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HOY JUGAMOS A LA GUERRA

de Rogelio San Luis

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

“HOY JUGAMOS A LA GUERRA”

Farsa trágica de humor crítico en un acto, original de

 

Rogelio San Luis

PERSONAJES

(Por orden de aparición)

CLAUDIO

ALBERTO

MERCEDES

LUISA

PEDRO

ANTONIO

MARINA

JAVIER

PIANISTA

VIOLINISTA

FLAUTISTA

DIRECTOR

_____________________________

La acción, en un campo de batalla.

Época, actual.

Lados, los del espectador.

_____________________________

 

ESCENARIO

Hermoso campo verde con árboles y flores.

En el foro, ocupando todo el término, mar sereno.

Entradas por los laterales.

Demás cosas que exija la acción.

ACTO ÚNICO

(Al entrar el público en la sala, se escuchará ininterrumpidamente un exagerado ruido de bombas hasta el comienzo de la obra. SILENCIO. Se alza el telón. CORTINAS. Por el proscenio izquierdo entra CLAUDIO. Cincuenta y cinco años. Bajo y delgado. Pronunciado bigote. Viste un traje elegante. Se dirige al público.)

CLAUDIO.-¡Soy el presidente del país más poderoso del planeta! Nuestros rascacielos desafían al Sol. Nos ilumina la antorcha de la Estatua de la Libertad. La bandera con estrellas de nuestra moneda. Armas para conquistar la Tierra. Astronaves para poseer el universo. ¡Dios creó aquí su democrático paraíso terrenal!

(PAUSA.)

Ayudamos a los Estados subdesarrollados. ¡Nunca han sido nuestras colonias! Acabamos con su ignorancia. Les cobrábamos tan poco en las escuelas... Sólo sus ricos productos. Tenían que madurar, hacerse adultos. ¡Por eso implantamos dictaduras para no abandonarlos!

(PAUSA.)

Crecieron, inventaron canciones de pueblo unido. Les regalamos urnas de cartón para que fuesen libres. Seguían siendo los mismos dentro de sus democracias de opereta. Apenas un renglón, muy pocas veces, en las páginas de nuestros liberales periódicos. ¡Quieren rebelarse! ¡¡Los utiliza el terrorismo!!

(Mutis por el proscenio izquierdo. Por el proscenio derecho entra ALBERTO. Cincuenta años. Alto, fuerte, corpulento. Viste moderna y alegre indumentaria. Se dirige al público.)

ALBERTO.-¡No seremos esclavos de un cruel imperialismo! Tenemos nuestras inigualables minas de oro. Visitad gratis los museos, bibliotecas, acudid a conciertos. La guerra ha muerto en un poema. ¡Se prohíbe invadir países y robarlos! ¡¡El ladrón no dibujará nuevos mapas con lápices de colores!!

(PAUSA.)

¿Qué esconden debajo de sus lujosas alfombras? Los ricos y los trabajadores se distancian. Los mendigos habitan en casas que construye el aire. Robos, asesinatos, cadáveres extraviados en el asfalto, cárceles, torturas, penas de muerte. ¡La destrucción del hombre! ¡¡El gran llanto por la civilización perdida!!

(PAUSA.)

¡Compañeros! ¡Estoy aquí por vuestros votos y continuaré para libraros de pasar constantemente por las urnas! Repartiré los que tenemos. No habrá pobres ni ricos. Nos cultivará la enseñanza. No pagaremos la Sanidad. No gastaremos en material bélico. ¡Socializaremos todo! ¡¡Patria o muerte!!

(Se descorren las cortinas. Sentados, frente al publico, en sillones. Ellos en los de la derecha y ellas en los de la izquierda. MERCEDES, esposa de Alberto, cuarenta y cinco años. Alta, esbelta y atractiva. Viste un lujoso traje largo. LUISA, esposa de Claudio, cincuenta años. Estatura normal, guapa y elegante. Viste un lujoso traje largo.  Ellas se levantan emocionadas y ellos solemnes.)

ALBERTO.-Señor presidente del país más poderoso de la Tierra, señora presidenta. Es un honor abrir las puertas de mi humilde casa para agradeceros esta visita. Tengo la seguridad de que nuestro encuentro servirá para unirnos y conseguir la paz que predicáis con vuestro ejemplo. ¡Bienvenido al que ocupa el sillón de Dios!

(MERCEDES y LUISA aplauden discretas.)

CLAUDIO.-Señor presidente de este próspero y culto país, señora presidenta. Gracias por vuestro recibimiento. Me encuentro muy halagado con sus palabras. Puede estar tranquilo por su cartera. Sé que nuestra charla servirá para construir un mundo mejor. ¡No se precisa mucho!

(MERCEDES y LUISA aplauden discretas. Todos se sientan distendidos.)

Hoy, sin pistola, no se puede dialogar. ¡Es un suicidio, Alfredo! Debes armarte y dejarte de tanto idealismo.

(LUISA y MERCEDES se levantan.)

MERCEDES.-Qué conversación tan trivial... Te enseñaré el país, Luisa. Hoy lo tengo sin arreglar.

ALFREDO.-Claudio... Las armas son más necesarias que las vitaminas. Pero... Pedírselas a los Reyes...

LUISA.-¡El mar, Mercedes, en esta hermosa tarde de verano! ¿Vamos a asesinarla, sin ver su crepúsculo, hablando de frívolas cosas para matar?

(Mutis de MERCEDES y LUISA por el foro izquierdo. Se levanta.)

CLAUDIO.-¡¡Yo te las vendo!!

(Se levanta y se pone de rodillas con las manos juntas.)

ALFREDO.-Que... sean baratas.

CLAUDIO.-No puedo hacer obras de caridad.

(Se levanta.)

ALFREDO.-Entre nosotros... ¿Y ganas mucho con este honrado negocio?

CLAUDIO.-Hombre... No voy a trabajar gratis. Unas comisiones, ya sabes. ¡Mi país abastece al mundo entero! ¡Nuestras fábricas de matar son las mejores! ¡¡Hay que defender la economía del país!! Cuantos más clientes...

ALFREDO.-No me vas a decir que también se las vendéis a terroristas...

CLAUDIO.-¡Para vender un arma no se precisa un certificado de buena conducta!

ALFREDO.-Darás facilidades de pago. Unos cómodos plazos...

CLAUDIO.-¡Al contado! Pueden derrotar al comprador. ¿Y después quién paga? ¿El enemigo? ¡¡Es necesaria una ética!!

(PAUSA. Ilusionado.)

ALFREDO.-Tú crees, y no es con ánimo de ofenderte, que tus armas matan bien.

CLAUDIO.-¡No tienen fecha de caducidad! ¡Están garantizadas contra la vida!

ALFREDO.-En ese caso... ¿Te puedo hacer un sencillo pedido?

CLAUDIO.-¡Jamás le he negado un favor a un pacifista!

(Mutis por el segundo izquierdo. Por el foro derecho, y ajenas a todo, entran MERCEDES y LUISA.)

LUISA.-Me encanta, me encanta vuestro país. ¡Y tan exótico...! Ay, parece que estás en el extranjero.

MERCEDES.-Ven, querida. Aún no has visto... ¡Esta maravilla del mundo!

(Mutis de las dos por el segundo derecho. Por el segundo izquierdo entra CLAUDIO. Trae una gran maleta negra.)

CLAUDIO.-¡¡Compren países, compren!! ¡¡No mueran por una bala de pésima calidad!!

(La deja en el centro del primer término.)

ALFREDO.-¡Ofreces lujosos cementerios!

(Se sientan en el suelo. La maleta queda en el medio. La abre. Saca un tanque de juguete de ella. Como un charlatán.)

CLAUDIO.-¡¡Qué gran tanque!! ¿¿Cuánto vale?? ¡¡Doscientos millones!! ¡¡Pero he venido aquí a regalar!! ¡¡Adquiéranlo por cien millones!! ¿¿Qué he dicho?? ¡¡No paguen cien millones!! ¡¡Ni cincuenta!! ¡¡Ni diez!! ¿¿Les parece mucho?? ¡¡Hoy me he vuelto loco!! ¡¡Paguen solamente medio millón!! ¡¡Y el que lo lleve...!!

(Saca un fusil de juguete de la maleta.)

¡¡Lo obsequio con este extraordinario fusil!!

(Deja tanque y fusil en el suelo. Saca un bloc y un bolígrafo.)

¿Cuántos te pongo? Que no se diga...

ALBERTO.-Pues... De momento... ¡Mil!

(Anota y saca un misil de juguete de la maleta.)

CLAUDIO.-Este misil, por ser para ti, a un millón la media docena.

ALBERTO.-¡Muy caro! ¡Las armas me arruinan!

CLAUDIO.-¡Setecientos mil!

ALBERTO.-¡¡No!! ¡¡Cómo se han disparado los precios!!

CLAUDIO.-¡Trescientos mil!

ALBERTO.-¡Ponme quinientas docenas!

(CLAUDIO deja en el suelo el misil y anota.)

¿Tienes aviones? ¿Algo que vuele bien?

(Saca un avión de juguete de la maleta.)

CLAUDIO.-¿Te gusta?  Puedes tirar opositores en pleno vuelo o llevarlos a algún lugar para torturarlos. ¡Un millón! ¡¡Tiempo de rebajas!!

(Deja el avión en el suelo.)

ALBERTO.-¡Quiero tres mil quinientos!

(Anota y saca un cañón de juguete de la maleta.)

CLAUDIO.-¡Cañones! ¡Asequibles a todos los bolsillos! ¡Una ganga! Cada uno... ¡Trescientos mil!

(Deja el cañón en el suelo.)

ALBERTO.-¿¿Nada más?? ¡¡Deseo tres mil como inversión!! ¡¡Siempre sube su cotización en bolsa!!

(Anota y saca una bomba de juguete de la maleta.)

CLAUDIO.-¡Bombas en cajitas de cien como los bombones! ¡Finísimas! ¡Cien mil cada caja tamaño ataúd!

(Deja la bomba en el suelo.)

ALBERTO.-¡Diez mil cajitas! ¡Diez mil ataúdes! ¡¡Cuántos entierros!!

(Anota y saca un barco de juguete de la maleta.)

CLAUDIO.-¡Un barco! ¡Flotan muy bien! ¡Un millón nada más! ¡No puedo descontarte! ¡Pierdo dinero!

(Deja el barco en el suelo.)

ALBERTO.-¡Mil trescientos barcos! Si todos hacen lo mismo... ¡No vamos a tener sitio en el mar!

(Anota y saca una bala de juguete de la maleta.)

CLAUDIO.-Como premio a tu adquisición, diez millones de balas. Se la quitas a un muerto, la lavas y puede servir para otro. ¿Vas a encontrar algo mejor?

(Deja la bala en el suelo.)

ALBERTO.-¡Imposible! Ahora el que no es asesino, es porque no quiere.

(Dándole el bloc y el bolígrafo.)

CLAUDIO.-¿Haces el favor de firmar aquí? Tranquilo... ¡Sólo es ejecutar penas de muerte!

(Firma.)

ALBERTO.-Sí, cómo no. ¡Ya está! Pobres... Los tercermundistas hacen esto con el dedo.

(Le devuelve el bloc y bolígrafo que guarda.)

CLAUDIO.-¡Perfecto! ¡Qué suerte que hayamos aprendido a escribir!

(Echa los juguetes en la maleta y la cierra. Se levantan.)

ALBERTO.-Cuando reciba la mercancía, te pagaré. ¡Confía en mí! ¡¡Deseo dormir con la conciencia tranquila!!

CLAUDIO.-El pago es por adelantado. ¡No te lo voy a robar! Por favor... ¡¡No soy ningún delincuente!!

(Coge la maleta y hace mutis por el segundo izquierdo. ALBERTO va al segundo derecho. Entra CLAUDIO, por el sitio que salió, sin la maleta. Coge un gran saco del segundo derecho y se lo lanza.)

ALFREDO.-¡¡Lo que gastaríamos para erradicar el hambre del mundo!!

(CLAUDIO, que lo coge, lo lanza por el segundo izquierdo y desaparece el saco con montones de billetes que salen de él.)

CLAUDIO.-¡¡Es más importante dominarlo!!

(Coge otro gran saco del segundo derecho y se lo lanza a CLAUDIO.)

ALFREDO.-¡¡Lo que nos costaría que todos estudiasen!!

(CLAUDIO, que lo coge, lo lanza por el segundo izquierdo y desaparece el saco con montones de billetes que salen de él.)

CLAUDIO.-¡¡Los libros perturban las mentes!!

(Coge un nuevo gran saco del segundo derecho y se lo lanza a CLAUDIO.)

ALFREDO.-¡¡Lo que pagaríamos por hacer una sociedad desarrollada y feliz!!

(CLAUDIO, que lo coge, lo lanza por el segundo izquierdo y desaparece el saco con montones de billetes que salen de él.)

CLAUDIO.-¡¡No es moral que el progreso nos invada de seres deshonestos!!

(Por el segundo derecho, y ajenas a todo, entran MERCEDES y LUISA.)

LUISA.-¡Preciosas! ¡Divinas! ¡Cómo me gustan vuestras minas de oro!

MERCEDES.-Estoy tan acostumbrada a verlas... ¡Son una limosna de la naturaleza!

(Los personajes se miran serios. UN MOMENTO. Se tornan afables y se dan las manos.)

CLAUDIO.-Hasta pronto, Mercedes.

ALFREDO.-Luisa, enseguida nos veremos.

MERCEDES.-Estoy deseando hacerte una visita, Claudio.

LUISA.-Alfredo, no te demores.

(Los hombres se abrazan.)

ALFREDO.-¡Magnífico el día!

CLAUDIO.-¡Qué bien lo aprovechamos!

(Las mujeres se besan.)

MERCEDES.-¡Una jornada histórica!

LUISA.-¡No se puede pedir más al cielo!

(Mutis de CLAUDIO y LUISA por el segundo izquierdo. ALFREDO y MERCEDES, ante este término, los despiden emocionados con las manos. UN MOMENTO. Van al centro del escenario.)

ALFREDO.-Le he comprado armas. ¡Seremos fuertes! ¡¡Más poderosos que ellos!!

(Lleva asustada las manos a la cabeza.)

MERCEDES.-Cuánta ingenuidad y despilfarro. ¡Las armas se volverán contra nosotros! ¡¡Y a mí que me niegas cualquier capricho lujoso!!

(Mutis rápido por el segundo derecho. Acercándose lento a este término.)

ALFREDO.-Ahora nos temerán, estaremos seguros. Tal vez... ¡Qué miedo! ¡¡Le hemos declarado la guerra al terrorismo!!

(Mutis rápido por el segundo derecho.

OSCURO

(Han desaparecido los sillones. La escena, que se percibe, se encuentra vacía. Se escucha una gran tormenta y fuerte ruido de lluvia. UN MOMENTO. Crece un poco la luz que sólo iluminará a los personajes. Por el primero izquierdo entra CLAUDIO. Viste, protegiéndose, una exagera gabardina blanca y un gran sombrero negro. Se mueve aterrorizado por el escenario.)

CLAUDIO.-¿¿Es la realidad o estoy soñando?? ¡¡Despierto y el terrorismo está dentro de casa!! ¡¡Los aviones destruyen edificios emblemáticos!! ¡¡La gente huye despavorida!! ¡¡Somos muñecos trágicos!! ¡¡Quieren matarme!! ¡¡Escapo en el avión veloz del viento!! ¡¡No me localizarán!! Pero... ¡¡Me han reconocido!! ¡¡Disparan!! ¡¡Ay!!

(Cae al suelo.)

Oh... ¡El que movía el mundo se desangra! ¡¡Voy a morir ahora!! No... Nada me ha sucedido. Si pudiese...

(Intenta incorporarse y no puede.)

Quiero incorporarme... ¿Qué me ocurre? ¡El pánico se ha apoderado de mí! ¡¡Imposible!!

(Va lento y sin fuerzas, arrastrándose por el suelo, hacia el primero izquierdo.)

¡¡El ataque continúa!! ¡¡Somos víctimas de nuestra propia grandeza!! ¡¡Socorro!! ¡¡Auxilio!! ¡¡Escuchadme!!

(Baja el ruido de la tormenta y de la lluvia.)

El ataque es menor. ¡Me siento más tranquilo! Si fuese cierto...

(Apenas se oye el ruido de la tormenta y de la lluvia. Se levanta.)

Estoy en pie. ¡Todo son escombros! Pero yo... ¡¡Sigo siendo el presidente del país más poderoso de la Tierra!!

(Cesa el ruido de la tormenta y de la lluvia)

Mas... todo continúa oscuro. No hay luz en la tragedia. Cuánta soledad. ¡Luisa! ¡Contesta, Luisa!

VOZ DE LUISA.-¡Claudio! ¡Es horroroso! ¡¡Cómo nos han dejado todo!!

CLAUDIO.-¡Qué afrenta, cariño! ¡¡Han destruido lo que sembramos!!

(Se ven las dos manos de LUISA, en el primero izquierdo, que se las extiende.)

VOZ DE LUISA.-¡¡Ven!! ¡¡Acércate!! ¡¡Estamos vivos!!

(Le coge las dos manos y se las aprieta.)

CLAUDIO.-¡Aniquilaremos a los terroristas! ¡¡Reconstruiremos las ruinas!! ¡¡Nadie volverá a atacarnos!!

VOZ DE LUISA.-¡¡No puedes tolerar esta humillación!!

(Mutis por el primero izquierdo cogido por las dos manos de LUISA. Luz. La escena vacía.

CORTINAS

(Por el proscenio izquierdo entra CLAUDIO. Se dirige al público.)

CLAUDIO.-¡Ciudadanos de la nación mas poderosa del planeta! ¡Os habla vuestro presidente! El que estuvo, firme y seguro, en la mañana que el terrorismo intentó derrotarnos. ¡¡Es el país que tiene armas de destrucción masiva y minas de oro!! ¡¡Les declaramos la guerra!! ¡¡Los invadiremos!! ¡¡Alberto es el culpable!!

(Mutis por el proscenio izquierdo. Por el proscenio derecho entra ALBERTO. Se dirige al público.)

ALFREDO.-¡Ciudadanos! ¡¡No consiento que se nos acuse!! ¡¡Ellos nos vendieron las armas!! ¡¡Nos declaran la guerra para apoderarse de nuestras minas de oro!! ¡¡Desvían el terrorismo para utilizarlo!! ¡¡Seres como Claudio son nefastos para la humanidad!! ¡¡Daremos la vida si es preciso!! ¡¡No pasarán!!

(Mutis rápido por el proscenio derecho. Se descorren las cortinas. La escena vacía. Mañana soleada. Por el segundo derecho entra PEDRO. Veintitrés años. Alto, delgado, distinguido. Viste un uniforme de soldado. Trae un fusil.)

PEDRO.-Hacer la guerra una mañana de primavera... Pierdes una pierna y no te crece. En la zapatería te cobran el par. Deja usted un zapato. Olvidé la pierna en la guerra, no voy a ir a buscarla. ¡Ahorran con nosotros!

(Por el segundo derecho entra ANTONIO. Cincuenta años. Alto, fuerte, decidido. Viste un uniforme de general. Trae un sable.)

ANTONIO.-Buenos días, Pedro.

(Cuadrándose.)

PEDRO.-¡A sus órdenes, mi general!

(Lo saluda militarmente.)

ANTONIO.-Maldita guerra... Y a algunas les llamas santas o cruzadas. Nadie tiene derecho a quitarle la vida al enemigo. ¡Es un ser respetable! ¡¡En las guerras debería estar prohibido matar!!

PEDRO.-Don Antonio... ¿Me da licencia para desertar?

ANTONIO.-Está bien, deserta de una vez. No voy a contrariarte... ¡Es una cosa personal!

(Dándole la mano.)

PEDRO.-¡Muchísimas gracias, mi general!

(Mutis por el segundo derecho.)

ANTONIO.-Hace bien. Sueño con ver a los ejércitos regalarse flores. Ay... ¡Ese día ganaremos todos!

(Mutis por el primero derecho. Por el tercero derecho, forzado como si lo empujasen, entra PEDRO con el fusil. Malhumorado al término.)

PEDRO.-¿Así tratáis a un compañero? ¡¡No podéis obligarme a luchar!! ¡¡Seguidme!! ¡¡Rebelaos!! ¡¡Huelga general en todas las guerras!!

(Por el primero derecho entra ANTONIO.)

ANTONIO.-Pero tú... ¿Has vuelto? ¿No ibas a desertar? ¡Debes ser un soldado más serio!

PEDRO.-Ahora... Me está gustando. ¡El ambiente es muy acogedor!

ANTONIO.-Agradezco tu importante colaboración. ¡Me agrada contar con soldados valientes!

(Cuadrándose.)

PEDRO.-¡A sus órdenes, mi general!

ANTONIO.-Deja de saludar. ¿Para qué? Puedes gastar el brazo.

PEDRO.-Tiene razón, don Antonio. Los que quedan mancos... ¡Están dispensados!

ANTONIO.-Tutéame, hombre. ¡Todos somos iguales en el campo de batalla!

PEDRO.-Es verdad. ¡Andar con categorías ante la muerte...!

ANTONIO.-¿Estás casado? ¿Tienes hijos? ¿Alguna amante?

PEDRO.-¡Soltero y sin compromiso! Salgo los sábados. Espero que, en la guerra, me des permiso esa noche.

ANTONIO.-¡Hasta la madrugada! ¡¡Iremos los dos!! Lo vamos a pasar...

PEDRO.-Pero tú estás casado...

ANTONIO.-¡Por eso vengo a la guerra!

(PAUSA. Saca unos prismáticos y mira al lateral izquierdo, cielo y mar.)

PEDRO.-¿Se aproximan? ¿Ves algo? Tanto retraso...

(Guarda los prismáticos.)

ANTONIO.-¡Nada.! Qué poca puntualidad. Igual se equivocaron de guerra.

PEDRO.-Los curas no obran bien. Si vas a morir, te confiesan. Pero no actúan igual si matas a un enemigo. Hijo, no lo vuelvas a hacer más.

ANTONIO.-Deberían acudir al enemigo, perdonarles los muertos y que cumpliesen la penitencia de paz.

(Se miran serios. PAUSA.)

Como se demoran bastante.... Podríamos jugar a algo.

(Saca una baraja del bolsillo.)

PEDRO.-¡A las cartas! Siempre resulta más amena la espera.

(Se sientan en el suelo. Extiende un tapete verde.)

Corta.

(Haciéndolo.)

ANTONIO.-Mientras no sea una cabeza...

(Reparte cartas y las van echando sobre el tapete.)

PEDRO.-¡¡El caballo de espadas!!

ANTONIO.-¡¡El rey de espadas!!

(Las recoge y echa.)

ANTONIO.-¡¡Otra espada!!

PEDRO.-¡¡Más espadas!!

(Se miran asustados.)

¡Qué horror! ¿Te das cuenta?

ANTONIO.-En las guerras... ¡Todas las barajas tienen espadas!

(Recogen todo y se levantan. Por el centro derecho entran contentos ALFREDO y MERCEDES. Cada uno trae unas bolsas.)

ALFREDO.-¡¡Buenos días!! ¡¡Dichosa jornada!!

ANTONIO.-Señor presidente, señora presidenta.

MERCEDES.-¡¡Venimos a alentar a las tropas!!

PEDRO.-¡Tarda mucho el ejército enemigo!

ALFREDO.-¿Telefonearon?

ANTONIO.-No...

PEDRO.-Ni pusieron un telegrama.

MERCEDES.-No conocerán el sitio... ¡Deberían mirar en el mapa!

(PAUSA.)

ALFREDO.-¡Pelead sin miedo! ¡No os pasará nada! ¡¡Os hemos hecho un seguro de vida!!

ANTONIO.-Pero si lo cobran los herederos...

MERCEDES.-Por cada órgano que perdáis... ¡Tendréis el trasplante gratuito!

PEDRO.-¿Y quién nos trasplanta la vida?

ALFREDO.-Es que no la podéis perder. No la vais a dejar en ningún sitio. ¡Es de vuestra propiedad!

(MERCEDES extiende un mantel en el suelo y pone, sobre él, cuatro servilletas, cuatro tenedores y cuatro cuchillos)

MERCEDES.-¡Esto hay que celebrarlo!

(Pone, encima del mantel, cuatro vasos y botellas de vino.)

ALFREDO.-¡Es una fecha histórica!

(Pone cuatro platos de cordero y cuatro raciones de pan.)

MERCEDES.-¿Qué? ¿Os gusta el cordero?

ANTONIO.-¡Muchísimo! ¡Lo pediría como última voluntad!

PEDRO.-¡El forense nos considerará importantes en la autopsia!

(Se sientan en el suelo. ANTONIO pone el sable a su lado y PEDRO hace lo mismo con su fusil. Los presidentes juntos y mirando al lateral izquierdo. General y soldado frente a ellos. ALFREDO sirve vino.)

MERCEDES.-¡Qué hermoso es ver a nuestro presidente y a su esposa comiendo con todo el ejército!

ALFREDO.-¡Falta lo mejor! ¡No os lo podéis imaginar!

(Se escucha una rumba.)

ANTONIO.-¡Esto es vida! ¡Una rumba!

PEDRO.-¡Yo pienso venir a más guerras!

(Comienzan a comer y beber.)

ANTONIO.-¡Riquísimo el cordero!

MERCEDES.-Se puede repetir.

PEDRO.-Y este vino... ¡Qué buqué!

ALFREDO.-Aprovéchate. ¡Vamos a brindar!

(Todos levantan el vaso.)

 ¡Para que ganemos esta guerra!

MERCEDES, ANTONIO y PEDRO.-¡Con los ojos cerrados!

(Crece la música. Comen y beben exageradamente muy rápidos. UN MOMENTO. Terminan satisfechos de comer. Se sirven.)

ALFREDO.-Ahora un vino...

MERCEDES.-¡Cómo alegra!

ANTONIO.-¡Me siento contentísimo!

PEDRO.-¡Viva la felicidad!

(Se levantan embriagados. Crece la música.)

ALFREDO.-¡Esto es maravilloso!

MERCEDES.-¡Qué pena no vivir otra guerra!

ANTONIO.-¡Hay agencias para contratarlas!

PEDRO.-¡¡Vamos a bailar la rumba!!

(Se oye fuerte la música. Bailan sueltos la rumba.)

ALFREDO.-¡Qué hermoso espectáculo!

MERCEDES.-¡Todo nuestro ejército bailando alegremente la rumba!

ANTONIO.-¡Yo he cogido una borrachera...!

(Baja la música. Dejan de bailar. Comienza a anochecer.)

PEDRO.-Está llegando la noche. Tengo un sueño...

(Cesa la música.)

ALFREDO.-Después de tanto beber y bailar... ¡Preciso descansar!

MERCEDES.-¡Me muero por dormir!

ANTONIO.-¡Y yo! Pero... ¿Si viene el enemigo?

PEDRO.-¡Que venga! ¡Ja, ja, ja! ¡¡Ya nos despertará!!

(Ríen todos, se echan en el suelo y quedan profundamente dormidos.

OSCURO

(Ruido de aviones. Luz. Mañana siguiente. En el primero izquierdo, asoma un cañón. En el segundo izquierdo, unos sacos que hacen de trinchera. En el tercero izquierdo, asoma un tanque. En el foro, un telón en el que se ve un barco de guerra sobre el mar sereno. Los personajes se levantan rápidos y sorprendidos.)

ALFREDO.-¡¡Han llegado los invasores!!

(Miran al cielo.)

MERCEDES.-¡¡Traen los aviones!!

(Miran al foro.)

ANTONIO.-¡¡Los barcos!!

(Miran al lateral izquierdo.)

PEDRO.-¡¡Los cañones!! ¡¡Los tanques!! ¡¡Han colocado sus trincheras!!

ALFREDO.-¡¡Luchad sin desmayo!! ¡¡El ejército está para defender el país!!

MERCEDES.-¡¡Dar heroicamente hasta la última gota de vuestra sangre!!

(Mutis de ALFREDO y LUISA por el segundo derecho. Cesa el ruido de los aviones. ANTONIO coge el sable y PEDRO el fusil. Se miran. PAUSA. Tiemblan como dos muñecos. Llorando.)

ANTONIO.-¡¡Mamá! ¡¡Mamá!! ¡¡Esto es inhumano!!

PEDRO.-¡¡Volvemos a las cavernas!! ¡¡Que combatan los suicidas!!

(Por el segundo derecho entran ALFREDO y MERCEDES.)

ALFREDO.-¿¿Por qué lloráis??

MERCEDES.-¿¿Tuvisteis algún disgusto??

(Dejan de llorar. ANTONIO tira el sable al suelo y PEDRO el fusil.)

ANTONIO.-¡¡Me niego a combatir!! ¡¡Renuncio a una laureada!! ¡¡Asesinos!!

PEDRO.-¡¡No nos llevaréis al matadero como a los animales!!

(ALFREDO saca un tubito con unos comprimidos.)

ALFREDO.-¿Cómo vais a ir forzados a la guerra? ¡Sería una crueldad! Tomad este pequeño euforizante.

MERCEDES.-¡Qué bien lo vais a pasar! ¡¡Enhorabuena!!

(Les da un comprimido a cada uno y lo toman. Mutis de ALFREDO y MERCEDES por el segundo derecho. Se tornan muy valientes y decididos. ANTONIO coge el sable y PEDRO el fusil. Al lateral izquierdo.)

ANTONIO.-¿¿Dónde está el enemigo?? ¡¡No se apoderará de nuestro glorioso país!!

PEDRO.-¡¡Que vengan si tienen valor!! ¡¡No podréis con nosotros!! ¡¡Os derrotaremos!!

(Mutis de ANTONIO y PEDRO por el segundo derecho. Por el primero derecho asoma un cañón al mismo tiempo que por el tercero derecho asoma un tanque. Por el segundo derecho, sin sable y fusil, entran ANTONIO y PEDRO con sacos y los colocan delante formando una trinchera.)

ANTONIO.-Muy decorativa la trinchera. Puedes trabajar más seguro.

PEDRO.-Es que si vienes de vacaciones a una guerra... ¡Te juegas la existencia!

(Mutis de ANTONIO y PEDRO por el segundo derecho. Por el segundo izquierdo entra MARINA. Veinte años. Muy guapa, alegre y atractiva. Gran melena. Viste un uniforme de soldado. Queda mirando al lateral derecho. UN MOMENTO.)

MARINA.-No hay nadie. ¿Dónde os escondisteis? ¡Qué poca seriedad! ¡No dais señales de vida!

(Gritando con las manos próximas a la boca.)

¡¡Enemigos!! ¡¡Ya hemos llegado!! ¡¡No nos venís a saludar!! ¡¡Os vamos a vencer!! ¡¡A quedarnos con vuestro país!! ¿¿Sois alérgicos a la guerra?? Llega nuestro héroe! ¡¡Cómo galopa en su caballo blanco!!

(Por el segundo izquierdo, sentado en una silla de ruedas que dirige, entra JAVIER. Ochenta años. Alto, delgado, aspecto enfermizo, cabello blanco. Viste un uniforme de general. Todo el pecho cubierto de medallas. Cuadrándose.)

¡A sus órdenes, mi general!

(Saluda militarmente. Coge el sable que tiene en la silla.)

JAVIER.-¿Alguna novedad, Marina?

MARINA.-No aparece el enemigo. Tuvieron que huir.

JAVIER.-No lo creo. Están escondidos para que entremos y ser derrotados. ¡Así le sucedió a Napoleón!

MARINA.-¡¡Qué extraordinario militar!! ¡¡Se merece otra medalla!!

(Se la pone. El tose fuerte. Le da un jarabe y le pasa la tos.)

JAVIER.-¡Qué bien me sienta este jarabe!

(Ella lo guarda. Pone un termómetro en la boca.)

MARINA.-Don Javier... ¿También el termómetro?

(Lo saca y lo mira.)

JAVIER.-Sólo... unas décimas.

(Lo guarda y toma una pastilla.)

Me vendrá bien el antibiótico.

MARINA.-Su salud está a prueba de bombas.

(PAUSA.)

JAVIER.-Tengo un frío...

(Coge una manta por el término y lo tapa.)

MARINA.-Así se encontrará mejor, mi general. Cuando le haga efecto el supositorio...

(Lleva dolorido las manos al corazón.)

JAVIER.-¡¡Ay!! ¡¡Ay!!

(Se aproxima a él muy asustada.)

MARINA.-¿¿Qué le sucede?? ¿¿Se siente mal?

JAVIER.-Este corazón... Cualquier día se para.

(Toma una pastilla.)

JAVIER.-¡Qué bien me encuentro!

MARINA.-Mi general... Usted en lugar de venir a la guerra... ¡Debió ir a una farmacia!

(Se quita la manta y se la entrega a ella.)

JAVIER.-Toma... La manta. Ya me ha pasado el frío.

(La entrega por el término. PAUSA.)

JAVIER.-Las guerras deberían ser distintas. Los soldados leyéndoles poemas al enemigo. ¡Cuánto ahorraríamos en armamento!

MARINA.-¡Qué bello morir o matar con un soneto! En lugar de una medalla..., ¡una flor natural!

(PAUSA. Gritan.)

JAVIER.-¡¡Enemigo!! ¡¡Enemigo!!

MARINA.-¡No responden! ¡¡Están sordos!!

(Alza, muy decidido, el sable)

JAVIER.-¡¡Al ataque!!

MARINA.-¡¡Los invadiremos!!

(Por el segundo izquierdo entran ANTONIO con el sable y PEDRO con el fusil. Ante las trincheras y muy amables.)

ANTONIO.-¡¡Bienvenidos!!

(Muy amables)

JAVIER.-¡¡Bien hallados!!

PEDRO.-Buenos días.

MARINA.-Feliz jornada.

(PAUSA.)

ANTONIO.-Si queréis comenzar... Como sois los invasores...

JAVIER.-¡De ninguna manera! ¡Vosotros primero!

PEDRO.-Pensad que estáis en vuestra casa.

MARINA.-Muchas gracias por vuestra hospitalidad.

(Mueven enérgicos sus sables.)

ANTONIO y JAVIER.-¡¡Fuego!!

(PEDRO y MARINA disparan con sus fusiles. Fuerte ruido de aviones y disparos de barcos, cañones, tanques y fusiles.)

PEDRO.-¡¡A por ellos!!

MARINA.-¡¡No se olviden de rendirse!!

JAVIER.-Marina... ¡Me atrae disparar! Sólo un poquito. ¡No me niegues este capricho!

MARINA.-Le puede hacer daño, don Javier. Está bien. ¡Yo no me responsabilizo!

(Lo pone en la trinchera. El deja el sable y coge un fusil. Sigue fuerte la batalla. UN MOMENTO. Sacan periódicos y leen.)

ANTONIO.-¡¡Comentan que vamos ganando!!

PEDRO.-¡¡Los estamos destruyendo!!

JAVIER.-¡Fíjate...! ¡¡Falta poco para vencer!!

MARINA.-¡¡Es cierto!! ¡¡La prensa siempre dice la verdad!!

(Dejan los periódicos. JAVIER, que le cae el fusil, lleva dolorido las manos al pecho.)

JAVIER.-¡¡Me han dado!! ¡Un disparo! ¡Aquí! ¡En el pecho!

(ANTONIO, PEDRO y MARINA se levantan y dejan los fusiles. La batalla va creciendo siempre en intensidad. Agarrando sus brazos.)

MARINA.-¿¿Le sucede algo mi general?? ¡Me pondré de luto por usted!

(Señalándolos con el dedo.)

MARINA.-¡¡Asesinos!! ¡¡No tienen escrúpulos!! ¡¡Sólo se dedican a matar!!

ANTONIO.-¡¡Nos está difamando!! ¡¡Haga el favor de respetarnos!!

PEDRO.-¡¡Somos muy buenas personas!! ¡¡Pertenecemos a distinguidas familias!!

(Cae sin fuerzas.)

JAVIER.-Ay... Hace un momento tan lleno de vida... ¡Me voy a morir!

(Van rápidos hacia ellos y les extienden sus manos a ella.)

ANTONIO.-Me llamo Antonio. Soy el general enemigo. ¿Tenéis algún problema?

PEDRO.-Si en algo podemos ayudaros... Mi nombre es Pedro.

(Dándoles la mano.)

MARINA.-¡Muchísimas gracias! Me llamo Marina. Estamos... pasando un momento.

(Presentando.)

MARINA.-Don Javier, mi general. Aquí don Antonio, el general enemigo. Aquí su fiel soldado Pedro.

(Dándoles, sin fuerzas, la mano.)

JAVIER.-Qué alegría, Antonio. Ha sido un placer, Pedro.

ANTONIO.-¡Javier! ¡Te estás desangrando!

MARINA.-¡Precisa una transfusión de sangre!

(ANTONIO y PEDRO se remangan y extienden sus brazos.)

PEDRO.-¡¡Nuestra sangre para Javier!!

JAVIER.-¡¡Muy agradecido!! ¡¡Algún día os la devolveré!!

(Coge una jeringa exageradamente grande y los pincha.)

MARINA.-Antonio.... Si eres tan amable... Sólo es un pinchacito, Pedro.

(Les extrae sangre. Bajan sus mangas.)

ANTONIO.-¡Qué satisfacción ser útil!

PEDRO.-¡Regresemos de la guerra con la conciencia tranquila!

MARINA.-Mi general... ¡Un regalo del enemigo!

(JAVIER sube la manga. Lo inyecta. A ellos.)

JAVIER.-¡Pocos quedan como vosotros!

(Baja la manga y MARINA guarda la jeringa. Contentísimo.)

JAVIER.-¡Me está haciendo efecto! ¡Soy otro! ¡¡Qué noble es vuestra sangre!!

(PEDRO y MARINA se miran serios. PAUSA.)

MARINA.-¿Qué... Pedro?

JAVIER.-No, nada.

(ANTONIO y PEDRO van a sus trincheras y cogen sus fusiles al mismo tiempo que JAVIER, con dificultad, y MARINA vuelven a sus trincheras y también cogen sus fusiles. Disparan vehementes.)

JAVIER.-¡¡Los comeremos crudos!!

ANTONIO.-¡¡La victoria será nuestra!!