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| MADRID | |||||||||
de Daniel Dalmaroni
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MATÉ A UN TIPO
de Daniel Dalmaroni
Personajes: Ernesto Marta Julieta Frikman
La escena: Comedor de una casa de clase media.
ESCENA I
(Ernesto y Marta sentados a la mesa, comiendo. Hace rato que lo vienen haciendo. Ernesto está visiblemente angustiado)
MARTA.- Imaginate la pobre Leticia, enterarse de una cosa así después de veinte años de casada. ¿Vos me estás escuchando? (Ernesto no contesta) Ernesto, ¿me estás escuchando o hablo para las paredes?
ERNESTO.- (Distraído, como en otra cosa) No, sí, te escucho.
MARTA.- Bueno, la pobre Leticia, se entera porque el muy turro se lo dice de frente. Le agarró como un ataque. En realidad parece que el tipo volvió a dudar de su sexualidad después de cómo treinta años y se lo dijo de una a la Leti. Un balde de agua fría, para la pobre. Primero no lo podía creer. Cuando me lo contó a mí, creí que me estaba cargando. Venir a decirme que el marido nació mujer, a los veinte años se operó en Chile para hacerse hombre y que ahora, a los cincuenta se le ocurre que quiere volver a ser mujer otra vez. Una locura. Dice que el tipo, el marido… ¿me seguís, Ernesto? El marido fue una mujer hasta los veinte. Pero desde chiquito que insistía en que era un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer. Bueno, cuando llega a la mayoría de edad, el tipo, se opera en Chile. Le ponen un pene y simulan los testículos. Una operación impresionante. Imaginate, Ernesto. Resulta que conoce a Leticia como tres años después. Viste que la Leti nunca pudo quedar embarazada. Bueno, Ernesto, era él. Claro, le pusieron todo, pero espermatozoides, no. Ernesto, ¿me estás escuchando? Ey, Ernesto. ¿Dónde estás?
ERNESTO.- Sí, sí, sí. Decime.
MARTA.- ¿Cómo “decime”? Hace media hora que te estoy contando.
ERNESTO.- ¿Qué cosa?
MARTA.- ¿Cómo “qué cosa”? Lo del marido de la Leti, que era mujer, después fue hombre y ahora quiere volver a ser mujer. ¿Sabés, la pobrecita, descubrir que ahora en lugar de un marido, tiene una esposa? Va a ser como una relación homosexual, ahora. Dos mujeres. Imaginate, ahora se dio cuenta de que ella, en realidad, es lesbiana. “Toda mi vida fui lesbiana y no lo sabía”, me dijo la infeliz.
ERNESTO.- Marta.
MARTA.- El tipo está dispuesto a volver a operarse y que le saquen el pito…
ERNESTO.- Marta.
MARTA.- Bah, el pito, los testículos, todo. Y que le hagan una vagina nueva.
ERNESTO.- Marta, ¿me escuchás?
MARTA.- Mirá, de sólo pensarlo, me da impresión.
ERNESTO.- Marta.
MARTA.- Sí, ¿qué pasa?
ERNESTO.- Maté a un tipo.
MARTA.- No te entiendo.
ERNESTO.- Marta, maté a un tipo.
MARTA.- Sí, eso ya lo escuché, pero te digo que no te entiendo. ¿Qué querés decir?
ERNESTO.- Eso, que maté a un tipo. Esta tarde.
MARTA.- ¿Cómo que mataste a un tipo? ¿Le pegaste? ¿Te peleaste con alguien?
ERNESTO.- No, Marta. Bah, sí, le pegué, pero lo que te digo es que lo maté.
MARTA.- Ay, Ernesto, ¿a dónde querés ir con esto?
ERNESTO.- A ningún lado. Maté a un tipo. MARTA.- No te entiendo.
ERNESTO.- ¿Qué parte de “maté a un tipo” no entendés?
MARTA.- Sí, ya te escuché, pero… ¿qué querés decir con eso?
ERNESTO.- ¿Cómo “qué quiero decir”? Que maté a un tipo, Marta. Nosotros no somos como las mujeres. Cuando decimos algo, queremos decir eso, no otra cosa.
MARTA.- A ver, ¿a quién mataste?
ERNESTO.- No sé.
MARTA.- ¿Vos me querés volver loca a mí? ¿Qué pavadas estás diciendo?
ERNESTO.- Ninguna pavada. Maté a un tipo, pero no sé quién es.
MARTA.- Pará, pará. ¿Vos estás hablando en serio? ¿Cómo que mataste a un tipo?
ERNESTO.- (Muy angustiado) Con las manos. Fue un desastre.
MARTA.- Bueno, dejate de joder, Ernesto, Basta. ¿Cuál es el chiste?
ERNESTO.- No hay chiste. Maté a un tipo. Si querés te cuento, para que entiendas.
MARTA.- Por favor, porque la verdad es que no entiendo cuál es la gracia.
ERNESTO.- Hoy fui al Banco. A sacar plata.
MARTA.- Me dijiste. Me dijiste que ibas a ir.
ERNESTO.- Llego al Banco y había una cola bárbara en las cajas. Entonces, me doy cuenta de que el cajero automático de afuera está vacío. Le digo al tipo que está delante de mí, que me guarde el lugar, que voy a ver si el cajero de afuera funciona.
MARTA.- (Impaciente) ¿Y?
ERNESTO.- Voy y verifico que el cajero anda lo más bien. Pero, como un boludo, en lugar de sacar plata ahí mismo, me vuelvo para el Banco, voy a la cola y le digo al tipo que “muchas gracias por cuidarme el lugar” y le explico que me voy a sacar la plata del cajero.
MARTA.- ¿Intentaron robarte?
ERNESTO.- No, nada que ver. El tipo me dice que él también va a sacar la plata del cajero, que mejor no hacer la cola y salimos los dos para afuera. Resulta que el tipo entra primero que yo al cajero y se pone a sacar la plata. Me indignó. Yo había sido el de la idea, Marta. No sé qué me pasó, pero me indignó y lo agarré de la cabeza y se la partí contra el cajero automático. (Hace gestos mostrando cómo lo mató, que evidencia la torpeza del asesinato) El tipo empezó a gritar, yo le dije que se calle, que no haga un escándalo. Que no sea papelonero. Pero el tipo seguía. Sangre. Empezó a salir sangre por todos lados. De la frente del tipo. ¿Viste que la frente sangra mucho?
MARTA.- ¿Qué decís? ¿Me estás jodiendo?
ERNESTO.- Ahí me doy cuenta de que había machado todo el teclado del cajero. Ya no podía sacar la plata. Qué bronca me dio, Marta. No sabés. Lo agarré del cuello y empecé a apretar. Fuerte. El tipo se resistía. Se movía para todos lados. En un momento se calmó, se aflojó. Se le aflojó todo el cuerpo. Entonces, lo solté. Yo temblaba, no sabés. Pero, de repente, el muy turro empieza a toser, a moverse. Ahí lo agarré de nuevo del cuello y mientras apretaba, le saqué la tarjeta que tenía en la mano y como si fuera una cuchilla, le corte el cogote con el filo de la tarjeta. Empezó a salir sangre para todos lados, pero el tipo no se movió más.
MARTA.- Estás loco. ¿Qué decís?
ERNESTO.- Que maté a un tipo, Marta.
MARTA.- Pero, ¿por qué? ¿Qué te había hecho el pobre hombre?
ERNESTO.- Nada. Nada. Me había robado el turno en el cajero.
MARTA.- Pero por eso no se mata a un tipo, Ernesto.
ERNESTO.- Ya lo sé. ¿Creés que a mí me hace gracia? ¿Creés que me siento feliz?
MARTA.- Más te vale que no, pero… ¿Cómo que mataste a un tipo, Ernesto? Es una locura.
ERNESTO.- Ya lo sé.
MARTA.- Y ahora, ¿qué vamos a hacer?
ERNESTO.- No me vio nadie.
MARTA.- ¿Y eso?
ERNESTO.- Que no me vio nadie, podemos dejarlo ahí. Tal vez crean que fue un robo. Yo por las dudas, le saqué la plata que el tipo había retirado del cajero.
MARTA.- Estás loco.
ERNESTO.- Por favor, Marta. Ayudame.
MARTA.- Ernesto, mataste a alguien. No me estás diciendo que te querés ir a pescar con tus amigos y me pedís que llame a tu trabajo para decir que estás enfermo. Me estás pidiendo que haga como si nada, cuando asesinaste a un tipo.
ERNESTO.- No lo asesiné. Lo maté, pero no soy un asesino. Hagamos como que no pasó nada.
MARTA.- Y si es así, ¿para qué me lo contaste?
ERNESTO.- Tenía que decírselo a alguien. Lo tenía como atragantado, atravesado en la tráquea.
MARTA.- No sé. Hubiera preferido que no me lo contaras. Si no pensabas entregarte a la policía, hubiera preferido que me lo ocultaras.
APAGÓN
ESCENA II
(Marta y Julieta)
JULIETA.- (Entrando) Ya está, mamá.
MARTA.- Lo tiraste lejos.
JULIETA.- Por la Facultad, por Caballito.
MARTA.- ¿Dónde lo tiraste?
JULIETA.- En un contenedor.
MARTA.- ¿En un contenedor? ¿Pero sos tarada vos?
JULIETA.- ¿Por?
MARTA.- ¿No sabés que la gente vive revolviendo contenedores?
JULIETA.- Para el caso, la gente también revuelve la basura.
MARTA.- No es lo mismo.
JULIETA.- Además, te dije que lo dejé por la Facultad. Es lejos. Nunca podrían asociar esa ropa a papá.
MARTA.- Me parece que subestimás a la policía.
JULIETA.- Bueno, lo hubieras hecho vos. Bastante conque me hicieron cómplice.
MARTA.- (Se emociona) Perdoná. Tenés razón. (Pausa) Tu papá es un buen hombre, Juli. Tuvo un momento de locura, de furia. Pero es un buen hombre y un buen padre. Vos sabés que es un buen padre, ¿no?
JULIETA.- ¿Tengo que contestar?
(Ingresa Ernesto. Julieta lo ve y se va)
ERNESTO.- Julieta, vení para acá. Julieta. Juli.
MARTA.- Dejala. Viene de llevar la ropa. Está conmocionada.
ERNESTO.- ¿Conmocionada? Esta chica es una caradura.
MARTA.- ¿Por qué decís eso?
ERNESTO.- No sé cómo crié una hija así.
MARTA.- ¿Qué decís?
ERNESTO.- Ah, todavía no te enteraste.
MARTA.- ¿De qué? ¿Qué cosa?
ERNESTO.- Me extorsiona.
MARTA.- ¿Cómo?
ERNESTO.- Lo que escuchaste. Me extorsiona, la muy turra.
MARTA.- ¿Cómo que te extorsiona?
ERNESTO.- Me pide plata para no contarle todo a la policía.
MARTA.- Dejala.
ERNESTO.- ¿Que la deje?
MARTA.- Es tonta, la pobre. Si a esta altura ella es cómplice. Si dice algo, va tan presa como vos y yo. Unos años menos, pero va presa. Dejala. Dale la plata y dejala. Ya se le va a pasar. Además, no hay forma de que descubran nada. Nadie te vio, no hay pruebas, nada. Nada, Ernesto.
ERNESTO.- Puede ser. Puede ser.
APAGÓN
ESCENA III
(Ernesto y Marta sentados a la mesa, comiendo. Hace rato que lo vienen haciendo. Ernesto está visiblemente angustiado)
MARTA.- Parece que es la única solución. A mí me parece una locura.
ERNESTO.- Marta.
MARTA.- Pero ella dice que está dispuesta. Dice que lo último que quiere en la vida es una relación homosexual. Te soy sincera, a mí no me gustaba mucho eso de tener una amiga lesbiana. ¿Qué sé yo? Los homosexuales son raros. No soy discriminadora, pero no me digas que los homosexuales no son raros.
ERNESTO.- Marta.
MARTA.- Les sale como veinte mil pesos. Diez mil por operación y eso que le hacen precio por los dos. Como un combo. A él lo vuelven a hacer mujer y a ella la hacen hombre. Yo le pregunté a Leticia, si ya que le tienen que sacar las tetas, no me las podía pasar a mí, pero averiguó y es imposible. Dicen que puedo tener rechazo. Yo le dije que eso lo dicen los médicos porque no saben lo amigas que somos, lo que nos queremos. Aparte, sería como sellar una amistad, tener algo de ella. (Risueña) A vos te encantaría. Siempre te gustaron las tetas de Leticia.
ERNESTO.- Marta. Escuchame.
MARTA.- No, no me digas que no. Si se las vivís mirando. (Risueña) Bueno, ahora se las vas a tener que mirar al marido.
ERNESTO.- Martita.
MARTA.- Someterse a semejante operación por conservar al marido, me parece una locura. Bah, que digo “al marido”, a la esposa, en realidad. Y cambiar los nombres. Eso, parece que lo van a hacer sencillo. Él se va a llamar Leticia y ella Mariano. Lo mismo con la ropa. Se la cambian y listo. Dice que él le pidió a los médicos, el mismo talle de corpiños y caderas que tiene ella. Y… con tanto gasto, está bien que piensen en todo. Vamos a tener que acostumbrarnos.
ERNESTO.- (Angustiado) Marta.
MARTA.- ¿Qué?
ERNESTO.- Maté a una tipa.
MARTA.- A un tipo. Pero te estaba contando otra cosa.
ERNESTO.- Marta, te digo que maté a una tipa.
MARTA.- Y yo te digo que fue a un tipo y que te estoy contando algo importante de mi mejor amiga, que por si no te diste cuenta, va ser mi mejor amigo.
ERNESTO.- No, maté a una tipa.
MARTA.- ¿Insistís? ¿Ahora era una tipa? Me dijiste que era un tipo. Desde hace dos semanas que es un tipo.
ERNESTO.- No. Es otra.
MARTA.- ¿Otra qué?
ERNESTO.- Maté a una tipa.
MARTA.- ¿Insistís? Además, ¿qué te agarró, una regresión? Ya sé que mataste un tipo, pero quedamos en no hablar más del tema. No revolver la cosa. No meter el dedo en la llaga.
ERNESTO.- No entendés nada.
MARTA.- No, la verdad que no.
ERNESTO.- Hace dos semanas maté a un tipo. En el cajero, maté a un tipo.
MARTA.- De eso hablaba.
ERNESTO.- ¿Me dejás hablar?
MARTA.- Dale.
ERNESTO.- Hace dos semanas maté a un tipo en el cajero. Y esta tarde, maté a una tipa.
MARTA.- ¿Me estás jodiendo?
ERNESTO.- (Angustiado, conmocionado) No, te juro que no. Esta tarde maté a una tipa.
MARTA.- (Indignada) ¿Cómo que mataste a una tipa? ¿Estás loco? Estás totalmente loco. Explicame, ¿cómo, cuándo, por qué?
ERNESTO.- Yo volvía de la oficina y en la Autopista veo un auto en la banquina. Aminoro la marcha y veo que hay una mujer tratando de cambiar la cubierta del auto. Me detengo. Digo, esta mujer no sabe cambiar una rueda. Además, me pregunto ¿no sabe que puede llamar al servicio de la Autopista?
MARTA.- Apurate, porque me ponés nerviosa.
ERNESTO.- Me acerco y le digo a la mina que puede llamar al servicio mecánico de la Autopista. La mina, una resentida, una hija de puta que debía odiar a los hombres, porque no va que me dice que me meta mi consejo en el culo.
MARTA.- ¿Y? ¿La mataste por eso? ¿Te cruzaste con una histérica lesbiana y la mataste por eso?
ERNESTO.- No sé, Marta. No sé. Me di vuelta para volver a mi auto, pero algo me detuvo. Volví hacia la mina, le saqué la llave cruz que tenía en la mano y le dije: “¿A ver si tenés la cabeza hueca como me parece?” y le descargué todo el peso de la llave cruz en la nuca. Tanta sangre, Marta. ¿Cómo puede salir tanta sangre de la cabeza de una boluda como esa?
MARTA.- La mataste de un solo golpe.
ERNESTO.- No. Cuando me estaba volviendo al auto, veo que la tipa mueve una pierna. Así, mueve la patita, la muy puta. Entonces, volví y le dí con la llave cruz en la cara. (Hace gestos mostrando cómo la mató, que evidencia la torpeza del asesinato) La tipa se movía, se resistía, pataleaba. Le di como diez golpes, con fuerza.
MARTA.- Vos no estás bien.
ERNESTO.- Te juro que no sé lo que me pasó, Martita.
MARTA.- Vos no estás bien, Ernesto.
ERNESTO.- Puede ser. ¿No estaré loco, Marta?
MARTA.- ¿Cómo vas a matar a una mujer porque se negó a seguir tu consejo? ¿Quién te creés que sos? La vida la da Dios y sólo él puede quitarla.
ERNESTO.- Vos sos atea.
MARTA.- Eso no importa. Bueno, ponele que no es Dios. Ponele hache, pero seguro que no sos vos el dueño de la vida de la gente, Ernesto.
ERNESTO.- No sé qué me pasó.
MARTA.- Te pasó que estás loco. No podés andar así por la vida matando al primero que se te cruza en el camino. Mirá si yo matara a todos los que me caen mal. Dejaría al barrio sin gente, Ernesto. ¿Qué tendría que hacer Leticia con su marido que en realidad es su esposa? Qué tendría que hacer con ese pervertido que tiene como marido, si pensara como vos?
ERNESTO.- Es que yo no pienso. En esos momentos, no pienso.
MARTA.- Bueno, yo voy a pensar por vos.
ERNESTO.- Eso. Hay que deshacerse de mis pantalones que están todos manchados.
MARTA.- Callate. Yo voy a pensar por vos.
ERNESTO.- Dale.
MARTA.- Tenés que entregarte.
ERNESTO.- Estás loca.
MARTA.- No, vos estás loco. Acá, el único loco sos vos, que andás matando gente porque sí.
ERNESTO.- No me puedo entregar.
MARTA.- Buscamos un buen abogado y te sacan por insania.
ERNESTO.- ¿Cómo insania?
MARTA.- ¿No coincidimos en que estás loco?
ERNESTO.- Es una forma de decir.
MARTA.- ¿Mataste a un tipo porque te robó el turno en el cajero, mataste a una mina porque no quiso llamar al servicio mecánico de la Autopista y me decís que pensar que estás loco es una forma de decir?
ERNESTO.- Me van a mandar al Borda.
MARTA.- ¿Y?
ERNESTO.- En el Borda no duro ni una semana, Martita. Por favor, ayudame.
MARTA.- ¿Ayudarte? Más, todavía.
ERNESTO.- Sos mi esposa.
MARTA.- Y con eso qué. Te hago la comida, te lavo y te plancho la ropa, te hago el mate a la mañana. Eso es lo que hace una esposa, no encubrir los crímenes de su marido.
ERNESTO.- No hables así. No soy un criminal.
MARTA.- ¿Que no hable así? ¿Que no sos un criminal? ¿A, no? ¿Y qué sos? ¿Un justiciero? ¿Qué sos?
ERNESTO.- Marta, por favor.
APAGÓN
ESCENA IV
(Marta y Julieta)
MARTA.- No lo habrás tirado al mismo contenedor que la otra vez, ¿no?
JULIETA.- No. Metí todo en una bolsa y lo tiré al costado de la vía. Lejos de la estación. No me vio nadie.
MARTA.- ¿Cómo que metiste “todo” en la bolsa? ¿Qué es “todo”? Eran unos pantalones, nada más.
JULIETA.- No. Unos pantalones y una camisa.
MARTA.- No, la camisa no estaba manchada.
JULIETA.- Es lo mismo. La metí igual.
MARTA.- Era una camisa nueva. Yo la lavaba con el quitamanchas y listo. Apenas unas gotitas de sangre en la manga, tenía.
JULIETA.- Bueno, ya está, mamá.
MARTA.- Como se ve que no sos vos la que tiene que salir a trabajar.
JULIETA.- Vos tampoco trabajás.
MARTA.- Bueno, tu padre.
JULIETA.- El killer, el asesino.
MARTA.- Más respeto, che. Es tu padre. Será un criminal, pero es tu padre.
JULIETA.- Entonces no me jodas con una camisa de mierda.
MARTA.- La boca, che. Está bien. Yo veo qué le digo a tu padre cuando pregunte por la camisa.
JULIETA.- ¿Fue al psicólogo?
MARTA.- Sí. Al final, sí.
JULIETA.- Menos mal.
MARTA.- Sí, pero no es fácil.
JULIETA.- ¿Qué querés decir?
MARTA.- Y… una terapia así, es limitada.
JULIETA.- ¿Porque el tipo no sabe nada?
MARTA.- Claro. Parece que hablan de la ira, de la violencia, pero el tipo no sabe que papi mata gente.
JULIETA.- Es que se lo tiene que decir.
MARTA.- Ahora, la que está loca sos vos, nena.
JULIETA.- Se lo tiene que decir, mamá.
MARTA.- ¿Cómo le va a decir al psicólogo que anda matando gente, Juli? Decís cada cosa. (Se siente un grito de Ernesto desde el interior de la casa) ¿Qué pasa? ¿Qué te pasa?
JULIETA.- ¿Papá? (Ernesto entra)
ERNESTO.- (Demudado) Perdonen. No fue nada.
MARTA.- ¿Qué pasó?
JULIETA.- Eso, ¿qué pasó? Gritabas como loco.
ERNESTO.- Un pollo.
MARTA.- ¿Qué?
JULIETA.- Está loco.
MARTA.- ¿Qué decís?
ERNESTO.- En la heladera. Hay un pollo.
MARTA.- ¿Un pollo en la heladera? Sí, hay un pollo en la heladera.
ERNESTO.- Me da impresión.
MARTA.- ¿Qué decís?
ERNESTO.- Es un pollo, pero no deja de ser un cadáver. Me da impresión.
(Pausa)
MARTA.- Esto no da para más. No podemos seguir así, Ernesto.
ERNESTO.- No, pero… ¿viste que andaba bien, últimamente? ¿Hace cuánto que no mato a nadie? Decime, ¿hace cuánto?
MARTA.- Callate.
JULIETA.- Eso, callate.
ERNESTO.- No, en serio. ¿Hace cuánto que no me boleteo a nadie? Lo estoy superando. Creo que lo estoy superando. No sé, me siento más tranquilo. No me crucé con nadie que me irrite en el último tiempo. En serio, Marta, Juli, ¿hace cuánto que no les traigo un disgusto? ¿Hace cuánto que no mato a nadie? ¿Una semana? Ya debo llevar una semana de abstinencia.
MARTA.- (Imperativa) ¿Hace cuánto que no matás a nadie? ¿Hace cuánto? ¿Después del tipo del cajero, después de la mina de la Autopista, después del peón de la Estación de Servicios, de la mucama de Leticia, del kiosquero de al lado de lo de tu mamá, del pibe que limpiaba parabrisas en el semáforo, después del tipo que te hizo dedo en la ruta? ¿Vos decís, hace cuánto que no matás a nadie después de las últimas catorce personas que hiciste boleta en los últimos dos meses? (Grita) ¿A eso te referís, idiota?
ERNESTO.- ¡Qué injusta que sos!
MARTA.- ¿Injusta?
ERNESTO.- El tipo que me hizo dedo en la ruta era un chorro. Me quería robar y tal vez matar. Él empezó primero. No podés comparar. No es como los otros. Ese no cuenta. Así que son trece, no catorce. Y estoy cambiando.
JULIETA.- ¿Cambiando?
ERNESTO.- Marta, decile a esta chica que se calle. Sí, me planteo el día a día. “Sólo por hoy”, me digo. “Sólo por hoy, no voy a matar a nadie” Y funciona. ¿No te digo que ya llevo una semana?
MARTA.- ¡Estás loco!
APAGÓN
ESCENA V
(Marta y Ernesto comiendo)
MARTA.- (Tensionada, temerosa de hablar) ¿Qué tal el día?
ERNESTO.- ¿A qué te referís?
MARTA.- El trabajo, por ejemplo. ¿Bien?
ERNESTO.- Bien. Los kilombos de siempre, pero bien.
MARTA.- ¿Qué kilombos?
ERNESTO.- Nada. Cosas del trabajo.
MARTA.- Pero… Todo bien. Ninguna complicación.
ERNESTO.- ¿Qué querés preguntarme?
MARTA.- Eso. Si todo anduvo bien.
ERNESTO.- Andá al grano.
MARTA.- ¿Qué grano?
ERNESTO.- Dale, que te conozco como si te hubiera parido.
MARTA.- No sé de qué hablás.
ERNESTO.- Dale preguntá. Das vueltas. Me preguntás por el trabajo, si tuve problemas… Preguntá con todas las letras.
MARTA.- No, si te fue bien, si no tenés novedades para contarme, no tengo nada que preguntarte.
ERNESTO.- Dale, Martita, preguntá directamente y listo.
MARTA.- (Harta, resuelta, imperativa) Bueno, está bien. ¿Mataste a alguien hoy?
ERNESTO.- (Divertido) Viste que tenía razón. ¿No es más fácil así, preguntar directamente, en lugar de andar con rodeos?
MARTA.- ¿Y? ¿Mataste a alguien?
ERNESTO.- |