENTO.) HERMANO DOMINGO.-Piensan que estoy loco. ¿Qué importa cómo interpreten la existencia los demás si lo auténtico se alberga en mi mente? Oh, ficción y realidad que jugáis a los dados con los seres. ¡Haz que el sueño que descubrimos sea el verdadero! (Se arrodilla ante la imagen y entrelaza las manos.) ¡Tú, Virgen mía, eres mi único amor! VOZ VIRGEN.-¿Debo tomarlo como una declaración? HERMANO DOMINGO.-Sabes lo que es no conocer una madre. Sufrir viendo cómo los demás son protegidos por ellas. Ser huérfano en medio de todos los raíles sin poder hallar el amparo de ninguna estación. VOZ VIRGEN.-Si supieses lo que me apenaba verte desesperanzado. Pensaba tanto en ti, te observaba a cada instante. Deseaba que coincidiésemos, que nuestras miradas se encontrasen... HERMANO DOMINGO.-Entré y te vi en aquella iglesia. ¡Me fascinó tu belleza! Me encontraba distinto, algo nuevo acababa de nacer en mí. ¡Había hallado a mi madre! Entonces creía que me hablabas... VOZ VIRGEN.-Ve al convento, hijo. Ingresa en la orden de los que me adoran. Sentirás que la paz se apodera de ti y yo continuaré a tu lado. HERMANO DOMINGO.-Fui muy feliz con tu compañía. ¡Lo sigo siendo! Ay, eras mi madre. Crecí, me hice un hombre. El deseo se apoderaba de mí. ¡Te contemplaba como la más hermosa de las mujeres! VOZ VIRGEN.-¡¡Calla!! Calla!! HERMANO DOMINGO.-Es cierto, Virgencita linda. Te quiero, te amo con toda mi alma. Si algún día fueses mía... ¡No te decepcionaría! VOZ VIRGEN.-¿¿Qué dices?? Te vienen unas cosas a la mente... ¡¡Yo soy una mujer honesta!! HERMANO DOMINGO.-No te lo discuto. Nunca he oído hablar mal de ti. Tienes un gran currículum. VOZ VIRGEN.-Tus proposiciones con incestuosas. Debes acudir a un psicólogo. ¡Jesús! No hay manera... Me queréis tanto los religiosos... No os libráis ni uno. ¡Todos los frailes acabáis con idéntica pasión! HERMANO DOMINGO.-¡Te amo, Señora mía! VOZ VIRGEN.-Por favor... ¡¡Desiste!! (Se apaga y enciende rápida la luz. Ha desaparecido HERMANO DOMINGO y en su lugar, ante la imagen de rodillas y con las manos entrelazadas, se encuentra PADRE FRANCISCO.) PADRE FRANCISCO.-El Hermano Domingo tiene cada cosa... Los pocos años, chica. Dice que habla contigo, que sostenéis animadas conversaciones. Y yo pienso que sólo charlaré contigo en el paraíso. Perdona que no crea en tus facultades para hacerlo aquí. Pero... Que dialogues con un fraile en un convento... VOZ VIRGEN.-¿Tiene algo de particular? Te diriges a mí y yo te respondo. No voy a hacerte un desprecio. En toda mi vida, puedes preguntar, no se me ha subido el rango a la cabeza. ¡Siempre he sido muy sociable! PADRE FRANCISCO.-¡¡Hablas!! La nada es silencio. ¡Oh, delirio que ofuscas mi mente! Las imágenes permanecen calladas. ¡Somos nosotros los que creamos sus voces como personajes de una farsa grotesca! VOZ VIRGEN.-¿Me estás comparando con un ser que nació en un taller inspirado en la obra de un pintor? ¿También los religiosos han dejado de ser creyentes? Qué porvenir me aguarda. ¡Me quedo sin clientela! PADRE FRANCISCO.-La fe, a veces, me hace dudar y convertirme en un escéptico. Desde que dejé a la que Tú sabes... Aguardaba este momento... ¡Eres perfecta! ¡Cásate conmigo, mi amor! Conozco a un sacerdote... VOZ VIRGEN.-¿¿Qué disparates dices?? ¡Ja, ja, ja! Nuestra Señora se casa con un fraile por la Iglesia y, a continuación, inician una idílica e imperecedera luna de miel. ¡Sólo falta que después quieras divorciarte! PADRE FRANCISCO.-Dispensa... Reconozco que he abusado de tu confianza. No eres una mujer cualquiera que se entrega al primero que llega. Te considero divina, celestial. ¡La Madre de Dios! VOZ VIRGEN.-Os complicáis tanto con mis virtudes ... ¡Proyectáis en mí a vuestra mujer anhelada! Perecí en todos los sermones. No comprendéis que me obligáis a ser... ¡La que me habéis creado cada uno! PADRE FRANCISCO.-¡No puedo vivir sin tu mirada! Te necesito. Me hallo arrodillado a tus pies para adorarte. ¡Estoy locamente enamorado de ti! Deseo decirte una cosa... Yo... ¡No...! No...me... atrevo. VOZ VIRGEN.-¿Por qué reaccionas así? ¡Vence esta timidez! ¡No te reprimas! PADRE FRANCISCO.-Las estrellas te envuelven en su manto para ser la reina de esta noche. Una noche en la que me declaro a ti, en la que te digo que te amo. ¡No me desprecies! ¡Entrégate a este casto fraile! VOZ VIRGEN.-Debes comprender que nunca he tenido relaciones. Por más que me lo pedía mi marido... ¡Dejaría de ser yo! Soy esclava de mi propio personaje. ¡Es muy tarde para destruirlo! PADRE FRANCISCO.-¡¡No es verdad!! ¡¡Siempre nacemos cada día!! ¿Puedo tener alguna esperanza? VOZ VIRGEN.-Hombre... ¡¡No insistas!! (Se apaga y enciende rápida la luz. Ha desaparecido PADRE FRANCISCO y en su lugar, ante la imagen de rodillas y con las manos entrelazadas, se encuentra PADRE IGNACIO.) PADRE IGNACIO.-¡¡Oh, parece un sueño en la rutina del tiempo!! El Hermano Domingo obraba con cordura. ¿Cómo iba a desvariar? No estaba equivocado. ¡Te oigo, Virgen santa! Me has hablado desde un principio y yo sin saber escucharte. Sabía que lo harías, que gratificarías mi fe. ¡La vida sin creer es un absurdo! VOZ VIRGEN.-A ver si os ponéis de acuerdo. Otros dicen lo contrario. De continuar así... ¡Cuánta oscuridad en vuestra lógica! Existir va a resultar un sofisma pienses lo que pienses. PADRE IGNACIO.-He esperado tanto este momento... Como el enamorado que deshoja su margarita... Mas ahora naufrago entre la duda. ¡Gran error el de los religiosos...! Me siento incrédulo. ¡No puede ser verdad! VOZ VIRGEN.-Hijo, pues si pierdes toda tu vida en un convento para esto... ¡Mejor sería que te hubieses dedicado a otra cosa! Es más rentable. PADRE IGNACIO.-He renunciado a todas las chicas. Estaban llenas de imperfecciones o su belleza era destruida por la vejez. ¡Sólo Tú! La que erróneamente te imaginaba... Reunías las cualidades que exigía. VOZ VIRGEN.-¡Vaya! Buscabas una aventura con la inmortalidad! Lo mortal es tan efímero... ¿Te das cuenta? Me has localizado. ¡Ya me tienes próxima a ti! PADRE IGNACIO.-¡No es cierto! ¡Es imposible que te encuentres a mi lado! ¡Nunca has sido lo que enseñaron a pobres ignorantes! Nos embaucaron. Te han convertido... ¡En un ideal de mercaderes de biblias! VOZ VIRGEN.-¡Qué hereje me estás resultando! Cómo sois los frailes actuales. Pensar así con el hábito que llevas puesto... ¡Voy a tener que hacer apostolado contigo! PADRE IGNACIO.-Si fuese verdad tu presencia... Soy tan desconfiado... ¡No! ¡Eres Tú! ¡Nuestra Señora! ¡Por la que he suspirado toda mi vida! Mi media naranja en la lejanía... ¡Iré al cielo a raptarte! VOZ VIRGEN.-¡No puede ser! ¿Te das cuenta? ¿Ver a la Virgen escapando con un admirador? Dejar mi empleo en las alturas... ¡Qué ejemplo daría! PADRE IGNACIO.-¡Escapa del paraíso! ¡Nadie notará tu ausencia! ¡Pasarás desapercibida! Comienzo a sentirme celoso... ¡Dime la verdad! ¡No me engañes! Me suicidaría para estar contigo. ¿¿Te interesa otro?? VOZ VIRGEN.-¡¡Qué horror!! ¡¡Lo que una tiene que oír!! He nacido tan virtuosa... ¡¡Ni en mis tiempos de casada!! ¡¡Nunca se me ha pasado por la cabeza!! PADRE IGNACIO.-¡Decídete! ¡Ven a mí! Desciende lentamente hasta caer entre mis brazos... Recorreremos el mundo cogidos de la mano. ¡Seremos una pareja libre y feliz! Más adelante... ¡Tendremos un hijo! VOZ VIRGEN.-¿¿Un hijo...?? ¡¡Ave María Purísima!! (Se apaga y enciende rápida la luz. Ha desaparecido PADRE IGNACIO y en su lugar, ante la imagen de rodillas y con las manos entrelazadas, se encuentra HERMANO DOMINGO. Se levanta contento y deja caer sus manos.) HERMANO DOMINGO.-Prosigue la larga y maravillosa noche. ¡Qué nihilistas son mis compañeros de convento! Me dan tanta pena... No pueden deleitarse con lo divino. Si a ellos no les habla... ¡Su voz será sólo para mí! (Abre la puerta de la izquierda y, cerrándola, hace mutis por ella. UN MOMENTO. Por la derecha entra feliz PADRE FRANCISCO. Voz muy baja.) PADRE FRANCISCO.-Perdone que le despierte, Hermano Domingo. Oh... Se ha fugado. ¿Iría a bailar de hábito sin mi permiso? Estos jóvenes... (Va hasta la puerta izquierda y la golpea débilmente. Voz normal.) Hermano Domingo, Hermano Domingo... VOZ HERMANO DOMINGO.-Un momento, Padre Francisco. Ahora salgo. ¡Le juro que no estoy viendo ninguna revista obscena! PADRE FRANCISCO.-No se preocupe. También estoy desvelado. Esperaré. Mis intenciones son honestas. Recupere el sosiego. (Se sienta en la silla. UN MOMENTO. Por la derecha entra dichoso PADRE IGNACIO. Voz muy baja.) PADRE IGNACIO.-No quiero despertarle, Hermano Domingo... ¿Dónde está? ¿En qué lugar se encuentra? No... lo veo... (PADRE FRANCISCO se levanta. Voz normal.) PADRE FRANCISCO.-Ahora viene, Padre Ignacio. Está ocupado. No se le ocurra sospechar que yo he venido... (Voz normal.) PADRE IGNACIO.-¡Dios me libre de pensar algo semejante de un espíritu elevado! También mis propósitos son castos. PADRE FRANCISCO.-Es nuestra obligación después de profesar los votos. ¡Nunca hemos sido unos depravados! (Se miran. PAUSA.) PADRE IGNACIO.-Intentaba dormir inútilmente... PADRE FRANCISCO.-Por más vueltas que daba en la cama... PADRE IGNACIO.-Es que me pasa cada cosa... PADRE FRANCISCO.-¡Dígamelo a mí! Me ha sucedido algo tan extraño... (PAUSA.) PADRE IGNACIO.-¡Ay, qué vida, Señor! Esta Virgen... PADRE FRANCISCO.-¡Es la madre de Dios! ¿Tiene algo contra Ella? PADRE IGNACIO.-Cómo voy a censurarla... ¡Todas son alabanzas! PADRE FRANCISCO.-No me dirá que le habló por los codos. PADRE IGNACIO.-¡¡Sí!! ¡¡Qué conversación tan interesante!! PADRE FRANCISCO.-¡¡Parece universitaria!! ¡¡Conmigo hizo exactamente igual!! PADRE IGNACIO.-¡Es algo extraordinario! ¡Grandioso! ¡Divino! ¡Sólo al alcance de sus selectos y exquisitos devotos! PADRE FRANCISCO.-Algo así como adquirir la lotería del paraíso y que salga premiada. ¡Un lujo incomparable alternar con María Santísima! (Voces bajas.) PADRE IGNACIO.-Y decíamos que el más humilde del convento... PADRE FRANCISCO.-¡Qué gran error! Nos atrevíamos a comentar que el pobre Hermano Domingo era víctima de alucinaciones... (Se abre la puerta izquierda y entra HERMANO DOMINGO que la cierra.) HERMANO DOMINGO.-¡Padre Francisco! ¡Padre Ignacio! ¿Qué comentaban del Hermano Domingo en esta larga noche de insomnio colectivo? PADRE FRANCISCO.-No, nada. PADRE IGNACIO.-Pasábamos por aquí... (PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO se miran mientras HERMANO DOMINGO los observa. PAUSA.) HERMANO DOMINGO.-¿A qué se debe el honor de esta inesperada visita? ¿Les ha ocurrido algo? Me agradaría, y dentro de la virtud que nos caracteriza, poder serles útil... PADRE IGNACIO.-Únicamente veníamos... PADRE DOMINGO.-Nos acercamos aquí... ¡Va a llevar una sorpresa...! HERMANO DOMINGO.-Si son tan amables de explicarse... ¡Me tienen intrigado! PADRE IGNACIO.-¡¡La Virgen!! PADRE FRANCISCO.-¡¡Nuestra Señora!! HERMANO DOMINGO.-Aunque ustedes se rían de mí, sigue hablando conmigo. Entre los dos van creciendo una gran amistad. PADRE IGNACIO.-¡Lo comprendo perfectamente! No precisa justificarse. PADRE FRANCISCO.-Es natural. ¡Nunca lo he puesto en duda! HERMANO DOMINGO.-No hace mucho me decían... ¡Cómo han cambiado de opinión! ¿Cuál es la causa de manifestarse de esta guisa? PADRE FRANCISCO.-Porque Ella... PADRE IGNACIO.-La Madre de Dios... PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO.-¡¡También habla con nosotros!! HERMANO DOMINGO.-¿¿Eh?? ¡¡No puedo creerlo!! PADRE IGNACIO.-¡¡Es verdad!! ¡¡Tan claro como el agua!! PADRE FRANCISCO.-¡¡Pregúnteselo a Ella!! ¡¡No le va a engañar!! (Se miran. PAUSA.) HERMANO IGNACIO.-¡No saben lo que me alegro! ¡Todos nosotros somos unos privilegiados! PADRE IGNACIO.-¡La Virgen ya es de nuestra familia! PADRE FRANCISCO.-Nos pasamos tanto tiempo rezándole, pidiéndole cosas, conversando como sus fervientes devotos... ¡Y la Virgen nos ha correspondido! HERMANO IGNACIO.-¿Tienen la certeza? ¿Están ustedes seguros? PADRE FRANCISCO.-¡Completamente! ¡No es una paranoia mística! PADRE IGNACIO.-¡He estado charlando en privado, durante un momento, con la que viste y calza! HERMANO DOMINGO.-Me cuesta tanto trabajo comprenderlo ... PADRE FRANCISCO.-¿Por qué? El que una imagen sostenga una conversación con un religioso... ¡Resulta de lo más corriente! PADRE IGNACIO.-Lo ilógico sería que no nos hiciese caso, que sólo se revelase por señas. ¡No sería muy correcto! HERMANO DOMINGO.-Y yo que me imaginaba que era su predilecto... ¡No puede hacerme eso! ¡Es solamente mía! PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO.-¡¡Es de todos!! HERMANO DOMINGO.-Decir que les habla la Virgen porque sienten envidia de que lo haga conmigo... ¡Ustedes deliran! ¡Sufren deslumbramientos! PADRE IGNACIO.-¿Es que nuestras palabras no poseen credibilidad? HERMANO DOMINGO.-¡¡Ninguna!! PADRE FRANCISCO.-¿Quiere convencerse de una vez? ¿Desea comprobarlo? HERMANO DOMINGO.-¡¡Inmediatamente!! ¿¿De qué forma?? (PADRE FRANCISCO saca un pañuelo y le tapa los ojos a la imagen.) PADRE FRANCISCO.-¡Ahora se cerciorará! PADRE IGNACIO.-¡Va a ver cómo nos conoce! HERMANO DOMINGO.-¡No se comporte frívolamente! ¡Es una falta de respeto jugar con Nuestra Señora a la gallina ciega! (PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO se ponen de rodillas, y con las manos entrelazadas, ante la imagen.) PADRE IGNACIO.-¡Madre mía! PADRE FRANCISCO.-¡Escucha al que te adora! (Se pone de rodillas, y con las manos entrelazadas, ante la imagen.) HERMANO DOMINGO.-¡Mi pedazo de cielo! VOZ VIRGEN.-Hola, querido Hermano Domingo. (PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO se miran serios. PAUSA.) PADRE FRANCISCO.-¿Te acuerdas de mí? PADRE IGNACIO.-¿Sabes quién soy yo? VOZ VIRGEN.-Me alegra tanto que te dirijas a mí, Hermano Domingo... PADRE FRANCISCO.- ¿¿Eh?? PADRE IGNACIO.-¡¡No!! (Se miran muy serios. HERMANO DOMINGO los observa sonriente. PAUSA.) PADRE IGNACIO.-¿¿Es que ya te has olvidado tan pronto de mí?? ¿¿No recuerdas nuestra reciente conversación?? ¿¿Tienes tan mala memoria?? PADRE FRANCISCO.-¡Soy el Superior de este convento! ¡Tú no sabes con quién estás hablando! ¡¡Pero qué se ha creído esta mujer quién es!! HERMANO DOMINGO.-¿Se dan cuenta, Padres? ¿Lo entienden ahora? (PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO se miran resignados. PAUSA.) PADRE FRANCISCO.-Hemos sufrido un ofuscamiento, Padre Ignacio. PADRE IGNACIO.-Sí, Padre Francisco. Y todo motivado por nuestra soberbia. Sólo el Hermano Domingo tiene la exclusiva de su voz. VOZ VIRGEN.-¿Me llamabas, Padre Ignacio? PADRE FRANCISCO, PADRE IGNACIO y HERMANO DOMINGO.-¿¿Cómo...?? PADRE IGNACIO.-Sí, Nuestra Señora. PADRE FRANCISCO.-¡De usted se ha acordado, Padre Ignacio! Pero de mí... PADRE IGNACIO.-Es que a usted, Padre Francisco, se acaba de dirigir a Ella con una improcedente superioridad... PADRE FRANCISCO.-Me lo temía... ¡Qué cabeza la mía! VOZ VIRGEN.-¿Te duele, Padre Francisco? PADRE FRANCISCO, PADRE IGNACIO y HERMANO DOMINGO.-¡¡Oh!! PADRE FRANCISCO.-¡No, Virgen María! ¡ Me has reconocido! (Se levanta dichoso, le retira el pañuelo a la imagen y lo guarda. PADRE IGNACIO y HERMANO DOMINGO se levantan contentos y dejan caer sus manos.) PADRE IGNACIO y HERMANO DOMINGO.-¡¡La Virgen nos habla a los tres!! PADRE FRANCISCO.-¡Nuestra vocación no es el absurdo! ¡¡Ella ha entrado en nuestro convento!! (Se miran serios. PAUSA.) PADRE IGNACIO.-Si todo fuese una alucinación colectiva... PADRE FRANCISCO.-Que nuestras mentes desvariasen por una deformación de la fe... HERMANO DOMINGO.-O escuchásemos una voz inexistente porque nos hallamos solos en nuestra ignorancia. (Se tornan tristes. PAUSA.) PADRE FRANCISCO.-¡Nos han mentido con ideas oscuras! HERMANO DOMINGO.-¡Estamos perdiendo la vida al ser víctimas de una educación despiadada! PADRE IGNACIO.-¡Sobramos aquí! ¡Nos vamos consumiendo en una cárcel de embustes! (Se quitan rápidos los hábitos, que arrojarán al suelo, y quedan con ropa sencilla.) HERMANO DOMINGO.-¡¡No aguanto más este disfraz!! PADRE IGNACIO.-¡¡Las creencias religiosas son un nauseabundo carnaval!! PADRE FRANCISCO.-¡¡Estamos vivos y hemos conocido la realidad!! ¡¡Volvamos a la vida!! (Mutis rápido de los tres por la derecha. UN MOMENTO. Vuelven a entran lentamente por el término y se dirigen hasta sus hábitos. Se miran serios. PAUSA.) PADRE IGNACIO.-El mundo nos abría sonriente los brazos. HERMANO DOMINGO.-Pero seguía oliendo a podrido como cuando lo dejamos. PADRE FRANCISCO.-¡La verdadera luz se encuentra entre las paredes de este convento! (Ponen rápidos sus hábitos. Se miran sonrientes. PAUSA.) HERMANO DOMINGO.-¡Es hermoso pasar la existencia entre sus rejas! PADRE IGNACIO.-¡Sus noches son de sueños celestiales! PADRE FRANCISCO.-¡Dormimos y la vida que no muere nos visita! (PAUSA.) PADRE IGNACIO.-Habíamos llegado a nuestra celda. PADRE FRANCISCO.-Y en ella seguimos encerrados. HERMANO DOMINGO.-Jamás hemos coincidido los tres en esta noche. Cada uno descansa |