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MIGUEL MOLINA SE ESTRENA COMO
PRODUCTOR CON TÍO BOB
(Una entrevista de
Sofía Basalo)
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Miguel Molina o Miki Molina
produce su primera obra teatral. “Tío Bob” de Austin Pendleton.
Está orgulloso de esta aventura, saborea el riesgo con cierta
prudencia, defiende con energía y pasión esta historia de amor...
diferente. Hablo con él un martes, dos días después recibe la noticia
de que su proyecto no entra en la Red de Teatros de la Comunidad de
Madrid. La reacción del actor ahora productor es rotunda, no puedo ni
quiero ocultar que me cae bien y que no estaría mal saber cuáles son
los criterios que la responsable del “asunto” tiene en cuenta...
En fin, esta fue mi conversación con
Miguel Molina, “Tío Bob”: |
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(...) ésta una función diferente donde
tratamos temas importantísimos como todos esos contrastes que están
habiendo ahora mismo en el ser humano tan terribles y ese desencanto
social que está a la orden del día...
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Yo creo que hay que volver un poquito
al humanismo, a recurrir a las artes para plantear soluciones
conforme a lo que está pasando para volver a enfrentarnos a códigos
del ser humano que estamos perdiendo... porque hay cantidad de
códigos como el respeto que se están perdiendo... como la
solidaridad (...)
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Somos cada día más ególatras, estamos
más mirándonos a nosotros mismos y no vemos más allá de nuestras
narices cuando hay cosas que suceden mucho más graves y con las que
tendríamos que ser más solidarios...
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(...) una de las cosas que me gusta de
Bob, es cómo afronta su muerte... cómo afronta el sentir que se está
muriendo, porque hoy en día, en esta enfermedad (SIDA) se han
superado un montón de cosas... pero él sí siente eso... ésa es su
verdadera enfermedad, sentir que se está muriendo, pero ¿por qué?...
por el desencantamiento social que él tiene y que él siente, por el
rechazo social que tiene no sólo por su enfermedad sino por su
manera de ser, de decir las cosas, porque es un hombre que aunque
duela, la verdad la tiene ahí delante...
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Me fascina la nueva generación de
directores, de actores, proyectos... me parecen fascinantes... ellos
y sus trabajos... y así con muchas cosas... el teatro me parece que
igual que hace falta público no estamos faltos de ideas... veo todo
quizá desde un punto de vista más tranquilo... quizá no estamos tan
revolucionarios como en otras épocas... y eso se echa en falta...
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Pregunta: Creo que es la primera vez que
produces, que te arriesgas con una obra de teatro y ésta ha sido “Tío Bob”...
Miguel Molina: Efectivamente, es la primera
vez que me he atrevido a dar el paso de la producción. Era una función
difícil de tener ayuda de ningún lado, porque no las hemos tenido, no
porque no hayamos cumplido con todos los requisitos, sino porque no nos ha
tocado... cosa que nos deja un poco impávidos, pero bueno... con lo que
nosotros lo hemos producido y ahí estamos, en Madrid... produciendo y
subiendo a la tabla cosa que es complicadísima.
Pregunta: ¿A qué sabe el riesgo?
Miguel Molina: Pues mira, siempre se ha dicho
o por lo menos yo lo he oído, que en el riesgo está el placer... claro
cuando a través del riesgo te viene el éxito... con lo que esto tiene que
funcionar, porque si no, este placer se va a convertir en una tortura...
Pregunta: Creo también que llevabas tiempo
intentando hacer esta obra, intentando producirla...
Miguel Molina: Sí, la primera vez que la leí,
lo hice en inglés, me gustó muchísimo. Mandé hacer una traducción para
tratarla aquí y fue hace diez años, quizá once... y después de ese tiempo
cayó en mis manos, por medio de magia... había hecho la traducción la
había dejado dentro de un libro, en mi biblioteca, un libro que no había
leído... y en ese momento en que nuevamente cayó en mis manos, me dije
“bueno, esto es una... pista de lo que estamos buscando para producir
algo”... volví a leerla, volví a repasar el guión y me di cuenta que era
una función que había que terminar de parirla, que estaba ahí, que eso
había ocurrido por algo y eso hemos hecho... y aquí estamos... es ésta una
función diferente donde tratamos temas importantísimos como todos esos
contrastes que están habiendo ahora mismo en el ser humano tan terribles y
ese desencanto social que está a la orden del día... se tratan desde el
punto de vista de Bob, Tío Bob... es una persona desencantada con el mundo
y encerrado en su casa, cascarrabias... y con su sentido del humor que es
lo importante... dentro de todas esas cosas malas que tiene o que le ha
ocurrido en su vida tiene ese punto vibrante y brillante que te da el
humor...
Pregunta: Como bien dices los dos son
personajes complejos, difíciles... la relación tío - sobrino, es una
relación muy rica, muy tierna aunque aparentemente es muy áspera... pero
detrás de todo eso se ve un amor inmenso... ¿habrá sido también compleja
la labor interpretativa, no?
Miguel Molina: Sí, eso es lo que ocurre. Yo
creo que, no en todas, gracias a Dios, porque no todas las relaciones son
así, pero creo que sí quizá tengan un punto todas las relaciones en las
que uno pueda perder los estribos en un momento determinado a la hora de
discutir... no perder los estribos de llegar a las manos, bueno en este
caso sí, ese ser llega a las manos porque hay un instante en el que mi
sobrino en escena me zurra... pero que sí se llega a ese lenguaje en el
que están tan cercano el uno del otro y tienen tanto tratamiento durante
toda una vida... se conocen tanto... que llegan a utilizar ese lenguaje
que a veces hace, sobre todo en los primeros compases de la función, hace
un poco de daño porque no se entienden muy bien... lo que ocurre es que
conforme va avanzando la función te das cuenta de que todo ese lenguaje
más ácido está lleno de cariño por todos los lados... hay en fin un
contraste de ideas muy rico, muy enriquecedor, muy bello en todos los
sentidos...
Pregunta: ¿Necesitamos hoy en día en el
teatro obras como ésta?
Miguel Molina: Yo creo que sí. Es un momento
crítico para esto, precisamente. Yo creo que hay que volver un poquito al
humanismo, a recurrir a las artes para plantear soluciones conforme a lo
que está pasando para volver a enfrentarnos a códigos del ser humano que
estamos perdiendo... porque hay cantidad de códigos como el respeto que se
están perdiendo... como la solidaridad, también... hay una serie de cosas
que antes eran mucho más normal que sucediesen y no sé porqué ahora están
de moda otras cosas completamente diferentes de las que no soy
partidario... y por eso yo creo que esta función está ahí, para
recordarnos que la vida es preciosa, que la vida es preciosa y que no hay
que malgastarlo, que hay que aprovecharlo, que hay que hacer el bien, pero
no porque sea lo correcto, sino porque sólo así nos sentimos bien. Al
hacer el bien a los demás nos lo hacemos a nosotros mismos... hay que
mirar lo bueno de la vida... e intentar cuidarlo y mimarlo... yo creo que
eso es lo que se plasma en esta función... y lo que hacemos cada día...
somos el vehículo del amor que llega a estos dos personajes, aunque sea a
través del dolor...
Pregunta: ¿Cuáles crees que son las razones
de que hayamos perdido esa humanidad?
Miguel Molina: Yo creo que quizá es el
egoísmo. Somos cada día más ególatras, estamos más mirándonos a nosotros
mismos y no vemos más allá de nuestras narices cuando hay cosas que
suceden mucho más graves y con las que tendríamos que ser más
solidarios... entonces, creo que basándonos en ese punto, si eso es la
semilla, el germen, imagínate pues como son las ramificaciones que
tenemos... el hacer el mal... no digo que sólo exista esto, porque también
hay gente maravillosa que está haciendo cosas cojonudas... pero hoy por
hoy, el sistema está más a favor o parece que ayuda más a la gente que
quizá esté manejando las cosas negativas... parece que la trampa funciona
más que la verdad... o la mentira que la verdad y la trampa frente a la
sinceridad... y así, suma y sigue, suma y sigue... con lo que esto se
convierte en una merienda de negros en la que yo, por ejemplo, no me
siento a gusto... y procuro denunciar.
Pregunta: ¿Quizá estamos acostumbrados a
convivir con la mentira, con la trampa y llegamos a pensar que el precio
de la verdad puede ser demasiado alto?
Miguel Molina: Sí... pero no es cierto... el
precio de la verdad no es ni alto ni bajo, es el que es... y una de las
cosas que me gusta de Bob, es cómo afronta su muerte... cómo afronta el
sentir que se está muriendo, porque hoy en día, en esta enfermedad (SIDA)
se han superado un montón de cosas... pero él sí siente eso... ésa es su
verdadera enfermedad, sentir que se está muriendo, pero ¿por qué?... por
el desencantamiento social que él tiene y que él siente, por el rechazo
social que tiene no sólo por su enfermedad sino por su manera de ser, de
decir las cosas, porque es un hombre que aunque duela, la verdad la tiene
ahí delante... salga el sol por donde salga, esto molesta mucho al pueblo
o a nosotros en general, que nos digan la verdad, enfrentarnos a las cosas
realmente... entonces eso es algo que él afronta y dentro de esa locura
que él tiene... posee un sentido del humor interesante... porque él se ríe
de las cosas que al fin y al cabo son inevitables, porque nosotros, al fin
y al cabo todos llevamos un muerto encima, por decirlo de alguna manera...
yo no creo que esto sea todo, creo que todos tenemos un alma maravillosa
que va a continuar, cuando no esté en mi cuerpo... mi alma continuará su
camino... y siempre lo he pensado y lo voy a seguir pensando... pero que
vamos todos a esa hecatombe, obviamente, unos de una manera otros de otra,
tenemos que afrontar que estamos aquí de paso y qué es lo que vamos a
dejar... hay unas frases fantásticas que dice Bob a veces por ejemplo, que
su manera de ser no encaja en un mundo en el que se han arrancado de cuajo
todas las cosas bellas que existían... y es cierto, parece que es como muy
tremendo pero si no todas, muchísimas de ellas... es decir, las cosas más
hermosas que existían, no sé, tener... había otra manera de asumir el
tiempo que estábamos aquí... ahora vamos acelerados... a un teatro
corriendo, a cenar corriendo, al día siguiente veinte entrevistas... todo
eso se va acumulando... y va en deterioro del ser humano... si tú vas
metiendo estrés en tu cuerpo y no vas disfrutando y vas poniendo cada
tiempo... en fin, si no aprovechas las cosas que haces... al final acabas
en una hecatombe en la que no sabes ni dónde estás... debemos empezar a
valorar el tiempo y a saber que el tiempo es precioso, que la vida es muy
bonita y que tenemos muchas cosas que hacer...
Pregunta: ¿Cómo ves el teatro en la
actualidad?
Miguel Molina: Lo que sé es que yo cada vez
soy más exquisito a la hora de ver cosas... me cuesta... me gusta ver
cosas nuevas, pero cuando no me gustan me levanto y me voy... y no es una
cuestión de falta de respeto hacia los compañeros, mira que aguanto todo
lo que puedo... siempre voy con la misma predisposición... en otras, me
quedo y me engancho... y me parecen fantásticas... por eso, por tener más
ojo... estoy viendo cosas muy buenas. Me fascina la nueva generación de
directores, de actores, proyectos... me parecen fascinantes... ellos y sus
trabajos... y así con muchas cosas... el teatro me parece que igual que
hace falta público no estamos faltos de ideas... veo todo quizá desde un
punto de vista más tranquilo... quizá no estamos tan revolucionarios como
en otras épocas... y eso se echa en falta... yo siempre que he dicho algo
últimamente, cuando he dicho mirad estoy produciendo un drama diferente...
y la gente me dice ¡¡un drama, los dramas... tendrías que haber hecho una
comedia...!! pues mira qué quieres que te diga, me parece mucho más cómico
el punto de vista que tengo con Bob... sobre lo que hablo, sobre el
sistema que no la risa fácil...
Pregunta: ¿Falta pues un poquito de
inteligencia?
Miguel Molina: No sé si inteligencia... lo
que falta es respeto y a todos los niveles... lo que sí creo es que se
necesitan éticas sanas, buenas y respeto de los unos con los otros... y
saber incluir en nuestras vidas un poquito de seriedad a veces a la hora
de decir las cosas...
Sofía Basalo

 
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LUCÍA QUINTANA SE HA PUESTO EN LA PIEL DE SIETE PERSONAJES EN SÍ, PERO
NO LO SOY
(Una entrevista de
Sofía Basalo)
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Tras interpretar a Roxanne en
“Cyrano” la vallisoletana
Lucía Quintana se ha puesto en la piel de siete
personajes en “Sí,
pero no lo soy”, último proyecto de Alfredo
Sanzol, que podemos ver en la Sala de La Princesa del Teatro María
Guerrero. |
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Estamos condicionados por lo que
sucede a nuestro lado, por acontecimientos que nos tocan vivir, por
vínculos que mantenemos con otras personas... no te comportas ni te
sientes de la misma manera con un amigo o con alguien que acabas de
conocer, depende de lo que deseas de él, de lo que necesitas, de lo
que te inspira, esto es cambiante, pero la sociedad, los sistemas de
vida que llevamos, favorecen el miedo, la seguridad mal entendida,
el que no nos aceptemos.
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(...) la hipocresía es el no
aceptarte, el no aceptar que actúas de una manera, criticar algo y
tú mismo hacerlo, pero creo que una de las cosas más humanas, está
por todas partes, uno es más libre si no es hipócrita.
-
(...) anteriormente habíamos mostrado
nuestros trabajos en salas alternativas como la Cuarta Pared, y
ahora llegamos al Centro Dramático Nacional porque a su director,
Gerardo Vera, le encantó el anterior texto de Alfredo "Risas y
Destrucción" en la Cuarta Pared, y le ha encargado este "Sí, pero no
lo soy" para el María Guerrero.
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(...) lo más bonito y difícil es la
cercanía que hay en este montaje con el público, la escenografía es
una sala de fiesta de los 60, un espacio circular, donde se siente
todo cerquísima, esto posibilita la comunicación con el público, el
transmitir las emociones y las sensaciones absolutamente desde la
verdad, dejando que el público se convierta en un privilegiado
vouyer.
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Lo que me preocupa es la afición de
este país, hay menos que en otros países, es una pena. La gente
debería descubrir el teatro desde pequeños, se debería crear esa
afición conociéndolo de cerca, viendo espectáculos de todo tipo,
nacionales e internacionales.
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Pregunta: El autor y director de “Sí, pero no lo soy” ha escrito: “A lo
largo de una vida, una persona es muchas personas, pero no aceptamos esa
realidad”. ¿Cuál crees que es la razón?
Lucía Quintana:
Creo que la razón por la que no aceptamos esa realidad es en parte el
miedo, el miedo a que nos dejen de querer los demás y a descubrir cosas
que no esperamos en nosotros que quizá en otros momentos hemos rechazado,
al verlo en otras personas. Estamos condicionados por lo que sucede a
nuestro lado, por acontecimientos que nos tocan vivir, por vínculos que
mantenemos con otras personas... no te comportas ni te sientes de la misma
manera con un amigo o con alguien que acabas de conocer, depende de lo que
deseas de él, de lo que necesitas, de lo que te inspira, esto es
cambiante, pero la sociedad, los sistemas de vida que llevamos, favorecen
el miedo, la seguridad mal entendida, el que no nos aceptemos.
Pegunta: ¿Es indispensable aceptarnos para que los demás nos
acepten?
Lucía Quintana: No. Los demás pueden aceptarte y tú no hacerlo y estar en
guerra contigo mismo siempre. Creo que uno vive más cómodo si se acepta,
aunque conseguirlo me parece difícil y que requiere un esfuerzo cada día,
por otro lado este camino es el que te permite aprender, es apasionante.
Pregunta: ¿De qué depende nuestra identidad, nuestro ser?
Lucía Quintana: Depende de muchas cosas, es una pregunta muy
filosófica, creo que no la podré contestar bien, depende de dónde vienes,
de tus elecciones, de tus deseos y necesidades, de tu voluntad, y de que
te quites a la vez todo eso de encima y te quedes con el ser, lo
esencial.
Pregunta: ¿Es el ser humano hipócrita consigo mismo?
Lucía Quintana: Sí claro, la hipocresía es el no aceptarte,
el no aceptar que actúas de una manera, criticar algo y tú mismo hacerlo,
pero creo que una de las cosas más humanas, está por todas partes, uno es
más libre si no es hipócrita.
Pregunta: ¿Qué les puede faltar a estos personajes para que
puedan decir “sí, lo soy”?
Lucía Quintana: ¿Para qué van a decir “sí, lo soy”? si están
cambiando, si se dan cuenta de que no son como creían ser, si hacen el
esfuerzo de explicar a los demás cómo han cambiado o cómo les gustaría
cambiar, entonces lo que tendrían que añadir es Sí lo soy, pero ahora.
Luego no se sabe. A algunos personajes les falta el valor para decirlo,
otros se desnudan y se muestran, en la función, y son unos momentos
preciosos, porque los ves aceptando su realidad y teniendo la posibilidad
de cambiar, esperando que sea para mejor.
Pregunta: ¿Cómo surgió la oportunidad de formar parte de este
proyecto?
Lucía Quintana: Bueno, Alfredo Sanzol que es el autor y
director, y los actores, llevamos ocho años trabajando juntos, desde que
nos conocimos al acabar la escuela de arte dramático, formamos
Producciones del Callao y aunque todos trabajamos en distintas
producciones, con otras compañías y también en cine y televisión, nos
juntamos para trabajar juntos y hacer nuestros proyectos, anteriormente
habíamos mostrado nuestros trabajos en salas alternativas como la Cuarta
Pared, y ahora llegamos al Centro Dramático Nacional porque a su director,
Gerardo Vera, le encantó el anterior texto de Alfredo "Risas
y Destrucción" en la Cuarta Pared, y le ha encargado este "Sí, pero no lo
soy" para el María Guerrero.
Pregunta: ¿Cómo ha transcurrido el período de ensayos?
partiendo de la base de la originalidad de la puesta en escena; realmente
bonita, muy cercana al público y por supuesto de los muchos y variados
registros y personajes a los que tenéis que dar voz.
Lucía Quintana: Ha sido muy placentero, ya que nos conocemos
todos de haber trabajado ya juntos, lo más bonito y difícil es la cercanía
que hay en este montaje con el público, la escenografía es una sala de
fiesta de los 60, un espacio circular, donde se siente todo cerquísima,
esto posibilita la comunicación con el público, el transmitir las
emociones y las sensaciones absolutamente desde la verdad, dejando que el
público se convierta en un privilegiado vouyer. Y muy divertido
hacer siete u ocho personajes cada uno, ya que la obra se compone de
“sketch” diferentes que tratan el tema de la identidad, pasando por muchas
situaciones cercanas y no tan cercanas pero siempre reconocibles,
mirándolas desde el humor, elemento fundamental en el trabajo de Alfredo
Sanzol.
Pregunta: Esa cercanía al público de la puesta en escena,
¿favorece, quizá, el hecho de que el espectador pueda sentirse reflejado
en alguno de los distintos personajes que tienen voz en esta función?
Lucía Quintana: Sí favorece ya que aprecias todos los matices
de la interpretación del actor al estar tan próximo, aunque nuestro
trabajo tiene que llegar tanto si estás en un teatro grande como en uno
pequeño. Es una cuestión de energías.
Pregunta: A pesar de tu juventud, tienes una larga
trayectoria en el teatro, en la interpretación, en general. ¿Cómo ves el
teatro actualmente?
Lucía Quintana: El teatro ahora cuenta con un montón de
gente, tanto actores, directores, autores, productores etc... jóvenes que
están empezando a hacer cosas muy interesantes, es una nueva generación yo
creo que muy activa, que tiene mucho que contar, y con unas energías
renovadas. Lo que me preocupa es la afición de este país, hay menos que en
otros países, es una pena. La gente debería descubrir el teatro desde
pequeños, se debería crear esa afición conociéndolo de cerca, viendo
espectáculos de todo tipo, nacionales e internacionales.
Pregunta: Llegas a “Sí, pero no lo soy” después de vivir en
la piel de “Roxanne” en “Cyrano” durante muchos meses; un cambio de
registro importante ¿Cómo ha sido esa experiencia?
Lucía Quintana: Hacer Roxane, ha sido muy importante, un
reto. Es una función difícil y maravillosa, un personaje que tiene que
estar acompañando a otro grande como Cyrano, además interpretado por el
gran José Pedro Carrión, he aprendido muchísimas cosas de él y de todos
mis compañeros. Cambiar de registro es estupendo para un actor, es
divertidísimo y supone jugar mucho, arriesgar e investigar. En “Sí, pero
no lo soy” hago un trabajo muy diferente, más de comedia, pasar de hablar
en verso, a ser siete personajes diferentes, que tienen poco tiempo para
decir lo que quieren decir, es muy interesante, poder trabajar en
proyectos tan diferentes.
Pregunta: ¿Cuál de esos personajes te ha resultado más
complejo, ha sido más difícil y a cuál te puedes haber sentido más
próxima?
Lucía Quintana: Lo de la proximidad con un personaje es
relativo, cuando lo trabajas descubres qué tienes que ver con él, qué hay
de ti, cómo serías en esa situación, te ensañan muchas cosas y tú les
aportas las tuyas, nuestro instrumento para que suenen somos nosotros
mismos, nuestro cuerpo.
Pregunta: ¿A qué responderías “Sí, pero no lo soy”?
Lucía Quintana: A todo lo que a priori creo que soy, en un
afán de ser algo inamovible y perdurable. Lo que más me cuesta asumir, es
que todo cambia, esto suele dar mucho miedo.
Pregunta: ¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Lucía Quintana: Pues ahora cuando acabemos las funciones de
Madrid, descansaré un poco, y luego iremos de gira con la función, también
tengo unos proyectos de cine y televisión por concretar así que eso mejor
no se desvele...
Sofía Basalo

 
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JULIETA SERRANO
PROTAGONIZA LAS CUÑADAS
(Una entrevista de
Sofía Basalo)
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Encarna Lozano
ha sido la afortunada en un concurso radiofónico. Ha ganado un millón
de cupones con los que hará realidad todos sus sueños además de
restregar en las narices de sus vecinas, hermanas y cuñadas su
luminosa perspectiva de futuro. Así comienza “Las Cuñadas” de
Michel Tremblay, la nueva producción del Teatro Español que con un
nutrido reparto, lleno de mujeres, protagoniza Julieta Serrano.
Cuando contactamos con la veterana actriz, ésta se encuentra en
maquillaje, amablemente nos atiende y comenzamos la charla:
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Realmente creo que todas pertenecen,
aunque haya unas ciertas diferencias de grupo social, todas
pertenecen al mismo grupo social. Son unas pobres mujeres que de
algún modo sueñan con recibir algo del más allá, del paraíso... de
un concurso, de algo que les estimule en una vida gris y átona que
llevan...
-
Uno de los elementos de mi personaje
es estar siempre a la greña con su hija... porque su hija quiere
tener otra vida, es la clásica rebelde, que en todas las
generaciones se ha ido dando... el problema generacional...
entonces, las muchachas jóvenes, claro, sueñan con otra vida porque
se dan cuenta de que hay otra vida.
-
Yo creo que el teatro ha crecido. En
Madrid había bajado muchísimo en un momento... luego creo que se ha
empezado a recuperar... En Barcelona creo que hay un nivel
estupendo, pero cuando te haces mayor es muy difícil encontrar
papeles femeninos buenos... es muy difícil y aunque seas más joven,
porque ya sabes el tópico de siempre, pero es real, hay más papeles
de hombre que de mujer...
-
(...) es natural que la cosa mediática
de la televisión tiene una gran fuerza, más que el cine... pero
lógicamente la televisión también pasa y se olvida, en cambio el
teatro es algo que permanece y que creo que a la gente le obliga a
salir de casa y creo que está sucediendo un fenómeno de que a la
gente ver a los actores en persona... no sólo verlos en una
imagen... verlos en persona, cerca y tener el privilegio de asistir
a una representación allí mismo, en el momento, en vivo y en
directo...
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(...) es lo que estamos intentado
hacer las mujeres... ir más allá, crecer, conseguir lugares y campos
que nos estaban vedados hasta hace muy poco... me estoy refiriendo
por supuesto a países que tienen esas posibilidades... porque hay
tantos países en el mundo que están por debajo del nivel de la
miseria, que no tienen opciones... que su única opción es pensar qué
van a comer ese día... entonces, creo que sí, que la mujer está en
ese camino...
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Pregunta: En esta obra descubrimos las envidias y las mujeres que,
personalmente, creo no tienen nada que envidiarse ¿no?
Julieta Serrano: Realmente creo que todas pertenecen, aunque haya unas
ciertas diferencias de grupo social, todas pertenecen al mismo grupo
social. Son unas pobres mujeres que de algún modo sueñan con recibir algo
del más allá, del paraíso... de un concurso, de algo que les estimule en
una vida gris y átona que llevan... están totalmente oprimidas por la
sociedad, por las circunstancias, por la familia, por los deberes, por las
convenciones... entonces a mí lo que me provocan es mucha ternura...
Pregunta: Natalia Menéndez, la directora, ha comentado que con esta obra y
con este montaje ha pretendido rendir un homenaje a aquellas mujeres de
las que usted hablaba, sometidas a una vida gris... ¿Qué queda aún de
aquellas mujeres... a las de hoy nos resta un camino extenso todavía...?
Julieta Serrano: Yo creo que hemos andado bastante, sobre todo las mujeres
del mundo occidental... pero, lo que pasa es que no nos damos cuenta, los
que vivimos en una parcela de terreno en la que hemos alcanzado toda una
serie de cosas, que hay muchos lugares y muchos sitios muy cercanos que no
lo han conseguido y que continúan aún muy oprimidas y con falta de
elementos para vivir... y que sueñan con cosas imposibles, como un
cuento... un poco como la lechera... que van soñando, soñando y al final
se les rompe el cántaro... porque en realidad hay que ponerse a la
acción... a tratar de conquistar y de luchar para conseguir una vida mejor
o una vida distinta... una vida que les alegre más y que les dé más en el
corazón... que les llene el corazón de esperanza y de felicidad...
Pregunta: Es decir que los sueños que nos hacen avanzar son aquellos que
convertimos en realidad ¿no?
Julieta Serrano: Es que los sueños que no llevan acción no son reales y
entonces eso creo que, de alguna manera, les pasa a estas mujeres pero yo
creo que con una sociedad que de algún modo no las considera, las oprime,
las obliga a creer y a practicar unas cosas... la familia, la tradición,
las convenciones... la religión... toda una serie de actitudes que es que
son como un deber que tienen que cumplir y sin darles opción a nada
creativo entre ellas... por eso su mente se reduce a la mezquindad a la
envidia... a la pequeña envidia y a la pequeña mezquindad... se van
reduciendo a eso porque no tienen otro acicate...
Pregunta: Quizá también por esa razón su personaje, Encarna Lozano, en
cierta manera no permite vivir a su hija...
Julieta Serrano: No, claro. Uno de los elementos de mi personaje es estar
siempre a la greña con su hija... porque su hija quiere tener otra vida,
es la clásica rebelde, que en todas las generaciones se ha ido dando... el
problema generacional... entonces, las muchachas jóvenes, claro, sueñan
con otra vida porque se dan cuenta de que hay otra vida. Las madres en
cambio, ya no se dan cuenta, creen que la vida que tienen es la que tienen
la obligación y el deber de vivir y es eso mismo lo que está bien... y
esto es lo que pone en evidencia la obra; que no, que hay otra vida...
Pregunta: Y que puede ser igual de buena o más, incluso...
Julieta Serrano: Por supuesto.
Pregunta: ¿Cómo ha sido trabajar en este proyecto, eminentemente femenino?
Julieta Serrano: Sí, somos quince mujeres y la directora también mujer...
yo he hecho muchas obras con mujeres... y la verdad es que ha sido una
experiencia muy satisfactoria... porque he hecho tres veces “La Casa de
Bernarda Alba” en 1964, 1976 y 1989... he hecho “La Señora de Sade” en el
Teatre Lliure de Barcelona, donde también todas éramos mujeres... y ha
habido tan buena comunicación, tan buen rollo, como se dice... ha habido
una comunicación y una calidez tan buenas... también lo hace que el
director, en ese caso era un director, pero que el director de alguna
manera crea ese clima y además que las mujeres somos estupendas, nos
queremos mucho... digan lo que digan...
Pregunta: Sí, se suele decir que somos nuestras peores enemigas...
Julieta Serrano: Yo creo que no. Supongo que habrá de todo, como todo el
mundo... pero no precisamente por estar reunidas unas cuantas mujeres
vamos a estar peor que si lo están unos cuantos hombres... o mujeres y
hombres todos juntos... para nada...
Pregunta: ¿Y cómo es la unión del teatro y la mujer...?
Julieta Serrano: Yo creo que el teatro ha crecido. En Madrid había bajado
muchísimo en un momento... luego creo que se ha empezado a recuperar... En
Barcelona creo que hay un nivel estupendo, pero cuando te haces mayor es
muy difícil encontrar papeles femeninos buenos... es muy difícil y aunque
seas más joven, porque ya sabes el tópico de siempre, pero es real, hay
más papeles de hombre que de mujer... pero ahora quizá los autores se
fijan más en las mujeres y luego, creo que el teatro... cuando vas de gira
sí creo que hay más interés por él... quitando a Madrid y Barcelona, en el
resto de España sí hay mucho interés por ver teatro... pero a veces se
dejan llevar también por la popularidad de alguien de televisión ¿no? sin
tener en cuenta quizá todo el currículum de un actor o una actriz que
lleva toda la vida en el teatro y que ha hecho grandes cosas en el
teatro... pero, en general, yo creo que lo que pasa es que se ayuda poco a
los teatros independientes, a los teatros que decimos en Barcelona, “de
pequeño formato”... pero de ahí sale cantidad de gente, es como un
semillero... como lo es el conservatorio, el Instituto de Teatro de
Barcelona... quiero decir que hay que apoyar a todos esos teatros, porque
todos esos grupos... yo no he estado en ningún sitio, soy autodidacta,
pero me he hecho a base de trabajar en grupos, he trabajado donde he
podido para ganarme la vida y al mismo tiempo hacía teatro, llámalo
“amateur”, teatro de cámara, ensayo, aficionados, llámalo como quieras,
independiente... ahora tiene otros nombres, pero es lo mismo, es gente que
nos reunimos y que aprendemos a hacer teatro, a luchar y a salir
adelante... entonces, creo que eso hay que protegerlo.
Pregunta: Cuesta hoy en día hacerse con el favor del público si no aparece
tu rostro en la televisión, si no eres una cara conocida ¿no?
Julieta Serrano: Claro, es natural que la cosa mediática de la televisión
tiene una gran fuerza, más que el cine... pero lógicamente la televisión
también pasa y se olvida, en cambio el teatro es algo que permanece y que
creo que a la gente le obliga a salir de casa y creo que está sucediendo
un fenómeno de que a la gente ver a los actores en persona... no sólo
verlos en una imagen... verlos en persona, cerca y tener el privilegio de
asistir a una representación allí mismo, en el momento, en vivo y en
directo...
Pregunta: ¿Es la envidia el poder más destructivo hoy en día?
Julieta Serrano: Yo no sé si es la envidia o como decía Fernando
Fernán-Gómez, el desprecio. Envidia es algo bueno, algo que desearías
conseguir o hacer y lo haces en un camino noble... entonces, es una
envidia noble, de algún modo quieres ser más, ir más allá, estudiar,
trabajar... y envidiar a alguien que admiras es estupendo... lo peor es
envidiar a alguien que desprecias. El desprecio es peor que la envidia...
si ese no conseguir lo que te propones te lleva a despreciar y a no saber
admirar lo que tienes alrededor o a la gente que es mejor que tú.
Pregunta: Esta obra concluye con “El himno de la esperanza” cuya letra ha
escrito Itziar Pascual, ¿ese himno nos muestra en cierta medida la
esperanza que nos debe mover hacia ese más allá de la gris rutina en la
que viven esas mujeres...?
Julieta Serrano: Sí... es lo que estamos intentado hacer las mujeres... ir
más allá, crecer, conseguir lugares y campos que nos estaban vedados hasta
hace muy poco... me estoy refiriendo por supuesto a países que tienen esas
posibilidades... porque hay tantos países en el mundo que están por debajo
del nivel de la miseria, que no tienen opciones... que su única opción es
pensar qué van a comer ese día... entonces, creo que sí, que la mujer está
en ese camino...
Pregunta: ¿Quizá es la mujer la más indicada para andar ese camino?
Julieta Serrano: Yo creo que la mujer, si le dan más posibilidades, más
opciones y más oportunidades de creación y de inventiva y de ir más allá y
de crecer dentro de sí misma... ya lo veremos... pero hay que procurar
dárselos... desde luego...
Pregunta: Hay que seguir luchando por ello...
Julieta Serrano: Hay que seguir luchando bien, luchando no con el reto del
poder... el poder es lo que me da miedo... desear el poder... ¿El poder
para qué?... hay que luchar para que el mundo camine mejor, no para estar
uno mismo más satisfecho...
Sofía Basalo

 
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ROBERTO LUMBRERAS ESTRENA EN BUENOS AIRES
NANA PARA DESPERTAR A UN
AMANTE
(Una entrevista de
Sofía Basalo)
El
pasado 8 de abril el dramaturgo español
Roberto Lumbreras,
estrenaba en Buenos Aires su obra “Nana
para despertar a un amante”,
titulada para tal ocasión “Canción
de cuna para un marido... en coma”.
De esta experiencia y del teatro en toda su extensión hemos hablado
con el autor, éste ha sido el resultado:
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Además tengo que decir que me siento,
además de satisfecho y agradecido, honrado de que haya sido el
Teatro Nacional Cervantes, que es la referencia del teatro en
Argentina, quien me haya presentado allí en sociedad y haya apoyado
el proyecto, no sólo prestando el espacio escénico, sino
produciéndolo integralmente.
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Con Matrioska me ha pasado lo
mismo, es una tragedia que tiene como asunto la trata de esclavas
procedentes de países del Este en nuestro país, y se ha rechazado
por el teatro comercial por considerarse “demasiado dura”, sin
embargo en el teatro independiente he tenido varias propuestas de
montaje en Argentina y en España, que por diversos motivos,
principalmente por problemas del elenco que me querían imponer, no
se ha producido el acuerdo.
-
El teatro independiente vive en su 90%
de las subvenciones de las instituciones públicas, lo que de hecho
le resta independencia. Dentro de su arte procurará ajustarse no
sólo a las bases de la convocatoria sino a otros parámetros. Por
poner un ejemplo claro, una compañía que tenga su sede en una
Comunidad Autónoma gobernada por un partido de centro-derecha como
el Partido Popular evitará las blasfemias en sus montajes, y esto es
auto-censura (blasfemias que por otro lado son un delito tipificado
en el código penal como “escarnio”), y por el contrario propondrá
montajes como el homenaje a la reina Isabel la Católica en su
aniversario. Por el contrario, una compañía que esté en un feudo de
centro-izquierda como el PSOE, intentará “conectar” con propuestas
que toquen un tema de su programa, como “La Alianza de
civilizaciones”, y así entiendo que es el caso del montaje El
Señor Ibrahim y las flores del Corán, que contó colaboración del
Centro Dramático Nacional de la administración PSOE.
-
(...) se buscan nombres, caras
conocidas, modelos, presentadores, etc., que lleven la publicidad ya
puesta. Y desde luego no sólo en el teatro o en el cine, también en
la novela. El Premio Planeta, durante a tres años consecutivos lo
ganaron tres presentadores de Televisión en prime time:
Ángeles Caso, Fernando Delgado y Fernando Schwarz. Por ley de
probabilidades, yo no creo que sea una casualidad.
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Pregunta: En “Nana
para despertar a un amante” encontramos una dedicatoria interesante “a una
futura mujer en un mundo que deberá humanizarse más, que es feminizarse un
poco”
Roberto Lumbreras.- La dedicatoria se dirige a una niña
concreta, y luego se extiende a la generalidad de los humanos. Es una
dedicatoria-aforismo. Aprovecho la dedicatoria para poner de manifiesto
que el mundo va mal, y esos nuevos vientos que nos prometieron de impronta
femenina con el boom de la “inteligencia emocional” en los años noventa,
se han paralizado o cercenado. El mundo, por su agresividad y falta de
entendimiento, padece un exceso de testosterona. En uno de los capítulos
de mi ensayo Ramón Gómez de la Serna: Claves de una incomprensión, hablo
de esta dicotomía psico-antropológica: lo masculino frente a lo femenino
en la sociedad y el Arte.
Pregunta: ¿Cuáles
pueden ser los obstáculos de ese proceso de feminización?
R. L.- El propio hombre, pero también un resquicio de
machismo femenino que, según la demoscopia (aunque no es políticamente
correcto revelarlo y no se explicita), impide por ejemplo que una mujer
sea candidata a la presidencia de su nación. Este hecho paradójico lo dejo
patente en otra de mis obras dramáticas: Matrioska.
Pero volvamos al hombre, o al factor masculino, como
principal obstáculo. A este mundo masculinista no interesa el modelo
femenino. Esto significaría otra forma de resolver los conflictos, desde
la empresa, pasando por la sociedad y llegando hasta los conflictos
internacionales; pero a cambio haría enfriar la economía y perder
hegemonía a las naciones que se reparten el pastel en el panorama
internacional. Así que el modelo empático femenino se ve recluido todavía
al ámbito familiar y privado donde siempre ha actuado, o casi siempre:
quiero recordar que los celtas, a pesar del machismo atávico de la época,
invitaban a sus mujeres a las asambleas, porque se habían dado cuenta de
que las mujeres resolvían mejor los conflictos.
Pregunta: ¿Puede ser
“Nana para despertar a un amante” toda ella una metáfora, en la que el
hombre dormido simboliza quizá la sociedad dormida; por otro lado la mujer
que intenta despertar a esa sociedad, que intenta iluminarlos, con frases
como por ejemplo “Para amar a una mujer hay que entenderla, pero antes hay
que escucharla y para eso hay que amarla...”?
R. L.- Desde luego, esta frase, que plantea un falso círculo
vicioso, da una de las claves de cómo piensa una mujer y de lo que ésta
aportaría a la humanidad: aportaría, volviendo principio de esta
entrevista, precisamente más humanidad.
En cuanto a la metáfora global que propones, es una metáfora
válida, de hecho es una de las lecturas de este texto abierto. Por las
rememoraciones de Verónica, sabemos que el hombre silente ha actuado en su
vida como hombre arquetípico, y en cuanto a Verónica, ésta manifiesta una
incomprensión hasta el final de la pieza y una no aceptación de esta
actitud masculina que la ha herido en lo más profundo de su ser.
Pregunta: Esta obra
acaba de estrenarse, como quien dice, en Argentina...
R. L.- Sí. Nana para despertar a un amante, en argentina
titulada Canción de cuna para un marido…en coma, se estrenó oficialmente
el 5 de abril en el Teatro Nacional Cervantes de Buenos Aires, con una
actriz absoluta como Ana María Cores, dirigida por una grandísima de la
dirección internacional como es Lía Jelín. Además tengo que decir que me
siento, además de satisfecho y agradecido, honrado de que haya sido el
Teatro Nacional Cervantes, que es la referencia del teatro en Argentina,
quien me haya presentado allí en sociedad y haya apoyado el proyecto, no
sólo prestando el espacio escénico, sino produciéndolo integralmente.
Pregunta: ¿Es más
difícil para un autor estrenar en España que en otro país. Cómo se vive el
teatro en Argentina, por ejemplo. Se os trata mejor. Se os respeta más?
R.L.- En esto de la dificultad no voy a generalizar. Depende
del autor, de cómo “caiga” o “interese” al stablishment
político-cultural del momento, de la obra concreta, de su coste su
comercialidad en el circuito privado, o bien la oportunidad de su mensaje
coincidiendo alguna efeméride o algún tema social de moda que sea
políticamente interesante para los auspicios institucionales… Y también
claro depende de las exigencias del autor, que aunque suelen tocarle
demasiado sus obras, afortunadamente en mi caso, no vivo de esto y puedo
elegir quién me las “toca”. En el caso concreto de Nana para despertar a
un amante, creo que no ha interesado comercialmente, sí en cambio en el
ámbito institucional y del teatro independiente. De hecho tuve dos ofertas
por dos compañías de teatro independiente, una de Argentina y otra de
Madrid, ambas gestionando un pequeño teatro o sala, pero no me interesaron
sus propuestas. Con Matrioska me ha pasado lo mismo, es una
tragedia que tiene como asunto la trata de esclavas procedentes de países
del Este en nuestro país, y se ha rechazado por el teatro comercial por
considerarse “demasiado dura”, sin embargo en el teatro independiente he
tenido varias propuestas de montaje en Argentina y en España, que por
diversos motivos, principalmente por problemas del elenco que me querían
imponer, no se ha producido el acuerdo.
Pregunta: ¿Cómo
influye la política en el teatro. Es éste partidista. Es nacionalista
cuando le conviene?
R.L.- Tu pregunta da mucho de sí, puede contestarse por
muchas vertientes. En primer lugar, procede dejar patente un hecho. El
teatro independiente vive en su 90% de las subvenciones de las
instituciones públicas, lo que de hecho le resta independencia. Dentro de
su arte procurará ajustarse no sólo a las bases de la convocatoria sino a
otros parámetros. Por poner un ejemplo claro, una compañía que tenga su
sede en una Comunidad Autónoma gobernada por un partido de centro-derecha
como el Partido Popular evitará las blasfemias en sus montajes, y esto es
auto-censura (blasfemias que por otro lado son un delito tipificado en el
código penal como “escarnio”), y por el contrario propondrá montajes como
el homenaje a la reina Isabel la Católica en su aniversario. Por el
contrario, una compañía que esté en un feudo de centro-izquierda como el
PSOE, intentará “conectar” con propuestas que toquen un tema de su
programa, como “La Alianza de civilizaciones”, y así entiendo que es el
caso del montaje El Señor Ibrahim y las flores del Corán, que contó
colaboración del Centro Dramático Nacional de la administración PSOE. Y
fuera de lo estrictamente artístico, este clientelismo de facto, les lleva
a no alzar la voz en disonancia con quien les da de comer. De modo que sí,
yo creo, por lo que conozco el percal, que lejos de ser tan independiente
el teatro que se denomina tal es algo partidista, y cuando cae en la
órbita de producciones promovidas o producidas por instituciones, como es
el caso del Centro Dramático Nacional, todos lo hemos visto y Javier
Villán lo ha denunciado en El Cultural de El Mundo, se vuelve catalanista,
como queda bien visible en la ratio de tres autores promocionados
catalanes de cuatro (el no catalán creo recordar que era Juan Mayorga).
Esto duele, máxime cuando a una compañía no catalana le es prácticamente
imposible entrar en Cataluña, pues la sala o teatro no recibe subvención,
ya que en Cataluña sólo se subvenciona el teatro en catalán.
Pegunta: El “no ser
profeta en la propia tierra” ¿no es algo que ha pasado siempre. Quizá
ahora hay más profetas en tierra extraña, quizá?
R- L.- Esto te lo tomo afirmativamente por mi caso con Nana
en Argentina, y también por lo que te decía del Centro Dramático
Nacional. Además hay otros “actantes” que por el hecho de ser paisanos o
conocidos te hacen “la cama” en tu propia ciudad, caso de algún
funcionario-programador con antipatías epidérmicas hacia tu persona o
estética o a algún crítico teatral que te lo encuentras a menudo por la
calle mayor del pueblo y te saluda cordialmente, cuando en realidad está
esperando el momento del estreno para darte la estocada mortal. Esto me ha
pasado con mi primera obra, Hasta que la boda no separe. En
cualquier caso, estas dificultades no pesaron en el balance global, pues
esta opera prima nació con suerte, multipremiada, traducida, con dos
montajes simultáneos en territorio nacional, finalista en los Premios Max,
Invitada sin necesitar ni una instancia en la Expo de Almada Negreiros de
Lisboa, en el Festival Don Quijote de París o en la Muestra de Teatro de
Autor Contemporáneo de Alicante, y por último fue calificada por la
revista más prestigiosa de teatro del mundo hispánico, Primer Acto,
con elogios cercanos al ditirambo … Esto demuestra que, efectivamente,
según nos alejamos de nuestra órbita originaria, de los funcionarios que
no saben de teatro y abusan de su poder y de y los críticos amateurs que
satisfacen su ego dictando sentencias en “hojas parroquiales”, todo nos
va bien, incluso requetebien. Sólo hace falta paciencia, no caer en el
desánimo, y finalmente, si el texto es bueno, se impondrá, “ellos”
pasarán, y el verbo dramático que fue al principio lo será también al
final, pues el juicio histórico pone a todos en su lugar. Huy, me he
puesto muy trascendente; será porque, a mí, el Teatro me parece algo muy
serio y así me lo tomo.
Pregunta: Has
comentado que “en España siempre somos emigrantes”. Mirándolo bien, “Nana
para despertar a un amante”. Su puesta en escena no llevaría mucho gasto
de producción, ni de reparto... si no se ha estrenado en este país es,
creo yo, porque nadie se ha molestado en ello, porque nadie ha querido...
R. L.- Además de las consideraciones mencionadas de que aquí
nadie es profeta en su tierra, de la “zancadilla hispana”, y de la
proverbial envidia española que nos pone a tiro de nuestros más cercanos,
yo creo que este país está poco dotado y por tanto aprecia mal las artes
escénicas, mucho más cuando llevan incluido el arte de la música (ópera o
musical). Este pueblo está bien dotado para la pintura pero no tanto para
las artes escénicas y la música. Yo tengo un eminente colega y amigo
colombiano formado en Francia y curtido en muchas plazas, que califica sin
ambages el nivel teatral de nuestro país de “amateur”; otro conocido mío,
experto en marketing de Artes Escénicas, acepta el calificativo del
colombiano, y lo matiza apostillando que es “amateur, con medios”. Espero
que las Escuelas de Arte dramático de reciente creación y la Ley del
Teatro por venir añadan profesionalidad y seriedad a este estamento, de la
mano de la consideración del público y del pueblo en general con este Arte
que requiere tanta exigencia para elevarnos a todos a la esfera de lo
sublime.
Si consideramos estos juicios, a los que me sumo, un país con
tan bajo nivel en Artes Escénicas, te acaba convirtiendo en emigrante.
Muchos hemos pensado alguna vez en el desideratum de triunfar en Francia
y ser acogidos y reconocidos en esa nación donde te dieran el marchamo de
calidad, y luego por fin ser valorado en tu país. Es ya un tópico.
Recordemos la película de Woody Allen Final made in Hollywood.
Francia es la nación justo en el otro extremo, la nación de las
oportunidades artísticas, un gran asilo político y cultural para los
minusvalorados o incomprendidos. Es el caso de Ionesco o nuestro Arrabal.
Por eso, digo de los artistas que “en España siempre somos emigrantes”.
Pregunta: Hablamos de
los que producen, de los que programan unas determinadas obras como quizá
los que exigen no sé si cierto grado de comercialidad en un montaje, pero
¿pueden en algún caso los actores poner alguna pega a un texto
determinado, porque se les exija mucho, porque el teatro no ofrece el
nivel económico que otro medio, por ejemplo la televisión...? Es decir,
siempre se les “echa la culpa” a los programadores... el actor tampoco es
tan inocente ¿no?
R.L.- Tu pregunta es poco usual pero muy interesante. Creo
que es el quid de la cuestión. El actor. ¿Qué tiene o debe decir el actor?
Si consideramos que el actor es el gran protagonista del hecho teatral,
debería ser él quien decidiera o cuya decisión tuviese al fin el mayor
peso. La realidad es otra. A veces, porque se lo encuentra todo impuesto.
Otras porque no sabe discernir si él mismo encaja en un proyecto, si
encaja en la edad de acting, en el tipo de teatro, en el físico del
papel, incluso si le conviene el papel en su carrera; más allá incluso: si
el texto propuesto se trata de verdadero teatro o no, si el director el
productor y el resto del equipo técnico le convienen. Recuerdo una
entrevista que tuve en Madrid con mi admirado Manuel Galiana, en la sede
de Aula del Actor, cuando pretendíamos que dirigiera precisamente a Montse
Martínez en mi monólogo Nana, en un proyecto que no resultó por mi
inflexibilidad a la hora de exigir un espacio escénico de relevancia en
Madrid y con una permanencia inviables; en esta entrevista, yo saqué el
tema del montaje de La Raya del pelo de William Holden, de José
Sanchis Sinisterra, en el que Manuel Galiana había hecho el personaje
protagonista junto a Ana Torrent. Nada más salir el tema de este montaje,
Galiana se mostró escarmentado con los autores “que creíamos que
escribíamos maravillas y luego…”. Y añadió, a toro pasado, que el texto de
José Sanchís Sinisterra “era un texto rarillo”. Naturalmente que lo era,
era un texto imposible incluso para los dos grandes actores que lo
interpretaban. Pero eso hay que verlo sobre el papel, y aun sospecharlo:
pues Sanchis Sinisterra es un autor de riesgo, que a sus sesenta y muchos
años no ha dejado el teatro experimental y se mueve en los límites de la
teatralidad. El actor en definitiva debe tener autonomía y exigir el
protagonismo también fuera de las tablas. El actor no puede ser, como
pretendía Gordon Craig, una simple “supermarioneta”, un capricho del gurú
de la tribu teatral o productor de turno.
Pregunta: He comentado
“el actor no es tan inocente”... cuando es un actor quien realmente se
sube al escenario ¿se buscan nombres, caras conocidas, sean quienes sean,
en forma de reclamo?
R.L.- Sí, incluso se da ya en el teatro independiente. Se
está produciendo en este ámbito un contagio con el modo de hacer el teatro
comercial, que quiere poner también nombres importantes a sus carteles.
Sin darte datos concretos, en el caso de mi tragedia Matrioska, un
director de teatro independiente de toda la vida quería imponerme a la
actriz de la compañía engatusándome con contratar un primer espada de la
dirección de escena pues “iba ser muy bueno para mi curriculum”; y otro
director de teatro independiente, también de toda la vida, también con
Matrioska, quería colocarme una famosa televisiva que doblaba la edad
de acting requerida por el personaje, a lo que yo me negué, y en broma le
dije que estaban inventando el teatro “independiente-comercial”.
El actor no es tan inocente, y cuando ni siquiera es actor,
sino simplemente un famoso, entonces hay que hablar sin paliativos de
intrusismo y de mucha cara dura por parte del productor y el actor o
viceversa.
Pregunta: ¿Hoy en día
se sube al escenario cualquiera como cualquiera escribe un libro, ya sea
novela, teatro... en poesía menos, por algo será...?
R. L.- Bueno, como decías se buscan nombres, caras conocidas,
modelos, presentadores, etc., que lleven la publicidad ya puesta. Y desde
luego no sólo en el teatro o en el cine, también en la novela. El Premio
Planeta, durante a tres años consecutivos lo ganaron tres presentadores de
Televisión en prime time: Ángeles Caso, Fernando Delgado y Fernando
Schwarz. Por ley de probabilidades, yo no creo que sea una casualidad. A
Ángeles Caso le hizo una periodista una pregunta supuestamente
capciosísima: si creía la presentadora-escritora que habría ganado el
premio Planeta de no haber vendido con su anterior novela un número
importante de ejemplares; pero la pregunta verdaderamente perspicaz y
capciosa hubiera sido si pensaba que hubiera vendido tantos ejemplares en
su anterior novela de no haber sido una presentadora de televisión tan
famosa. El caso de algunos actores es análogo. Una famosa de segunda o
tercera generación de familla de la beautifull people, pasa por ello del
papel couché a la tele y de la tele al teatro o el cine. O una modelo se
hace actriz por que se le mete en la cabeza a un director. Ese es el caso
de Elsa Pataky en su papel de Ninette en una versión fílmica
innecesaria de Ninette y un señor de Murcia, basada en la genial
comedia de Miguel Mihura. La modelo, aparte de que yo cuestione sus dotes
de actriz, no encajaba en físico del papel, pues más que una española
castaña o rubia de bote parece una nórdica; y en cuanto a su actuación,
dudo que se pueda equiparar a las de Rosenda Monteros o Victoria Vera, que
sí eran actrices, encajaban en el fici du rol, y lo hicieron
excelentemente.
Y llegado a este punto en que citamos responsabilidades,
habría que meter también al público, que es el destinatario del arte y el
que paga, y debiera ser él el que exigiera más. Pero hay poca cultura
teatral. Hasta los años cincuenta, en que la televisión y el cine no
eclipsaron al llamado “Gran Derecho”, en mi ciudad, Valladolid, había una
gran cultura teatral, que aunque reservada a una elite encopetada, hacía
de esta plaza una plaza dura, muy crítica, en la que solían estrenar las
compañías de Madrid como “prueba de choque”. Ahora se está formando una
generación nueva de público. Con la prosperidad económica y la ayuda de
las Instituciones regionales se está fomentando el teatro, creciendo el
número de espectadores, ganando nuevos espacios recuperados incluso al
cine. Ahora es el momento de que el público adquiera cultura teatral, y
pueda decidir con su demanda o su rechazo inexorables.
Y finalmente, también ha de sentirse aludida la crítica, pues
la crítica también tiene su papel y su responsabilidad. A esa crítica
profesional, noble y responsable, yo solicitaría su apoyo. A veces lo
hemos sentido. He citado a Javier Villán y su valiente queja. Podría citar
al desaparecido Haro Tecglen, como paradigma de crítico serio, que
justificaba sus asertos y defendía al autor desaparecido de los abusos de
determinados directores; la crítica seria que proteja sobre todo al
público proporcionándole información objetiva como consejo, denunciando el
intrusismo de los “famosos”, mostrándole con didactismo aspectos técnicos
de los montajes.
Pregunta: Además de
escribir teatro, has cultivado la novela y el ensayo...
R. L.- Como digo en mi poética, el escritor no debe renunciar
a ningún género. Yo me muevo mejor en el género dramático, pero he
cultivado el ensayo y la narrativa. Tengo dos publicaciones de ensayo y
otras dos de relatos. En cuanto al género grande de la narrativa, no puedo
considerarme novelista, pues tengo en el taller mi único intento; quizás
con dos o tres reescrituras pudiera quedar visible, pero, ya de pensar en
este precio, me desanima, sobre todo si considero que para escribir una
pieza dramática yo no suelo tardar más de 15 días, y a veces en día y
medio queda la primera escritura lista, como fue el inspirado caso de
Nana. Por eso no tengo como objetivo inmediato la novela; la novela
exige mucha laboriositas y tiempo, por el contrario el teatro es de
escritura más febril y rápida. Tal vez intente de nuevo escribir la novela
cuando me jubile, o, Dios no lo quiera, |