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HACIENDO ESPERAR A GODOT

de Eduardo Grilli

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

 

HACIENDO ESPERAR A GODOT

 

De Eduardo Grilli

 

estonoesunapipa@yahoo.com.ar 

 

 

PERSONAJES:

GODOT: 55AÑOS

FERNANDO: 40 AÑOS

LUCRECIA / CANELA: 35 AÑOS

 

1

 

Un paisaje absolutamente desolado. Noche cerrada. Corre una suave brisa, aunque por la vestimenta de GODOT, se percibe que es invierno. GODOT parado  en el centro de la escena. Un pequeño banquito y una bolsa con algunas cosas sobre un costado.

 

 

GODOT: Tantos días... ¿tantos días?... bah, en realidad no sé. Seguro no me creyeron. Impacientes. Y ahora yo, acá, solo, y con este frío. Pero debe ser mi culpa. (Pausa) No, no me quiero hacer cargo de todo. Me quedaré aquí hasta el amanecer, en algún momento llegarán. Las manos me tiemblan. Menos mal que traje este banquito. Pero todavía no me voy sentar. Tengo que administrar las energías. Un momento, qué estoy diciendo... ¿administrar energías?... ¿qué quiere decir? ¿que voy a estar mucho tiempo esperando? ¿solo...? ¿y con este frío...? Si por lo menos me acordara de los nombres, le preguntaría  a alguien si los vio. Aunque mirando bien , parece este un lugar en que ni un alma haya pasado por siglos. (Pausa) Vladimiro, sí, Vladimiro era uno, y el otro... empezaba con H, no con E, sí... Ernesto... no, era un nombre raro, y ridículo, una ofensa a los grandes nombres de la historia: Alejandro, Cesar, Eduardo... (sonríe) venir a llamarse Estra... Es... Estragón, sí, ese era el nombre... por el solo hecho de llamarse así, alguien no solo merecería que uno lo deje esperando una eternidad sino que también debería presentarse ante un tribunal y justificar sin vueltas el porqué de ostentar de por vida como nombre semejante mamarracho (Saca una petaca, bebe) eso es, un buen trago alienta, y calienta. Alienta la espera y calienta el alma (se sienta) ¿administrar energías? ¡al carajo! estoy cansado. ¿Qué les tenía que decir?, para algo los había citado... ¡mierda!, no me acuerdo... ¿y si llegan y me preguntan?... me tengo que acordar rápido, o no. ¿Porqué? Si llegan, primero me tendría que disculpar... ¡No!, Godot no se disculpa. Puedo mentir, “ustedes estaban en el lugar equivocado” (Ríe) deben ser unos tontuelos capaces de creerse cualquier cosa. (Pausa) ¿Y si son grandotes, como osos furiosos, con barbas oscuras y ojos desorbitados, con miradas asesinas? (se levanta, camina unos pasos). Lo mejor será hacerme el dormido... pero no, corro el riesgo que sigan de largo sin advertir mi presencia, aunque en este descampado... Escribiré mi nombre en un papel, eso es. Me echaré a dormir y pondré mi nombre escrito en un papel a mi lado. (saca un papel de un bolsillo, un lápiz y escribe) ¿Y si son analfabetos...? (Entran  FERNANDO y LUCRECIA, están discutiendo)

 

FERNANDO: Tenemos tiempo para pensarlo.

 

LUCRECIA: Un hotel.

 

FERNANDO: No es rentable, no pasa mucha gente por este lugar.

 

LUCRECIA: Porque no tenés visión de futuro.

 

FERNANDO: Y vos, qué, ¿sos visionaria?

 

LUCRECIA: Pero fijáte bien. Es casi... (se percatan la presencia de Godot)

 

FERNANDO: Perdón...

 

GODOT: ¿Perdón?

 

LUCRECIA: ¿Perdón?.

 

FERNANDO: (A GODOT) ¿El señor se perdió?

 

GODOT: ¿A mi?

 

FERNANDO: (A LUCRECIA) Parece que es sordo.

 

LUCRECIA: Mi marido le pregunta si está perdido, o si le pasa algo.

 

GODOT: Vuelvo a preguntar ¿a mi?

 

FERNANDO: (A LUCRECIA) No. Escucha bien, pero creo que es medio tonto (GODOT mira desconcertado el resto del paisaje)

 

GODOT: ¿Escuché yo bien? ¿Alguien aquí me dijo tonto? (LUCRECIA se le acerca, le extiende la mano)

 

LUCRECIA: Me presento, soy la señora Rampamayor. Él es mi marido el conde de Suez.

 

GODOT: Señora, me puede informar si alguien por aquí cerca mencionó la palabra tonto.

 

FERNANDO: Sí, yo, y me disculpo, pensaba que era sordo.

 

GODOT: Que sea sordo no le da derecho a decirme tonto.

 

FERNANDO: Pero no es sordo.

 

GODOT: Y tampoco soy tonto.

 

LUCRECIA: ¿Y porqué no contestó cuando le preguntamos?

 

GODOT: ¡Oh, sí, ahora me disculpo yo!, es que por un segundo me sorprendió vuestra aparición.

 

LUCRECIA: Tanto o más a nosotros.

 

GODOT: No tanto, le aseguro que no, a no ser que... perdón, su gracia, me dijo...

 

LUCRECIA: Rampamayor, la señora de...

 

GODOT: (Interrumpe) ¿Estragón?

 

FERNANDO: No, es mi mujer.

 

GODOT: No, quise preguntar si se llamaba Estragón de primer nombre, pero, si no me equivoco Estragón es nombre masculino, eso indica que usted (a FERNANDO) es Estragón, pero lo que no comprendo es porqué la señora se llama Vladimiro (FERNANDO y LUCRECIA se miran extrañados y molestos)

 

LUCRECIA: Mi nombre es Lucrecia.

 

GODOT: (A FERNANDO) ¿Y el suyo?

 

FERNANDO: Fernando, el conde Fernando Rampamayor.

 

GODOT: Es decir que ninguno de ustedes es Vladimiro o Estragón.

 

FERNANDO: ¿Es que alguien puede llamarse así? ... Es...

 

GODOT: Estragón. Sí, una de las personas que estoy esperando.

 

FERNANDO: Alguien con ese nombre, se debe estar arrepintiendo de haber nacido.

 

GODOT: Estoy de acuerdo.

 

FERNANDO: (A LUCRECIA) ¿Me amarías si me llamara Esternón?

 

GODOT: Es-tra-gón.

 

FERNANDO: ¿Me amarías?

 

LUCRECIA: Tendría que pensarlo.

 

GODOT: Cuando digo estar de acuerdo con que se debe estar arrepintiendo, es por hacerme esperar. Él y su compañero. Llevo horas esperando. En este paraje horrible, y con este frío.

 

LUCRECIA: Se nos pasó un detalle, (se dirige hacia GODOT) el señor está esperando a alguien, según dijo...

 

GODOT: A dos tontos.

 

LUCRECIA: A quién sea, le informo señor...

 

GODOT: Godot. (le extiende la mano).

 

LUCRECIA: Le informo señor Godot que su espera está siendo realizada en una propiedad privada. (GODOT mira alrededor)

 

GODOT: No veo nada.

 

LUCRECIA: ¿Qué quiere ver?

 

GODOT: Algo que me indique que esto pertenece a alguien.

 

LUCRECIA: (A FERNANDO) Amor, mostrále los papeles. (FERNANDO busca  en su ropa y no encuentra nada)

 

FERNANDO: No los tengo. Pero no importa, el señor intruso sabrá distinguir. ( Se le acerca a GODOT) Como puede apreciar, no tenemos mi señora y quien le habla aspecto de ser gente que ande por ahí diciendo falacias. Le comunico que el suelo que está siendo pisado por sus zapatos, por cierto bastante sucios, me pertenece, o mejor dicho (abraza a LUCRECIA) nos pertenece. Hemos ganado una licitación para usufructuar estas tierras abandonadas, y desde hace exactamente veinticuatro horas, este lugar es propiedad de la persona que en este exacto instante tiene parada delante suyo. (GODOT y FERNANDO se quedan mirando unos segundos).

 

FERNANDO: ¿Qué mira?

 

GODOT: Su pelo.

 

FERNANDO: ¿Qué tiene?

 

GODOT: ¿Porqué se peina con gomina?

 

FERNANDO: A usted qué le importa.

 

GODOT: Me importa.

 

FERNANDO: ¿Si?.

 

GODOT: Los peinados con gomina me inspiran respeto.

 

LUCRECIA: Mejor así, por lo tanto respetuosamente se va a retirar de nuestra propiedad.

 

GODOT: Y también me revelan.

 

FERNANDO: ¡Mi propiedad dije!

 

GODOT: Los papeles.

 

FERNANDO: Lucrecia, los papeles (se acuerda)... nos olvidamos los papeles, pero le doy mi palabra...

 

GODOT: No creo en las palabras, por lo tanto, me quedo acá. (se sienta). Si quieren sentarse, solo traje un banquito, pero pueden usar el suelo, que entre otras cosas está bastante descuidado. Si conociera a los dueños de estas tierras se lo diría en la cara.

 

LUCRECIA: ¡Nosotros somos los propietarios!

 

GODOT: (Sin mirarla) ¿Tiene algo que lo certifique?

 

LUCRECIA: ¡Ay, Fernando hacé algo!

 

FERNANDO: No podemos hacer nada, tiene razón.

 

LUCRECIA: Pero somos los propietarios de este terreno.

 

FERNANDO: Ya sé.

 

LUCRECIA: Y quiero que se vaya.

 

FERNANDO: Yo también.

 

LUCRECIA: ¡Echálo! (FERNANDO se acerca a GODOT)

 

FERNANDO: Señor, lo voy a tener que echar.

 

GODOT: ¿Ah sí?

 

FERNANDO: Sí.

 

GODOT: ¿Ya lo pensó?.

 

FERNANDO: (Mira a LUCRECIA) Ya lo pensamos.

 

GODOT: Pero no evaluó.

 

FERNANDO: ¿Evaluar?

 

GODOT: Las consecuencias.

 

FERNANDO: ¡Tiene tres minutos para recoger sus cosas y salir de nuestra propiedad!

 

GODOT: (Se levanta) Yo no me voy a ir, porque estoy esperando a unas personas. Usted quiere que me vaya, porque dice que estoy ocupando su propiedad. Pero cómo se que me dice la verdad. Por lo tanto a mi me ampara el beneficio de la duda. Esta situación nos lleva indefectiblemente a un estado de disputa, que puede ser verbal, pero que puede terminar lisa y llanamente en una pelea, en una lucha cuerpo a cuerpo. Y yo le confieso que no me considero muy apto para una confrontación física. Una sola vez me peleé en mi vida y fue por una cuestión de mujeres (la mira a LUCRECIA), y créame que todavía me duele la mandíbula de solo acordarme. Es decir que si llegamos a las manos, es muy factible que usted sea el vencedor. Pero lo que tal vez no pensó es que un golpe bien aplicado por su puño, puede derribarme y, con no mucha suerte para mi, puede hacer que en la caída mi nuca golpee mortalmente contra el suelo. Su suelo. Y ustedes se verían en aprietos. De flamantes terratenientes pasarían a ser asesinos.

 

LUCRECIA: Yo podría atestiguar a favor de él.

 

GODOT: Ya me parecía.

 

LUCRECIA: ¿Qué?

 

GODOT: Sus rostros. Denotan sus actitudes. La mentira como fundamento de vida.

 

LUCRECIA: No le permito.

 

GODOT: Bien querría saber como obtuvieron sus derechos sobre estas tierras, si es que es verdad lo que dicen, no sé...

 

FERNANDO: Qué derecho esgrime para juzgarnos.

 

GODOT: No juzgo, dudo.

 

FERNANDO: (A LUCRECIA) Tiene razón. Es su palabra contra la nuestra.

 

LUCRECIA: ¡Nos trató de mentirosos!

 

FERNANDO: (A GODOT) Eso es verdad. Que usted dude acerca de nuestros derechos sobre estas tierras no le da derecho para calificarnos. Por lo tanto retire lo dicho.

 

GODOT: Retiro lo dicho.

 

FERNANDO: (A LUCRECIA) ¿Satisfecha?

 

LUCRECIA: A medias.

 

GODOT: ¿Se van a quedar mucho tiempo? (LUCRECIA Y FERNANDO se miran)

 

FERNANDO:  (A GODOT) ¡¿Nos está echando?!

 

GODOT: No, al contrario, por cierto me agrada discutir, un poco de discusión apacigua la espera. ¿Sobre qué más podríamos discutir...? déjeme pensar... por ejemplo, ¿Porqué vinieron de noche a hacer una inspección de este lugar?, ¿y porqué vinieron juntos...? ¿es que uno desconfiaba del otro?... ¿cuánto tiempo llevan de casados?... ¿no se tienen confianza si uno sale solo de noche y el otro se queda...? ¿creen en la fidelidad?... ¿existe la fidelidad en el amor?

 

LUCRECIA: Lo estoy siguiendo.

 

GODOT: ¿Sí?

 

LUCRECIA: (A FERNANDO) Te das cuenta lo qué pretende (A GODOT en la cara) el señor intruso trata de desviar el tema de su usurpación de nuestra propiedad tratando de generar un conflicto entre nosotros. No pierda el tiempo, aunque nos tome tiempo vamos a ir a buscar el título de propiedad de este terreno y cuando volvamos no lo queremos ver más por aquí

 

GODOT: Puede ir uno de ustedes mientras el otro espera y me hace compañía.

 

LUCRECIA: ¡No nos va a decir lo que tenemos que hacer!

 

FERNANDO: (A LUCRECIA, hablan entre los dos, con GODOT en el medio, observando como en un ping pong) Es verdad para que vamos a ir los dos juntos.

 

LUCRECIA: ¿Y me vas a dejar sola con un desconocido?

 

FERNANDO: Hablo de que vayas vos.

 

LUCRECIA: ¿Yo?

 

FERNANDO: No te voy a dejar sola con un desconocido.

 

LUCRECIA: No me tenés confianza.

 

FERNANDO: Vos me lo dijiste...

 

LUCRECIA: Te pregunté para ver si me tenías confianza.

 

FERNANDO: Le estás dando la razón.

 

LUCRECIA: Miráme a los ojos.

 

FERNANDO: Te miro.

 

LUCRECIA: ¿Qué ves?

 

FERNANDO: Tenés lagañas.

 

LUCRECIA: ¡Idiota!

 

FERNANDO: ¿Qué querés que vea?

 

LUCRECIA: ¿Te creés que te sería infiel?

 

FERNANDO: ¿Con este? (Los dos lo miran despectivamente)

 

GODOT: Oigan, qué les pasa conmigo, yo nada más hice algunas preguntas.

 

FERNANDO: (A GODOT) No se lave las manos. Instaló el conflicto entre nosotros y ahora se evade.

 

GODOT: ¿Conflicto, cuál conflicto?

 

FERNANDO: No se haga el tonto.

 

GODOT: ¿La desconfianza genera conflictos?... sí, puede ser . Pero no era mi intención crearlo entre ustedes, que por otra parte, se nota que concuerdan en todas sus opiniones, hasta en la mentira.

 

FERNANDO: ¡Ninguna mentira, y termínela con sus injurias!

 

GODOT: ¡Qué me quiere hacer creer!

 

FERNANDO: ¡¿Qué le quiero hacer creer?!

 

GODOT: ¡Que a alguien puede llegar a importarle estas tierras horribles y desoladas!

 

FERNANDO: ¡Porque nosotros somos visionarios!

 

LUCRECIA: ¡Somos emprendedores y sabemos de negocios!

 

FERNANDO: ¡Por algo se nos ocurrió invertir en este lugar!

 

LUCRECIA: ¡Si nadie viene hasta aquí, nosotros sí vinimos y vamos a hacer que la gente venga!

 

FERNANDO: ¡Y le digo más...! (se detiene de golpe, lo examina curioso a GODOT) Usted dijo que está esperando a alguien, ¿A quién? ¿Quién reparó en este lugar? ¿Qué está escondiendo?

 

GODOT: Estoy esperando a los que yo hice esperar.

 

FERNANDO: ¿Cómo es eso?

 

GODOT: Yo cité a unas personas a este sitio.

 

FERNANDO: ¿Usted? ¿Y porqué este lugar y no otro?

 

GODOT: Por el radio (gira sobre sí mismo) desde este punto tengo una visión de trescientos sesenta grados de  lo que pasa a mi alrededor (FERNANDO gira sobre sí mismo también)

 

FERNANDO: ¿Y cuál es el beneficio?

 

GODOT: Quien espera en este lugar tiene la certeza que nadie se le va a escapar.

 

FERNANDO: Pero eso a usted no tendría que importarle, eso tendría que importarle a las personas que según dice lo estaban esperando a usted.

 

GODOT: Yo sabía que no iba a llegar a tiempo...

 

FERNANDO: Y que tendría que ser usted el que espera.

 

GODOT: Correcto.

 

FERNANDO: Y que necesitaría trescientos sesenta grados de visión...

 

GODOT: Para que nadie se me escape.

 

FERNANDO: Es decir que solo pensó en usted. Egoísta. El beneficio solo para usted.

 

GODOT: ¡Si le estoy diciendo que yo cité a unas personas para que me esperaran acá, era porque también pensé en ellos!

 

FERNANDO: Y para qué quiere trescientos sesenta grados de visón. Si se cita en un punto, el que espera y el que hace esperar se van encontrar en un mismo punto. Si alguien pasa por ese punto y no se detiene, no era la persona motivo de la espera.

 

GODOT: ¿Quiere decir que mi teoría acerca de la espera es errónea?

 

FERNANDO: Exacto, (a LUCRECIA) ¿no mi amor?

 

LUCRECIA: (A GODOT) El señor...

 

GODOT: (Interrumpe) Godot.

 

LUCRECIA: El señor Godot parece que insiste con desviar el tema de discusión y yo me quiero detener y volver a la pregunta que mi esposo le hizo hace un instante. ¿Quién reparó en este lugar antes que nosotros?, diga la verdad y diga quién lo manda, para quién trabaja.

 

GODOT: No le permito. Odio la dependencia.

 

LUCRECIA: ¿No trabaja para nadie?

 

GODOT: No.

 

FERNANDO: Eso no puede ser, siempre uno trabaja para alguien. Inclusive cuando trabaja para uno, ese uno es alguien.

 

GODOT: Interesante reflexión.

 

LUCRECIA: Mi marido es inteligente.

 

GODOT: Pero no estoy del todo de acuerdo.

 

LUCRECIA: ¿No?

 

GODOT: Lo que uno hace para uno no es un trabajo sino una obligación.

 

LUCRECIA: Demuéstremelo. (GODOT se aprieta las fosas nasales con una mano y con la otra se tapa la boca, se empieza a poner colorado).

 

FERNANDO: ¿Qué hace?

 

GODOT: (Se destapa la boca) Tengo la obligación de respirar si no me muero.

 

FERNANDO: Eso uno lo hace automáticamente, cuando uno respira no piensa que lo está haciendo.

 

GODOT: Pero tengo la obligación de hacerlo ¿o no?

 

FERNANDO: Uno no se da cuenta ¿No me entiende?

 

GODOT: Yo sí me doy cuenta, y puedo decidir si quiero respirar o no.

 

FERNANDO: No me entiende.

 

GODOT: Y ahora voy a decidir no respirar (repite lo anterior tapándose nariz y boca, se pone colorado, cae de rodillas, después de un instante se tiende en el piso siempre tapándose las fosas, abre demasiado los ojos, FERNANDO se va a inclinar junto a él y LUCRECIA lo detiene, GODOT en el suelo siempre igual, mueve repetidamente los pies, FERNANDO se suelta y se inclina  sobre GODOT quitándole las manos de nariz y boca)

 

FERNANDO: ¿Está loco, se quiere morir?

 

GODOT: Gracias, aunque no sé porqué lo hizo.

 

LUCRECIA: Mi marido es muy sensible ante la desgracia de los demás.

 

FERNANDO: ¿Realmente se quería suicidar?

 

GODOT: No.

 

FERNANDO: ¿Por qué lo hizo?

 

GODOT: Para ponerlos a prueba.

 

LUCRECIA: ( A FERNANDO) Te das cuenta como se burla de nosotros.

 

GODOT: Se equivoca señora, para mi es muy importante vuestra presencia.

 

LUCRECIA: ¡Nos engañó, nos hizo asustar!

 

GODOT: ¡A él, no a usted! Vi perfectamente cuando lo detuvo a él que me quería ayudar.

 

LUCRECIA: Porque no soy tonta, e imaginaba su farsa.

 

GODOT: Indirectamente le está diciendo tonto a su marido.

 

FERNANDO: ¡Lucrecia!

 

LUCRECIA: (A GODOT) ¡Basta de crear cizaña y díganos qué hace acá! ¡Porqué vino a este lugar, nuestro lugar! ¡No nos dice si trabaja para alguien, no nos dice nada, nada, nada de nada!

 

FERNANDO: (A GOGOT) ¡Díganos algo!

 

GODOT: (Tranquilo) ¿Qué les molesta mi presencia acá? (LUCRECIA y FERNANDO se miran sin saber que decir)

 

FERNANDO: (Dubitativo) Su presencia...

 

GODOT: Me siento ahí, tranquilo, no molesto a nadie, cuando lleguen los que estoy esperando me voy.

 

FERNANDO: ¿Y si no llegan?

 

GODOT: ¿Qué?

 

FERNANDO: Esos dos, qué pasa si no llegan. (repentinamente GODOT cambia su expresión, esta temeroso, observa aterrorizado a los dos, y empieza a moverse nervioso por el espacio) ¿Qué hace?

 

GODOT: No lo había pensado... es terrible.

 

FERNANDO: ¿Qué le pasa, hombre?

 

GODOT: Lo dijo por decir algo ¿no?

 

FERNANDO: ¿De qué habla?

 

GODOT: ¿Usted cree que no van a venir?

 

FERNANDO: Es una posibilidad.

 

GODOT: Una entre mil.

 

FERNANDO: No una entre dos: o vienen o no.

 

GODOT: ¡No!... ¿y yo?

 

FERNANDO: ¿Usted qué?

 

GODOT: Solo, acá, ¿cuánto tiempo?

 

FERNANDO: El que usted decida.

 

LUCRECIA: ¡No, el que decidamos nosotros! ¡Y su tiempo se acabó, lárguese!

 

GODOT: (Ignora a LUCRECIA, su tono se vuelve cada vez más trágico) Que disyuntiva... ¿Mereceré yo semejante tortura? Tendré que repasar los actos de mi vida para ver si soy merecedor de semejante castigo. Vivir con esa incertidumbre, ¿vendrán o no vendrán? Porque ahora siento la culpa en mi cuerpo, en mi piel. Me transpiran las manos, se me aceleró el ritmo de mi corazón. Yo los dejé esperando, quién sabe cuanto tiempo, y ahora debo pagar ¿de por vida? (los mira) ¿se imaginan ustedes lo que es eso? ¿Pueden llegar a ponerse en mi lugar?. No se vayan, solo un rato más de compañía es lo que les estoy pidiendo.

 

FERNANDO: Cálmese hombre no es para ponerse así tampoco. (GODOT se aparta y se sienta abatido en el banquito, con la mirada perdida)

 

LUCRECIA: (A FERNANDO, pero el dialogo que sigue entre ambos, con intención también que sea escuchado por GODOT ) Está logrando que sienta lástima por él.

 

FERNANDO: Mirále el rostro, ese hombre está sufriendo en serio.

 

LUCRECIA: ¿Qué podemos hacer nosotros?

 

FERNANDO: No se me ocurre nada.

 

LUCRECIA: Tal vez no tendríamos que haberle recriminado nada.

 

FERNANDO: Vos estuviste poco contemplativa.

 

LUCRECIA: (Bajando un poco la voz) ¿Yo?, y vos le decís que a lo mejor su espera es en vano, ese fue el detonante ¿no te das cuenta?

 

FERNANDO: Simplemente le planteé la posibilidad.

 

LUCRECIA: Tengo miedo.

 

FERNANDO: ¿De qué?

 

LUCRECIA: De cómo termine esto. Nosotros lo tenemos que echar de nuestra propiedad, pero me pongo en el lugar y... (piensa) ponéte en el lugar. Debe ser terrible. ¡Terrible! El hombre siente la culpa de haber dejado esperando a alguien quién sabe cuánto tiempo y ahora debe pagar por eso... con la misma moneda. Y encima aparece alguien que lo obliga a renunciar a la posibilidad de saldar esa deuda. Si lo echamos y justo llegan las personas que él está esperando, jamás se enteraría, y con eso se le esfumaría la única posibilidad de disculparse.

 

FERNANDO: Pero a él no le importa disculparse. Se puso así porque se dio cuenta que podría pasarse el resto de su vida esperando. Es un hipócrita.

 

LUCRECIA: Entonces habla bien de él.

 

FERNANDO: No, solo piensa en él.

 

LUCRECIA: Si le preocupa el tiempo que va a quedarse, es porque decidió permanecer hasta que esas personas vengan. Si no, le daría lo mismo y se iría.

 

FERNANDO: (Serio) ¿Te está cayendo simpático?

 

LUCRECIA: No, me da lástima... mucha lástima

 

FERNANDO: Tenemos que hacer algo.

 

LUCRECIA: Pensemos. (Se quedan unos instantes en silencio. FERNANDO se acerca a LUCRECIA y le dice algo inaudible al oído. Gesticulan. LUCRECIA hace un gesto de aprobación y sale de escena. FERNANDO se acerca a GODOT, que sigue con la mirada perdida)

 

FERNANDO: Señor... (GODOT lo ignora) ¡ejem!, señor Godot...

 

GODOT: (Siempre abatido) ¿Sí?

 

FERNANDO: Su espera terminó.

 

GODOT: ¿Me echan?

 

FERNANDO: No.

 

GODOT: ¿Qué me van a hacer?

 

FERNANDO: Nada. Simplemente aclararle algo

 

GODOT: (Trágico) No me voy a ir. Quizás la muerte me encuentre en este lugar. Tal vez esperando me quede sin comida... y sin esperanza, pero debo pagar mi culpa. Si tuviera la oportunidad...

 

FERNANDO: (Interrumpe) Nosotros somos las personas que usted espera.

 

GODOT: (Cambia su expresión, lo mira) No...

 

FERNANDO: Esos hombres... (gesticula no acordarse)

 

GODOT: Vladimiro y Estragón.

 

FERNANDO: Sí, esos hombre nos envían a nosotros. Le traemos la

noticia que no van a venir, pero no tiene porqué preocuparse

 

GODOT: ¿Cómo? ¿Los conoce?

 

FERNANDO: ¿Qué le estoy diciendo?

 

GODOT: ¿Cómo son?

 

FERNANDO: Qué importa cómo son. Acá lo único que importa es que su espera llegó a su fin y que no tiene nada porque sentirse culpable, esos hombres nos dijeron que el tiempo que usted los hizo esperar les fue beneficioso porque aprovecharon para hacer algunas cosas y que tampoco había sido demasiado tiempo, y que tal vez otro día concreten otra cita en algún otro lado.

 

GODOT: ¿Estoy disculpado?

 

FERNANDO: No solo eso, está libre de todo remordimiento y de todo sentimiento de autodestrucción. Porque usted no se habrá dado cuenta pero entró en un estado calamitoso, si tuviera un espejo se lo prestaría para que vea como su cara de adefesio empeoró.

 

GODOT: O sea que puedo seguir mi camino...

 

FERNANDO: Vio que buena noticia le traje.

 

GODOT: No sé cómo agradecerle, antes de irme me gustaría...

 

FERNANDO: (Interrumpe) No se va a ir.

 

GODOT: ¿Cómo?. Estoy en su propiedad.

 

FERNANDO: Quiero decir que no se va  ir tan rápido.

 

GODOT: Yo no tendría problema en quedarme, pero su  mujer...(la busca) ¿Su mujer?... (lo mira) ¿No me estará mintiendo, no?... ¿Porqué está solo?, ¿Adónde fue su mujer? ¿Fue a buscar a la policía? ¿Me van a sacar a la fuerza? ¡Me estuvo mintiendo!

 

FERNANDO: ¡Pero no hombre, no empiece otra vez!

 

GODOT: ¿Qué es lo que está pasando acá?

 

FERNANDO: Nada, lo que le dije es verdad, pero ahora usted me tiene que hacer un favor a mi.

 

GODOT: ¿Yo?

 

FERNANDO: Usted.

 

GODOT: ¿Qué es lo que quiere usted de mi? (lo mira desconfiado)

 

FERNANDO: Un favor, en agradecimiento por la noticia que le traje. Se trata de Lucrecia.

 

GODOT: ¿Su mujer?

 

FERNANDO: No es mi mujer. Yo no soy su dueño, ni quiero serlo. Simplemente compartimos un sustantivo masculino: “matrimonio”, pero es una palabra que se termina ahí, con su significado, no implica nada más. Es decir que legalmente tenemos un título en común, pero, ¿usted sabe qué pasa cuando el amor se acaba?

 

GODOT: Y... no sé...

 

FERNANDO: ¿Usted es casado?

 

GODOT: No.

 

FERNANDO: ¿Tiene alguna pareja...?

 

GODOT: Tuve.

 

FERNANDO: Entonces me va a comprender (se queda un instante mirándolo), lo que le quiero decir es que no la soporto más, ¿ahora me entiende?

 

GODOT: Más o menos.

 

FERNANDO: ¿Qué es lo que no entiende?

 

GODOT: ¿Qué es lo que tengo que entender?

 

FERNANDO: (Lo toma de un hombro) Es verdad, lo estoy confundiendo, voy a simplificar. No es casualidad que ella se haya ido y me haya dejado solo ahora con usted, es parte de un plan que se me acaba de ocurrir. Necesito librarme de ella  y usted me va a ayudar.

 

GODOT: ¿Yo?

 

FERNANDO:  Sí, usted. Escuche con atención lo que le voy a proponer. (FERNANDO lo invita a sentarse en el piso, se sientan, bajan la luces)

 

 

2

 

GODOT  se encuentra durmiendo en el suelo. Entra LUCRECIA, lo ve, lo despierta.

 

LUCRECIA: ¡Psst!, señor Godot... ey, señor Godot, despierte.

 

GODOT: (Somnoliento) Eh... ¿dónde estoy?... ¿qué hora es?... usted... ¿todavía es de noche?... me quedé dormido... me cansé de esperar... usted... me dijo que... como no llegaba usted me tire un ratito a descansar, pero se ve que... (repentinamente cambia el tono) ¡Oh, señora! ¡Señora!, si supiera... (se incorpora)

 

LUCRECIA: ¿Qué pasó acá? ¿Y mi marido?

 

GODOT: Señora, si supiera...

 

LUCRECIA: Pero qué le pasa hombre, porqué esa cara...

 

GODOT: Fue terrible, lo quise impedir pero no pude.

 

LUCRECIA: ¿De qué habla?

 

GODOT: Se trata de su marido

 

LUCRECIA: ¿Qué le pasó a mi marido? Hable.

 

GODOT: Eran dos, y yo que decía que por este lugar no pasaba nadie

 

LUCRECIA: Me está empezando a preocupar.

 

GODOT: (Gesticula) Uno lo agarró de atrás y el otro le puso una pistola en la frente.

 

LUCRECIA: ¡Qué le hicieron! ¿Lo mataron?

 

GODOT: No... no

 

LUCRECIA: ¿Qué le hicieron?

 

GODOT: Se lo llevaron.

 

LUCRECIA: ¿Quiénes?

 

GODOT: Esos dos. Eran grandotes, tenían unos sobretodos negros y unos sombreros. Casi no se les veía la cara, pero tenían intenciones.. no sé... no sé que pensar, qué le harán o qué le habrán echo ya. Yo no pude intervenir porque el otro, el que lo agarró de atrás, a su vez también con una pistola me apuntaba a mi.

 

LUCRECIA: ¡Pero porqué, quiénes eran ellos!

 

GODOT: Le digo que no los conocía y que no se veían sus rostros. Se lo llevaron allá, a un rincón (señala) y algo hablaban, sin duda lo estaban amenazando.  Él, su marido se quiso resistir, y forcejearon un instante en el suelo. Yo creía que le había sacado el arma y quise meterme, pero  no. El más grandote, en realidad eran los dos enormes, le pegó una patada en la boca del estomago, y su marido se retorció todo y cayó maldiciéndolos. Doy fe que su marido es un valiente. Yo jamás enfrentaría  a dos revólveres.

 

LUCRECIA: Pero dónde está ahora, qué le hicieron...

 

GODOT: Es lo que me gustaría saber

 

LUCRECIA: Y usted, ¿Qué le hicieron a usted?

 

GODOT: Nada, se nota que la cosa era con él.

 

LUCRECIA: ¿Le pegaron mucho?

 

GODOT: No le digo que conmigo no era...

 

LUCRECIA: ¡No hombre, a mi marido! ¡¿Le pegaron, lo lastimaron?!

 

GODOT: No. Fue esa patada nada más. Después se quedaron allá, en ese rincón y hablaban algo, que después me enteré...

 

LUCRECIA: ¿Qué pasó?

 

GODOT: (Saca un papel de un bolsillo, se los pasa) Dejaron esto para usted. (LUCRECIA  lee detenidamente, de repente comienza a reír)

 

LUCRECIA: Es demasiado.

 

GODOT: ¿Cómo?

 

LUCRECIA: Esto ya es demasiado más de lo que yo hubiera pedido ¿Usted lo leyó?

 

GODOT: No tuve más remedio

 

LUCRECIA: Dígame si no es divertidísimo.

 

GODOT: ¿De qué se ríe?, es su marido.

 

LUCRECIA: Cualquiera diría que esto estuvo planeado por el mismísimo demonio.

 

GODOT: ¿No va a pagar?

 

LUCRECIA: (Un poco más seria) Señor Godot, hace años que estoy pensando cómo puedo hacer para sacármelo de encima.

 

GODOT: (Confundido) Pero eran dos.. tenían dos revólveres... eran enormes, parecían verdugos medievales...

 

LUCRECIA: ¿Tenían cara de asesinos?

 

GODOT: No se veía... ¡sí, sí, tenían cara de perros rabiosos!, uno no quisiera estar en lugar del señor Fernando.

 

LUCRECIA: (Despreocupada) En ese caso me tendré que hacer cargo de los gastos de entierro y todo eso. 

 

GODOT: ¡No es broma, esa gente estaba decidida a todo!

 

LUCRECIA: ¡¿Usted sabe en nuestras discusiones con Fernando cuántas veces me deseo la muerte?! (GODOT se queda inmóvil)

 

GODOT: Pero...

 

LUCRECIA: No deseo que lo maten, pero si se lo pueden llevar bien lejos...

 

GODOT: O sea que no va a pagar...

 

LUCRECIA: Ni pienso.

 

GODOT: ¿Y la mitad?

 

LUCRECIA: Tampoco.

 

GODOT: ¿Un cuarto?

 

LUCRECIA: No.

 

GODOT: ¿Un diez por ciento? (LUCRECIA lo mira fijo unos segundos)

 

LUCRECIA: ¿Por qué se preocupa?

 

GODOT: Eh... ¡cómo por qué me preocupo! ¡qué se piensa que soy!

 

LUCRECIA: No sé ni me interesa.

 

GODOT: ¡Un hombre está a punto de morir y da la casualidad que ese hombre es su marido! (LUCRECIA observa todo el lugar minuciosamente ignorando lo que dice GODOT) y yo... en este caso soy algo así como... el intermediario, eso, yo me siento responsable, el destino quiso que yo sea testigo de este rapto. Y ahora cualquier cosa que le pase a ese hombre, en parte también depende de mí... si lo matan no voy a poder dormir, las pesadillas me van a atormentar noche tras noche, y voy a sentir voces en la oscuridad repitiéndome hasta la locura: “Godot... Godot... hasta que no pagues tu culpa, tu alma estará sucia... no hiciste nada para salvar la vida de un inocente...” ¡y todo por estar ahí, en ese lugar y en ese momento!... y otra vez yo con sentimiento de culpa. Primero la culpa de dejar esperando a alguien, que por suerte como me dijo su marido, ya estaba perdonado, y ahora.... (la observa) ¿me está escuchando? ¿qué mira?

 

LUCRECIA: (Despreocupada) Inspecciono el terreno donde se levantará el hotel que tengo en mente construir.

 

GODOT: Con la plata para salvar a su marido. (LUCRECIA sigue despreocupada. GODOT, como vencido y deprimido, se sienta en el banquito)

 

LUCRECIA: (Sin mirarlo) Sí, es un buen lugar para un hotel. (Pausa)

 

GODOT: (Sin mirarla, como ido) ¿Cómo eran?

 

LUCRECIA: ¿Eh?

 

GODOT: ¿Cómo eran?

 

LUCRECIA: Usted los vio, no yo.

 

GODOT: ¿Cómo eran?

 

LUCRECIA: Tenían sombreros y sobretodos, ¿eso dijo usted?

 

GODOT: ¿Cómo eran?

 

LUCRECIA: (Se le acerca y lo mira) ¿Se siente bien?

 

GODOT: (Sigue en un  tono monocorde y depresivo) ¿Cómo eran, ellos?

 

LUCRECIA: Ellos, quiénes...

 

GODOT: Vladimiro... y Estragón.

 

LUCRECIA: Quiénes son... ah, las personas que usted estaba esperando.

 

GODOT: Las que yo hice esperar.

 

LUCRECIA: No tengo la menor idea, si no lo sabe usted.

 

GODOT: Su marido me dijo que los vieron.

 

LUCRECIA: ¿Nosotros?

 

GODOT: Sí, y que estaba disculpado por hacerlos esperar, que no iban a venir.

 

LUCRECIA: Lamento decirle que le mintió.

 

GODOT: (Después de una pausa) Lo sospechaba.

 

LUCRECIA: Como a un niño, lo engañó.

 

GODOT: ¿Será posible que todo esto me pase por haber dejado esperando a esos tontos?

 

LUCRECIA: Usted es un hombre muy ingenuo

 

GODOT: (Cambia el tono) ¿Me quiere decir que yo soy el tonto?

 

LUCRECIA: Se cree todo lo que le dicen.

 

GODOT: No soy el único. (Pausa, LUCRECIA lo mira) Su marido se encuentra perfectamente.

 

LUCRECIA: ¿Qué dice?

 

GODOT: Usted es una mujer muy ingenua, se cree todo lo que le dicen.

 

LUCRECIA: ¿Y el rapto, y esos dos tipos enormes?

 

GODOT: Cosas de su marido.

 

LUCRECIA: Quiere decir que... (Lo observa, curiosa)

 

GODOT: (Como abatido) La espera me hace mal.

 

LUCRECIA:¡Usted es un mentiroso!

 

GODOT: Yo no era sí. Me estoy volviendo loco. Quizás debiera irme.

 

LUCRECIA: Me hizo ilusionar.

 

GODOT: Por lo menos se puede ilusionar.

 

LUCRECIA: ¿Es chistoso?

 

GODOT: Vladimiro y Estragón no van a venir.

 

LUCRECIA: Le estoy hablando.

 

GODOT: ¿Usted se queda?

 

LUCRECIA: ¡Lo único que faltaba, que lo reemplace a usted en su espera!

 

GODOT: Tiene que esperar a su marido.

 

LUCRECIA: Ni me lo nombre.

 

GODOT: ¿Tiene miedo de esperar?, un rato de compañía le puedo hacer. Solo un rato.

 

LUCRECIA: ¡No necesito su compañía! ¡Yo también me voy!

 

GODOT: Nos vamos los dos juntos.  

 

LUCRECIA: Usted debería quedarse, está esperando a alguien.

 

GODOT: Ni me los nombre. (Pausa. GODOT junta sus cosa como para irse)

 

LUCRECIA: (Dramatizando) ¡Cómo se atrevió a jugar con mis sentimientos!

 

GODOT: ¿Yo?

 

LUCRECIA: Pensaba que me lo había sacado de encima para siempre a Fernando, pero parece que tengo seguir soportándolo.

 

GODOT: No sé quién es peor, usted o su marido.

 

LUCRECIA: ¿Yo? ¿Porqué se la agarra conmigo?

 

GODOT: ¡Ustedes, sí ustedes, usted y su marido...! a MI me hicieron ilusionar diciéndome que se habían encontrado con esos dos.

 

LUCRECIA: No le digo que yo no tengo nada que ver, fue un invento de mi marido.

 

GODOT: ¿No tiene nada que ver usted?

 

LUCRECIA: Por supuesto que no. Seré cualquier cosa menos mentirosa... como usted... debería avergonzarse... hacerme creer esa historia... ¡que falta de respeto!

 

GODOT: Perdóneme.

 

LUCRECIA: Perdonarlo... mejor no le digo lo que... (piensa). Para que se de una idea del mal que me hizo, haga de cuenta que usted desea algo fervientemente, y de repente aparece alguien y le dice su deseo acaba de ser cumplido. Eso es lo que usted me hizo a mi.

 

GODOT: Quería devolverle el favor a su marido por... (rabioso) tiene razón, y la comprendo. El muy desgraciado me hizo creer que ya me podía ir, que no tenía por que seguir esperando.

 

LUCRECIA: ¿Se da cuenta?

 

GODOT: Sí.

 

LUCRECIA: ¿Entiende ahora cómo me siento?

 

GODOT: Claro. Yo siento lo mismo.

 

LUCRECIA: (Ofendida) No sé cómo sigo hablando con usted.

 

GODOT: ¡Ya le dije, perdóneme, y usted también debería comprenderme a mi!

 

LUCRECIA:  Lo comprendo.

 

GODOT: Y yo la comprendo a usted.

 

LUCRECIA: Nos comprendemos.

 

GODOT: Entonces... no deberíamos estar discutiendo.

 

LUCRECIA: (Seria) Lo comprendo, no lo perdono.

 

GODOT: Y yo no la perdo...

 

LUCRECIA: ¿A quién?

 

GODOT: Tiene razón.

 

LUCRECIA: Usted al que tendría que perdonar, si quisiera, es a mi marido. Usted conmigo está en deuda. Y a su vez, usted debería pedirle que se disculpe con usted, a mi marido. Pero conociéndolo, él jamás aceptaría disculparse ante nadie. Por lo tanto lo que le aconsejaría es algo que a mi no me gusta mucho, pero llegado el caso... ¡venganza!

 

GODOT: ¿Qué me quiere decir?

 

LUCRECIA: ¿Con quién está en deuda usted?

 

GODOT: Con... usted.

 

LUCRECIA: ¿Y quién está en deuda con usted?

 

GODOT: Su... marido.

 

LUCRECIA: Una circunstancia matemática que nos lleva solo a un resultado.

 

GODOT: Me estoy perdiendo.

 

LUCRECIA: Va a matar dos pájaros de un tiro. Va  a saldar su deuda conmigo y se va a vengar de mi marido

 

GODOT: (Rabioso) No lo siga nombrando que...

 

LUCRECIA:  (Insidiosa)Vio, sí, es un desgraciado.

 

GODOT: Le confieso algo, yo soy un tipo pacífico, pero cuando me toman por tonto...

 

LUCRECIA: ¿Cuándo dijo que regresaba?

 

GODOT: No sé.

 

LUCRECIA: Pero usted había quedado como intermediario de ese supuesto rapto.

 

GODOT: Tal vez venía mañana para saber las novedades

 

LUCRECIA: (Misteriosa) Y va a haber novedades.

 

GODOT: ¿Qué está pensando?

 

LUCRECIA: Un pequeño favor.

 

GODOT: ¡No! ¡basta de meterme en líos!... mire usted todo lo que debo pagar por haber dejado esperando a esos dos imbéciles.

 

LUCRECIA: ¡Mi marido se le rió en la cara y usted se va a quedar así como si nada!

 

GODOT: ¡Sí!, ¡basta, basta!

 

LUCRECIA: Tampoco le voy a pedir que mate a nadie.

 

GODOT: Lo único que faltaba.

 

LUCRECIA: O sí, tal vez tenga que matar (GODOT se queda inmóvil y la mira fijo) ¿me puede escuchar dos minutos? (bajan las luces)

 

 

3

 

 

Godot está parado en un extremo del escenario, se lo nota nervioso.

 

GODOT: Cinco minutos... cinco minutos más es lo que voy a esperar. No puede ser que me pase la vida esperando. Ni que fuera un designo del destino... esperar, esperar y esperar. Yo antes no era así. Me tenía que haber ido en un principio. Lo que pasa es que no tengo un reloj , algo para medir el tiempo, cómo voy a calcular los cinco minutos... si ni siquiera sé cuanto hace que estoy esperando que aparezca este hombre. Todavía es de noche, pero mi ansiedad me lleva a duplicar y hasta triplicar el tiempo, pero hace más de cinco horas, seguro... y este tipo no aparece... (piensa) ¿pero a quién espero yo?... claro, con todo esto ya me estaba olvidando que esperaba a estos dos tontos (Por el otro extremo entra CANELA. Es LUCRECIA caracterizada, al ver a GODOT se frena, ambos quedan mirándose unos instantes, GODOT se acerca, la observa)

 

CANELA: Voy hacia el Este, ¿voy bien por acá?

 

GODOT: (La estudia) ¿Nos conocemos?

 

CANELA: No creo, es la primera vez que paso por acá

 

GODOT: Usted no es...

 

CANELA: Canela es mi nombre, y voy hacia el Este, pero con este paisaje que no ofrece ninguna referencia creo que me estoy perdiendo.

 

GODOT: Sin embargo...

 

CANELA: ¿Qué mira?

 

GODOT: Nada... me pareció... conocerla.

 

CANELA: ¿Usted vive acá?

 

GODOT: Acá, dónde.

 

CANELA: (Mira todo el lugar) Cierto, este no es un lugar para vivir, ni siquiera es un lugar para detenerse, ¿qué hace usted acá?

 

GODOT: Espero.

 

CANELA: ¿En este lugar? ¿a quién?

 

GODOT: ¿Qué le importa?

 

CANELA: Es verdad, adiós.

 

GODOT: ¡Espere!...estoy esperando a un hombre, no... a dos... quiero decir a tres, primero a dos  y después a uno, en total espero a tres. Pero no sé si van a venir. Dos estaban acá esperándome y yo los dejé plantados. Y el tercero, que es “el uno”, creo que me dejó plantado a mi, aunque los dos primeros creo que también me dejaron plantado, se están vengando, y por eso hasta recién estaba pagando mi culpa, pero me cansé... (la mira curioso)... que raro...

 

CANELA: ¿Qué tengo en la cara?

 

GODOT: ¿Está segura que...?

 

CANELA: ¿Que qué?

 

GODOT: Que parecida a otra persona que hace un rato... no un rato... hace... ¿usted tendría un reloj?

 

CANELA: No uso. Es algo que hace rato tendría que conseguirme, pero una tiene tantas cosas en la cabeza que no puede estar en todo. En este momento lo que más me preocupa es encontrar a esta gente que busco... no se me van a escapar.

 

GODOT: ¿Está buscando...?

 

CANELA: A un hombre y una mujer, dos que están medios locos. Andan recorriendo toda la ciudad dando riendo suelta a sus delirios... ¡hasta pueden llegar a ser peligrosos!

 

GODOT: (La sigue mirando curioso) Esa voz...

 

CANELA: ¿Le gusta mi voz? Todos me la elogian, la música se perdió una gran soprano.

 

GODOT: No dije que me gustara.

 

CANELA: ¿No le gusta?

 

GODOT: No dije eso.

 

CANELA: Entonces, a medias, le gusta pero cree que no doy para soprano. Si no estuviera apurada le cantaría un aria de alguna ópera.

 

GODOT: Diga Fernando.

 

CANELA: ¿Qué?

 

GODOT: Que diga Fernando.

 

CANELA: ¿Para qué?

 

GODOT: Dígalo.

 

CANELA: Fernando.

 

GODOT: Pero dígalo... como gritando, diga ¡“Fernando hacé algo”!

 

CANELA: (Cantando como una soprano) ¡Fernaaaaaannnn.....!

 

GODOT: ¡No! ¡no cante!, dígalo como dando una orden.

 

CANELA: ¡Fernando...! (se frena)  ¿Fernando? ¿De qué Fernando hablá?

 

GODOT: De su marido.

 

CANELA: ¿Qué dice?

 

GODOT: ¿Usted no tiene un marido que se llama Fernando? Fernando Rampamayor, un conde...

 

CANELA: ¡Lo conoce! ¡Dónde están!

 

GODOT: Es su marido ¿No?

 

CANELA: ¡Yo soy soltera!

 

GODOT: ¿Y Fernando?

 

CANELA: ¡Fernando Rampamayor y su mujer! ¿estuvieron por acá? ¿Los vio?

 

GODOT: Sí... creo, pero...

 

CANELA: ¿Dónde los tiene? ¿Los escondió? ¿Para dónde se fueron?. Esta vez no se me van a escapar.

 

GODOT: ¿Porqué los busca?

 

CANELA: No le digo que están locos. Andan de aquí para allá molestando a toda persona que se les cruza en el camino. Deliran. Hacen maldades. Son un peligro para la sociedad... tienen problemas de identidad. (GODOT la observa)

 

GODOT: Ya veo...

 

CANELA: ¿Qué ve?

 

GODOT: (Va a recoger sus cosas) Me voy.

 

CANELA: ¡¿Cómo se va?!

 

GODOT: Me voy, me cansé de todo y de todos.

 

CANELA: Usted no se puede ir, ¿no entiende?. Es el único que puede ayudarme a encontrar a esos dos, la tranquilidad de la sociedad depende de usted.

 

GODOT: ¡Basta! ¡Basta de hacerme responsable de todo! ¡Usted es Lucrecia! ¿a quién quiere engañar? (se quedan mirando unos segundos)

 

CANELA: ¿De qué habla? (GODOT se le acerca e intenta tomarla del pelo, CANELA le agarra el brazo) ¡Qué hace!

 

GODOT: ¡Sáquese esa peluca!

 

CANELA: (Se separa) ¡¿Qué peluca ni peluca?! ¡Es mi cabello y guay que se atreva a poner un solo dedo sobre el mismo! ¡Con lo que lo cuido...! ¡Y jamás me había sentido tan degradada en mi vida como ahora! ¡¿Quién se cree que es?! ¡¿Cómo se atreve?!... yo me llamo Canela... Ca-ne-la... ¡Y confundirme con esa loca! (Pausa, GODOT se retira unos pasos)

 

GODOT: Es demasiado parecida.

 

CANELA: En eso le doy la razón, y es uno de los motivos de mi búsqueda, ¿se da cuenta ahora? Corro peligro que se haga pasar por mi. ¿Qué pasa si a esta mujer un día se le da por matar gente? ¿y si me confunden con ella? ¿se da cuenta?

 

GODOT: Aléjese, váyase a vivir a otro lado.

 

CANELA: Ah, que fácil que la arregla usted... váyase usted a vivir a otro lado.

 

GODOT: Yo no tengo porqué.

 

CANELA: ¿Seguro?

 

GODOT: Seguro.

 

CANELA: ¿No dijo que alguien se quería vengar de usted?

 

GODOT: ¿Yo le dije eso?

 

CANELA: Alguien que dejo esperando.

 

GODOT: Ah, sí, pero bueno, no es para tanto.

 

CANELA: (Académica y progresivamente dramática) No se crea. Lo peor que hay, es esperar. Es una de las situaciones más incómodas e insufrible que puede haber. La incertidumbre, la ansiedad, los nervios. Cuando uno espera piensa cosas que normalmente no piensa. Porque tiene el tiempo que generalmente no tiene. Y cuando uno piensa cosas que generalmente no piensa, no siempre piensa en cosas buenas. Todo lo contrario. Piensa en cosas terribles. Se lo dice alguien que estudió por años los misterios de la mente. A la incomodidad lógica del que espera se le suman las elucubraciones, generalmente negativas, que empiezan a generarse en su cerebro sobre las causas posibles de la No finalización de esa espera, o sea del porqué la persona que tiene que llegar no llega. Y en lugar de dejar que la ansiedad fluya normalmente, como un hecho natural de toda persona que espera, al contrario, la absorbe en forma de virus. Un virus que empieza a invadirle todo el cuerpo hasta obstruir hasta la última de las neuronas. No dejándole siquiera un resquicio para razonar que si la persona que lo está haciendo esperar no llega, dar por concluida dicha espera y retirarse. Es horrible, ¡horrible! estar esperando. He conocido gente que ha llegado a pensar hasta...  (Hace un gesto exagerado de cortarse las venas o la yugular) ¡suicidarse...!  por el solo hecho relacionar esa situación de espera como una metáfora de la vida: lo inalcanzable, la imposibilidad del logro, la no concreción del hecho salvador... ¿me está entendiendo? Por eso no se crea que si alguien se quiere vengar de usted, porque USTED lo dejo esperando, no se la va a llevar tan de arriba... ¿qué le pasa? (al observar a GODOT deprimido y asustado, cambia un poco el tono) bueno, pero tampoco lo tome tan así, yo le estoy hablando desde un costado profesional, porque no recuerdo si le dije que soy licenciada en psiquiatría, pero no todo el mundo puede reaccionar así tampoco... hay gente que es más sensata y... racional...

 

GODOT: Necesito un cigarrillo.

 

CANELA: Eso sí le puedo ofrecer (observa venir a alguien a lo lejos) ¿Y eso?

 

GODOT: ¿Qué?

 

CANELA: Allá.

 

GODOT: Alguien... viene para acá.

 

CANELA: Parece un hombre

 

GODOT: Me parece...

 

CANELA: ¿No es?

 

GODOT: Sí. La persona que usted está buscando.

 

CANELA: ¡Fernando!

 

GODOT: Encontró a uno.

 

CANELA: ( Se exalta un poco) No... no.... me voy a poner allá, de espaldas, como que estoy buscando algo.

 

GODOT: ¿Pero no era que lo quería agarrar?

 

CANELA: Sí, pero espero a ver si llega la otra y los cazo a los dos juntos. No diga nada. (Va hacia un costado y se ubica de espalda. Entra FERNANDO)

 

FERNANDO: Señor Godot...

 

GODOT: Usted.

 

FERNANDO: ¿Cómo fue todo? (Se percata de CANELA) Oh, veo que no pierde tiempo.

 

GODOT: Una amiga.

 

FERNANDO: ¿Usted cita a todo el mundo acá?

 

GODOT: No, pasaba por acá.

 

FERNANDO: Bueno, vamos a lo nuestro. ¿Y? ¿Qué pasó?

 

GODOT: ¿Qué quiere saber?

 

FERNANDO: ¿Cómo que quiero saber? ¡Todo! ¿habló con mi mujer? (GODOT se aleja unos pasos. Silencio.) ¿Qué le pasa? (GODOT lo observa en silencio) ¡Hable!

 

GODOT: En este momento Yo, lo tendría que estar asesinando.

 

FERNANDO: ¿De qué hablá?

 

GODOT: Su mujer... es peor que usted.

 

FERNANDO: ¿Usted? ¿A mi?

 

GODOT: (Saca un frasquito de un bolsillo) Me dio esto.

 

FERNANDO: (Le agarra el  frasquito) ¿Y esto?

 

GODOT: Cianuro.

 

FERNANDO: ¡No lo puedo creer!

 

GODOT: Créalo.

 

FERNANDO: Perra homicida.

 

GODOT: Ella no. Hubiera sido yo.

 

FERNANDO: La instigación es tan grave como el ejecutante material.

 

GODOT: ¡No quiero más escuchar términos académicos!

 

FERNANDO: ¡Pero qué pasó con mi plan!

 

GODOT: (Toma el frasquito) ¡Esta es la respuesta! Se ve que no conoce bien a su mujer.

 

FERNANDO: ¿Pero usted lo manejó bien el asunto? ¿Se lo hizo hacer creer?

 

GODOT: No soy actor. Hice lo que pude.

 

FERNANDO: Seguramente no dramatizó bien. ¡Usted es un infeliz!

 

GODOT: ¡Un momento! ¡Lo único que falta que me venga a juzgar sin haber visto mi desempeño!

 

FERNANDO: ¡No tenía que haber confiado en usted! ¡Desde el primer momento que lo vi supe que era medio pelotudo!

 

GODOT: ¡No proyecte su frustración! ¡¿Usted es conde?! ¡Conde de las pelotas!

 

FERNANDO: ¡Retire lo dicho, o...!

 

GODOT: ¡¿O qué?! (Canela se da vuelta y se acerca)

 

CANELA: (A FERNANDO) ¡Era verdad, Basura!

 

FERNANDO: ¿Y esta?

 

GODOT: (Dudando) Canela... creo.

 

CANELA: ¡Querías desaparecer, y con mi dinero!

 

FERNANDO: ¿De qué habla?

 

GODOT: (A CANELA) ¿De qué habla?

 

CANELA: (A FERNADO)  ¿Y qué ibas a hacer? ¿te ibas a ir de viaje con alguna prostituta? ¿Ese era tu plan?

 

GODOT: (A ambos, ingenuo) ¿Pasó o pasa algo entre ustedes? (CANELA se saca la peluca, se la golpea en el pecho a GODOT, vuelve a ser LUCRECIA)

 

LUCRECIA: (A GODOT) ¡Y vos, dejá de hacer preguntas estúpidas!

 

FERNANDO: ¡Sos vos, asesina!

 

LUCRECIA: (A FERNANDO) ¡Miseria! ¡Cobarde! ¡Mentiroso!

 

FERNANDO: ¡Me querías matar !

 

LUCRECIA: ¡¿De dónde sacaste eso?!

 

FERNANDO: (Le saca el frasquito a GODOT) ¡De acá! ¡Y con cianuro!

 

LUCRECIA: Yo no tengo nada que ver. Este (Por GODOT) seguro que se quería vengar de vos por hacerle creer que te habías encontrado con esos dos tipos que está esperando...

 

GODOT: ¡¡¿Yo?!!... Me hizo acordar (Lo toma a FERNANDO del cuello) ¡Maldito!

 

FERNANDO: ¡Espere, por eso solo no me va a querer matar!, le dije eso porque lo vi tan deprimido...

 

GODOT: Con ganas lo hubiera matado (lo suelta) pero no soy asesino... (Se recompone) Lo del cianuro... (la  mira a LUCRECIA, toma la peluca que está en el suelo, se le acerca, le muestra la peluca) ¿Qué es todo esto?

 

LUCRECIA: Una peluca ¿no ve?

 

GODOT: No se haga la estúpida.

 

FERNANDO: (A LUCRECIA)  Hablá.

 

LUCRECIA: (A FERNANDO) ¿Hablá?... ¿Hablá?... ¿A mi me decís “hablá”?, ¡Vos hablá, desgraciado!

 

FERNANDO: ¿Qué querés que hable?, lo mío era solo una broma....

 

GODOT: ¡¿Broma?!

 

LUCRECIA: (A FERNANDO) ¡Te querías quedar con mi plata!

 

FERNANDO: ¿Qué decís?

 

LUCRECIA: ¡Ibamos a construir un hotel!

 

FERNANDO: No sé de qué plata estás hablando.

 

LUCRECIA: (Sollozando) Y yo... que eras lo que más quería en el mundo...

 

FERNANDO: Pero, mi amor... (A GODOT) ¡Usted! ¿Qué le dijo…?

 

GODOT: (Desconcertado) Lo que usted me dijo, palabra por palabra.

 

FERNANDO: Nunca hablé nada de plata.

 

GODOT: (Lo observa sorprendido) ¡¿Nunca habló nada de plata...?! ¡¿Nunca habló nada de plata...?! (se le abalanza a FERNANDO, forcejean) Yo te voy a dar...

 

LUCRECIA: ¡Esperen! (Los dos hombres se detienen. A GODOT) Ya me parecía que era todo un invento suyo... (A FERNANDO) Perdoname mi amor si dude por un instante...

 

GODOT: (Suelta a FERNANDO. Se incorpora lentamente, se acerca a LUCRECIA, la observa, está agitado y muy serio, retrocede y levanta el frasquito con cianuro que quedó en el suelo, se lo da a LUCRECIA) Beba.

 

FERNANDO: ¡Nooo! (Pausa)

 

LUCRECIA: (A FERNANDO) ¿Realmente pensaste...?

 

FERNANDO: ¡No lo hagas!

 

LUCRECIA: Fernando... ¿realmente...?

 

GODOT: ¡Beba!

 

LUCRECIA: (Tensión. Observa a ambos. Destapa el frasquito y bebe tranquilamente, GODOT mira expectante) No es mi licor favorito, pero es el color mas parecido al cianuro que encontré.

 

FERNANDO:  (Respira aliviado, corre a abrazar a LUCRECIA) ¡Mi  amor...! (Se separa y se acerca a GODOT, que observa todo sin entender nada, atónito, con la boca abierta) ¡Usted!

 

GODOT: ¿Yo...?

 

FERNANDO: ¡Asesino!... ¡Asesino en potencia...! (Empieza a caminar alrededor de él) Ahora vemos lo que es, al fin se sacó el antifaz... ¿Y si realmente era cianuro...?, ¿Y ahora? ¿Qué hacemos con usted?... ¿Qué va  argumentar? ¿Cómo se va a defender? Seguramente se va a inventar toda una historia para tratar de justificar el hecho aberrante que nos tocó presenciar recién... ¿Usted toma conciencia de lo que hizo?... (recoge la peluca del suelo) O tal vez querrá culpar a mi mujer por disfrazarse, cuando solamente tenía un único motivo: comprobar que la llama de nuestro amor, el de ella y el mío, aún sigue viva (Se acerca a LUCRECIA, la besa. GODOT ya no entiende nada) No tiene vergüenza... ¡Linda forma de pararse frente a la vida...! ¡hace esperar a la gente, inventa historias, trata de envenenar a un semejante...!

 

LUCRECIA: Perdonémoslo, es un pobre hombre digno de lástima. (GODOT comienza a actuar como un autómata, lentamente va hacia su banquito, se sienta unos segundos con la mirada perdida, se levanta y muy lentamente, como derrotado, empieza a salir de escena, antes de desaparecer se frena, los observa por última vez, sale. LUCRECIA y FERNANDO lo observan salir en silencio. Empiezan un dialogo monocorde y frío)

 

FERNANDO: ¿Y?

 

LUCRECIA: ¿Qué?

 

FERNANDO: ¿Qué te parece?

 

LUCRECIA: Salió bien.

 

FERNANDO: ¿Lo habremos logrado?

 

LUCRECIA: Hmmm... no sé, pero que la pasó mal, no tengo duda. (Pausa)

 

FERNANDO: ¿Estuve bien?

 

LUCRECIA: ¿Y yo?

 

FERNANDO: No te vi la parte de la peluca.

 

LUCRECIA: ¿Y el resto?

 

FERNANDO: Si, ahí estuviste bárbara.

 

LUCRECIA: Sí, ¿no?

 

FERNANDO: Sí.

 

LUCRECIA: Vos también.

 

FERNANDO: Sí... un poco sobre actuado lo último ¿no?

 

LUCRECIA: No, bien, bien...

 

FERNANDO: Por como se fue, me parece que misión cumplida.

 

LUCRECIA: Al principio me parece que muy larga la historia esa que estaba en nuestra propiedad y todo eso...

 

FERNANDO: Pero el tipo se embaló ¿no viste?

 

LUCRECIA: Sí. (Pausa)

 

FERNANDO: ¿Misión cumplida?

 

LUCRECIA:(Piensa)

 

FERNANDO: ¿Qué pensás?

 

LUCRECIA: ¿Era para tanto?

 

FERNANDO: No sé. Cosas de esos dos tipos.

 

LUCRECIA: ¿Todo por una espera?

 

FERNANDO: No fue una espera común.

 

LUCRECIA: Muchos años ¿no?

 

FERNANDO: Sí. Y dicen que todavía esperan...

 

LUCRECIA: Vladimiro y...

 

FERNANDO: Estragón.

 

LUCRECIA: Estragón, sí.

 

FERNANDO: Sí, supongo que van a quedar satisfechos.

 

LUCRECIA: Sí. Por como se fue, lo dejamos como una piltrafa.(Pausa)

 

FERNANDO: A  lo último me dio un poco de lástima, pero...

 

LUCRECIA: Nos van a pagar buen dinero.

 

FERNANDO: Eso. (Pausa)

 

LUCRECIA: Acá los teníamos que esperar ¿no?

 

FERNANDO: Sí.

 

LUCRECIA: ¿Venían los dos?

 

FERNANDO: Sí... o no, Vladimiro me dijo que iban a mandar a un chico...

 

LUCRECIA: ¿Un chico?

 

FERNANDO: Sí.

 

LUCRECIA: Mientras traiga la plata. (Pausa, caminan lentamente por el lugar, se miran)

 

FERNANDO: Esta haciendo un poco de frío ¿no? (Pausa)

 

LUCRECIA: ¿Y cómo sabe cuándo tenía que venir ese chico?

 

FERNANDO: Calculará.

 

LUCRECIA: Pero ¿cómo?

 

FERNANDO: No sé, supongo que más o menos...

 

LUCRECIA: Vamos a tener que esperar.

 

FERNANDO: ¿Nosotros, esperar...?

 

LUCRECIA: Y con este frío.

 

FERNANDO: Mi amor...

 

LUCRECIA: ¿Sí?

 

FERNANDO: ¿Te parece que hicimos bien?

 

LUCRECIA: Ya lo hicimos.

 

FERNANDO: Nos lo pedía un poco la historia...

 

LUCRECIA: ¿La historia...? ¿Qué historia?

 

FERNANDO: Nada, lo dije por decir algo. (Pausa)

 

LUCRECIA: Ahora nos toca esperar a nosotros.

 

FERNANDO: Esperar...

 

LUCRECIA: Sí.

 

FERNANDO: Esperemos.

 

 

Lentamente empiezan a bajar las luces

 

Se empieza a escuchar el sonido del viento que crece progresivamente

 

Oscuridad.

 

Solo queda el sonido del viento

 

  

FIN

 

  

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