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LA LEYENDA DEL BESO:
UNA LEYENDA CON SOMBRAS Y LUCES
Nos llega una nueva producción del teatro de
La Zarzuela, se trata de una de las obras calificadas como “gran zarzuela”
y realmente lo es, pues si bien no es de las más populares y
representadas, musicalmente es un prodigio. Hablamos de La leyenda del
beso, de Soutullo y Vert, esa pareja de compositores que nos han
dejado obras inolvidables y que alcanzaron la cima con esta obra. El
libreto pertenece a tres escritores curtidos en el género lírico español,
Enrique Reoyo, José Silva Aramburu y Antonio Paso (hijo). Quizás por esta
amalgama de estilos la obra es poco sólida dramáticamente, aunque en esta
producción se reduce sensible y afortunadamente el texto.
La línea de la actual dirección del Teatro de La Zarzuela, es la de
consolidar la progresión de este género y para ello ofrece grandes
montajes y unos elencos de gran nivel. Así sucede con esta obra, de gran
complejidad en lo referente a lo musical y a las voces. La complejidad
musical está bien resuelta por la orquesta titular del Teatro dirigida por
Miquel Ortega, aunque en varios momentos el ritmo es algo lento quitándole
fuerza a determinados números, como el dúo de soprano y tenor. Bien
llevada La Zambra e interesante el famoso intermedio, al darle predominio
a los violines; otra forma de ver la partitura. El tema de las voces lo
trataremos más adelante.
El montaje escénico está dentro de la más ortodoxa línea marcada por la
obra y con la necesaria exclusión parcial de texto, pero con falta de
ritmo y de luz, por lo que se resiente la obra, especialmente en los
números cómicos. Algo más de fuerza dramática en las situaciones de celos
también se echaron de menos.
En cuanto al elenco, la buena intención del Teatro de ofrecernos
cantantes de un buen nivel, en esta ocasión no dio los resultados
apetecibles, pues quizás la inexperiencia en este género de un cantante de
la relevancia de Aquiles Machado autentico “fichaje” para esta obra, le
jugo una mala pasada y no estuvo a la altura esperada, aunque sin duda
tuvo momentos brillantes. Tampoco María Rodríguez estuvo bien, pues se
encontró vocalmente fuera de la obra en varios momentos, lo que nos hace
dudar de la idoneidad de este papel para ella o que no se encontraba en un
buen momento. Manuel Lanza empezó con dudas, pero pronto se convirtió en
el referente de la noche tanto vocal como dramáticamente. El resto bien,
tanto los menos curtidos en escenarios líricos, como los veteranos Rafael
Castejón y Pepa Rosado.
El ballet, muy importante en esta obra por su intervención en La Zambra,
cumplió ampliamente su cometido, y fue generosamente reconocido por el
público. Es indudable que Madrid está ávido de un ballet estable.
En resumen, una representación con altibajos, siempre en una línea de
buen nivel pero sin duda a un nivel inferior a anteriores producciones.
Francisco Mejorada Jiménez

 
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FIDELIO,
EN EL TEATRO REAL
Dentro del ciclo
Beethoven programado por el Teatro Real, se ha incluido la única ópera
del compositor de Bonn, que tuvo su embrión en Leonora, pero que
finalmente terminó por llamarse Fidelio. El principal atractivo de
esta representación era la dirección del director musical, ClaudioAbbado,
al frente de la Mahler Chamber Orchesta en dos de las representaciones,
reservando la tercera para el joven director Elvind Gulberb Jensen
La producción que ofrece el Real es una coproducción de los teatros de
Reggio Emilia, Comunale de Módena y Ferrara y Festival de Baden-Baden bajo
la dirección artística de Chris Kraus, con escenografía de Maurizio Balò
Fidelio es una obra no demasiado representada en España a pesar de que
musicalmente es un auténtico prodigio, si además está interpretada por una
orquesta del nivel de la Mahler Chamber Orchesta el resultado puede
llegar a ser magistral. Esta orquesta formada bajo la dirección de Abbado,
es una de las mejores formaciones del mundo gracias a un exhaustivo
trabajo del maestro, sustentado en una excelente selección de músicos. El
resultado es un sonido perfecto bajo una dirección perfecta, que nos
llevo a un vibrante Fidelio.
La dirección artística, basada en la siniestra oscuridad de una prisión,
nos pareció interesante, aunque pueda resultar en determinados momentos
asfixiante. Muy buena la propuesta de las máscaras, símbolo de la falta de
libertad, el anonimato y a la vez la desgarrada frialdad de unas cabezas
pasadas por la guillotina, rodando por el suelo. Quizás la dirección de
actores a pesar de ser un reconocido cineasta, nos pareció simple, con
unos arcaicos conceptos de un tullido, Don Pizarro, cayéndose sin motivo,
para forzar el dramatismo del momento. Muy bien el uso de las luces que
culmina con el estallido de luz final, estallido de la libertad, que se
ensombrece con la aparición de guillotinas y la de nuevo el ejército que
provoca la separación del poder y el pueblo.
En cuanto al elenco de cantantes, Clifton Forbia, sustituto del
inicialmente anunciado Jonas Kaufmann en el papel de Florestan, cumplió
con el papel, tiene una potente voz pero con un agudo excesivamente
apretado... No nos gusto la Leonora de Anja Kampe pues a pesar de su bella
voz, tuvo varias desafinaciones imperdonables en un escenario como el
Real. El Rocco de Giorgio Surjan correcto y en la misma medida juzgaremos
a su “hija” Marzelline, Julia kleiter. Nos gustó Albert Dohmen en su
tullido Don Pizarro. Muy bien también el Don Fernando de Diógenes Randes,
voces rotundas las de ambos, potentes y bien timbradas. En resumen, un
elenco algo irregular y con nivel general simplemente correcto.
En resume, una interesante representación con una orquesta excelentemente
dirigida, en una partitura de la más alta calidad, con un elenco de
cantantes que no aportan nada a la obra y un gran montaje que subrayó las
intenciones criticas de una ópera orientada a reflexionar sobre la
injusticias y las desviaciones del poder.
Francisco Mejorada Jiménez

 
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COMO UNA AGUJA EN UN PAJAR... -
EL INCORRUPTIBLE
Vivimos en un mundo corrupto; repleto de
ángeles con más o menos predisposición a la caída; de ángeles que
perdieron sus alas en una tienda de empeños a cambio de un ascenso, de un
aumento, de un honor mancillado... de ángeles sin alma, se les quedó
pegada en el camino sin retorno al paraíso... fiscal. Pero hasta el ángel
caído fue una vez un ángel... ¿o no?
Cuando Helder Costa pensó en escribir un texto sobre la corrupción
política se encontró con que ya había muchos y todos llevaban el sello del
escándalo... fraudes, sobornos, cohechos, chantajes... con lo que decidió
abordar el tema desde otra perspectiva. Una visión heroica, incomprendida
a veces, inocente e ingenua casi siempre y cómo no repleta de ironía y
sarcasmo.
El protagonista sería un hombre, un político llamado “Honesto” que no
consigue caer en las garras de la corrupción y eso que lo intenta...
porque es demasiado ingenuo o sincera o llanamente porque no lo invitan “a
la fiesta”.
Desde su honestidad, verá cómo su amigo de toda la vida va ascendiendo a
la par que sus actos corruptos; cómo ese amigo le ofrece un trozo de
pastel y cómo no es capaz de saborearlo; cómo su mujer desprecia su
honradez; cómo una psicóloga y un psicoanalista argentino le aconsejan
entre interminables recetas de Prozac mantener siempre el pensamiento en
positivo “yo puedo ser corrupto y por tanto puedo conseguir lo que me
proponga”
El texto está lleno de humor, inteligencia e ironía. El ritmo es ágil, más
aún cuando en esta puesta en escena sólo son dos los actores que dan vida
a la infinidad de personajes que aparecen en escena, puesto que el tercero
en cuestión, Óscar Huéscar, es el protagonista, Honesto.
La escenografía es enormemente sencilla y rotundamente eficaz.
Las alusiones son directas, claras y dan en la diana con estudiada
premeditación y alevosía.
Supongo que “Ángeles Caídos” hay en todas partes, pero para Hélder Costa
el ángel de los ángeles caídos tiene un gran sentido de la patria, le
gustan las gaviotas y su caída tiende a la derecha.
Quizá esta propuesta debiera ser ideológicamente más imparcial, pero
¿quién lo es?... además mojarse siempre es bueno y más ahora que llega el
buen tiempo...
EL INCORRUPTIBLE.
Sala Pequeña del Teatro Español.
Autor y Director: Helder Costa.
Intérpretes: Óscar Huéscar, Cecilia
Solaguren y Rafael Campos.
Sofía Basalo 
 
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¿CUÁL ES LA RAZÓN DE ESTA COMEDIA? -
MENTIRAS, MENTIRAS
La
última comedia de Juan José Alonso Millán estrenada en Madrid, está basada
en otra función que vio la luz en 1974 en el Teatro Benavente, ya
desaparecido, con intérpretes como Mari Carmen Prendes y Rafael Somoza.
Para esta ocasión el autor afirma haber actualizado en algunos aspectos
esta pieza que aún así resulta antigua, muy antigua. Es antiguo el
planteamiento, antiguo el envoltorio, antiguos los comportamientos de los
personajes e incluso la interpretación, cuando no nefasta...
Una mujer (Silvia Tortosa) encierra a un
hombre (Paco Hernández) y lo mantiene engañado durante treinta y cinco
años diciéndole que la guerra civil no ha terminado. Todo este complot
viene dado por el miedo de la primera a perder al hombre que ama. El miedo
aviva su imaginación e inventa nuevas estrategias bélicas, inexistentes
partes de guerra, bombardeos... llegando incluso a contratar “los
servicios” de tres milicianos impostores que semanalmente acudirán a su
domicilio con la intención de “dar el paseo” al fascista que tiene
retenido en su casa. “La víctima” escucha con extrañeza las noticias de
las reiteradas Batallas del Ebro... hasta plantearse que en todo ese
tiempo las tropas del glorioso ejército de liberación nacional podrían
haber dado mil y una vueltas a España... sin entrar en Madrid que a estas
alturas sigue siendo “el último bastión rojo”... Benito, que así se llama
el protagonista, en ningún momento desconfía de su mujer que ha logrado la
anuencia de todo el vecindario, incluso de una asistenta que sigue
fregando los suelos de rodillas y cocinando con carbón... El desenlace se
precipita cuando un marchante de arte (Benito pinta y su mujer a
escondidas ha hecho de él todo un artista) ha organizado una exposición y
exige la presencia en la misma del autor. Benito, bueno como él solo, no
sospechará la verdad cuando proceda a dar su primer paseo por el Madrid de
1974 y descubra grandes avenidas hechas según su creencia para el paso de
los carros de combate (esto me pareció muy ingenioso, la verdad), descubra
los socavones “gallardonianos” y los confunda con trincheras que realizan
voluntarios sin cascos... o vea a un grupo de hinchas merengues y los
confunda con anarquistas... Benito “el inocente”, seguirá amando a su
mujer cuando el párroco le cuente una a una “las bolas” que le ha metido
su mujer y le explique el porqué de las mismas... El final es lógico, los
dos se casan en un refugio antibombardeos, porque el pobre Benito que pasó
su vida encerrado, se ha hecho a ello y para qué va a salir ¿no? Si lo
mismo viene otra guerra...
El argumento, los personajes, las
reacciones, los porqué de estos personajes son antiguos, muy antiguos... y
no voy a decir “machistas” porque quizá se me vea como demasiado radical,
pero el personaje femenino protagonista que interpreta Silvia Tortosa me
parece ridículo... con mucha imaginación, pero ridículo...
La dirección así como la interpretación
es deficiente y en según qué casos inaceptable...
De este calificativo “demoledor” puedo
excluir a Paco Hernández y a Perla Cristal. Silvia Tortosa me parece
cursi, forzada, muy poco creíble... pero realmente su personaje es tan
irreal que qué va a hacer la mujer ¿no?...
El resto de la “trouppe”... se podría
haber quedado en su casa, sobre todo “la guapa, alta y delgada” Eva Raboso
que según Juan José Alonso Millán “borda su papel, incorporando su
personaje nuevo a la comedia y augurándole un futuro fantástico en la
interpretación”... no sé qué ha visto el autor en esta señorita, bueno sí
lo sé, pero de augurarle un futuro yo lo hago en el campo de las
pasarelas, porque es lo único que hace en la obra. Lucir modelitos a cual
más sofisticado mientras deja en el escenario el desagradable sabor de una
interpretación nefasta y burda. El trío de milicianos no canta mal, cuando
lo hace, sólo que se lanza al mundo de la música al final, con lo que
salvo los tartamudeos del tercero en discordia... nada que añadir... ¡Ah,
sí un sacerdote!... que es invisible...
A todo esto hemos de añadir el hecho de
que resulta, además, demasiado larga... con lo que... lo tiene todo ¿no?
MENTIRAS, MENTIRAS
Sala II del Teatro Arenal
Autor: Juan José Alonso Millán
Director: Juan José Alonso Millán
Intérpretes: Silvia Tortosa, Paco Hernández, Perla Cristal, Eva Raboso,
Favio León, Susana Lois, Félix Granados e Ignacio Fernández.
Sofía Basalo 
 
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CÓMO REFLEXIONAN LOS RIFLES... -
ARIZONA
George (Alberto Delgado) y Margaret (Aurora
Sánchez) esperan pacientemente en el desierto la oportunidad de
reflexionar con sus vecinos del sur...
Unos vecinos a quienes no conocen. Unos vecinos que no son niños, se
disfrazan de niños para engañarlos, para despertar en ellos una ternura
que los debilite. Unos vecinos que quieren subir al norte para robarles
sus propiedades, para menoscabar su libertad, para despojarles de su
patria... unos vecinos que desconocen la moral y la decencia... unos
vecinos que no tienen derecho a serlo...
George y Margaret han de velar por la
seguridad del país, por su propia seguridad. George y Margaret han de
reflexionar, rifle en mano, si es preciso, con unos vecinos a los que no
se les otorga ni tan siquiera el beneficio de la duda...
... La duda... el gran enemigo del dogma, de la violencia por la violencia
misma, de la intransigencia y la intolerancia...
La duda que personifica Margaret. La interrogación, la fuerza de una
humanidad que comienza a ver grietas en los muros levantados por el miedo,
la fuerza de la sensatez que intuye la mentira en la propaganda hueca y
mediática que pretende convertirnos en meros monigotes.
La duda frente al dogma, George. La duda frente a la ignorancia y el
miedo. La víctima que no se permite pensar, “no se puede pensar, no se
debe pensar, es peligroso tratar de comprender...” La debilidad protegida
por unas afirmaciones categóricas y endebles... La debilidad que no se
puede permitir ser débil... Que no resistiría la posibilidad de
equivocarse, la posibilidad de admitir que hace mucho tiempo pudo ser un
vecino que llegó a un país para sobrevivir... Que no sería capaz de
respirar en un universo abierto y sin fronteras, en un mundo diferente al
que se ha construido, mentira a mentira...
Juan Carlos Rubio escribió “Arizona” a partir de una noticia en la que se
decía que “civiles norteamericanos se habían organizado para patrullar
juntos la frontera entre México y Estados Unidos y contener así el
constante flujo de inmigrantes ilegales...” El Gobierno Americano, dio la
callada por respuesta. La tierra de la libertad demostró de nuevo la gran
falacia en la que está instalada, la gran mentira que la mantiene como
altruista defensora de los países oprimidos por la tiranía... Pero ésta es
sólo la excusa. No estamos a salvo de los feroces rifles reflexivos... En
este caso es Arizona, pero fronteras, vecinos, miedo y dogma hay en todas
partes... Con este texto el autor andaluz obtuvo la mención de honor del
Premio Lope de Vega de teatro. José Monleón lo apunta en un texto que se
incluye en el programa de mano de la obra, el único “pero” que se le puede
poner a “Arizona” es su duración. Es excesivamente corta, con lo que los
matices, la evolución de los personajes, el porqué del final absolutamente
rotundo resultan un tanto precipitados.
Aurora Sánchez y Alberto Delgado están perfectos, más que eso incluso.
Ella como la mujer callada y sumisa en un principio, mar tempestuoso de
dudas, preguntas y humanidad, después. Él como el tipo americano, poseedor
de la verdad absoluta a la vez que débil, quebradiza y aplastante. Incapaz
de responder preguntas. Incapaz de resistir el primer ataque de sensatez y
cordura. Incapaz de comprender que tal vez esos vecinos puedan ser niños y
no adultos disfrazados de niños para engañarlo... No puede haber otro
mundo fuera de aquel en el que su terror se mueve, con lo que no puede
haber otra salida cuando la puerta se ha abierto y el más allá ha sido
mostrado por alguien que no ha venido del sur precisamente...
Juan Carlos Rubio no ha necesitado añadir nada más al absurdo de la
situación, al absurdo del comportamiento de estos personajes, irreales por
sí mismos. Puede pensarse que se exceda en el boceto de la personalidad de
estos seres, pero no lo creo, porque claramente está plasmando una
realidad, no es algo que el autor se haya inventado. Americanos hay muchos
y cómo no, de muchas clases, y con muchas formas de “reflexionar”... pero
al igual que fronteras hay en muchos lugares y de muchas formas... seres
como George hay también en muchos lugares y también, muy cerca, demasiado
cerca, quizá...
ARIZONA
Teatro Triángulo
Autor y director: Juan Carlos Rubio
Intérpretes: Aurora Sánchez y Alberto
Delgado.
Sofía Basalo 
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ROSSELLA FALK INTERPRETA A MARÍA CALLAS
«VISSI D’ARTE, VISSI D’AMORE, UNA SERA CON MARÍA
CALLAS», EN EL TEATRO MANZONI DE BOLONIA
Autora e Intérprete:
Rossella Falk.
Dirección:
Fabio Battistini
Rossella Falk, gran actriz e intérprete de
tantas emocionantes heroínas, leyendo libros, revistas, entrevistando
testigos y ordenando sus recuerdos personales, ha recogido toda la vida de
su entrañable amiga María Callas y metiéndose en su misma piel ha montado
no un sencillo recital, sino un verdadero espectáculo dirigido por Fabio
Battistini.
Ya en Madrid habíamos visto Master Class sobre la gran soprano
interpretada por otra excepcional actriz, Nuria Espert, pero se trataba
sólo de una breve parte de su vida. Este espectáculo, estreno absoluto en
Bolonia, abarca toda su existencia y se ha presentado después en los más
importantes festivales de teatro, abriendo la temporada del Teatro Valle
de Roma.
Rossella Falk sube al escenario desde el patio de butacas con un traje
largo y oscuro acompañada por la voz grabada de María Callas en la famosa
aria de Tosca: Vissi d’arte, vissi d’amore. Habla como si fuera la
misma cantante y cuenta su vida, imitando perfectamente su voz y sus
ademanes como si estuviese abriendo su corazón al público. Empieza por su
terrible infancia en Nueva York donde había nacido en una familia de
griegos inmigrados y después en Grecia donde había sufrido el hambre. Poco
agraciada, obesa, con gruesas gafas, última en el afecto de su madre que
prefiere a la hermana guapa y espigada, lucha desesperadamente para cuidar
su voz en la que ella cifra acertadamente su fortuna.
Rossella Falk continúa reteniendo la atención del público que sigue
encantado sus palabras, sus movimientos, mientras la acompañan grabaciones
originales de las más conocidas arias interpretadas por la gran soprano.
Pasa revista a sus primeras pruebas, a sus derrotas, al encuentro con
Meneghin, su primer admirador, empresario y después marido, a las
angustias de los estrenos hasta el gran amor con Onassis, insensible, rudo
y vulgar. Pero subraya también el orgullo de ser consciente de su
magnífica voz, el engreimiento por los exaltantes éxitos, considerándose
sin rivales y refiriéndose con desprecio a las demás sopranos, porque
nadie se había visto rodeada de tanto cariño y admiración por sus
incondicionales, ni había arrancado tantas ovaciones como ella.
En la segunda parte es Rossella Falk quien se interpreta a sí misma
presentándose en el escenario con una bata y hablando de la amiga del
alma. Recuerda los primeros encuentros con ella y en particular el último,
quince días antes de que María muriese sola en su casa de París. En efecto
el 1 de septiembre de 1977 la convencieron con dificultad a ir a cenar
Chez Maxim’s y a la salida una multitud la rodeó aplaudiéndole, algunos le
ofrecieron rosas rojas y Rossella intentaba darle ánimos haciéndole ver
cuanto la amaba y admiraba el público. María contestó: «He recibido
flores, mensajes de amor, pero en todos estaba escrito: te queremos,
mientras nadie me ha escrito: te quiero».
El público, en pié, aplaudió entusiasmado gritando: «Brava, Rossella».
¡Verdaderamente un gran éxito!
Magda
Ruggeri Marchetti
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SIN COMBATE - TÍO BOB
Ciertamente el texto de Austin Pendleton es
un combate a corazón abierto. Un combate dialéctico tras el cual laten
presurosos y llenos de angustia los miedos de dos seres que intentan vivir
lo más alejados posible de lo que realmente son. Bob es un hombre
solitario, desencantado quizá de una sociedad hipócrita y vacía; asentada
en una superficialidad que la convierte en un ente evanescente e incoloro.
Bob odia, desprecia incluso lo que desea, lo que necesita, lo que quiere
en el fondo. Bob pretende convencerse de que va a morir solo, necesita
morir solo sin la compasión falsa y hueca de una mujer que anhela verlo
muerto, de un hermano que lo detesta en unas fotografías contempladas día
a día con emoción, de un sobrino que le echa en cara lo que lleva
duramente a cuestas... Bob es un hombre lleno de amor. Un amor que ha
esperado años, que ha negado generosamente, que ha guardado entre las
páginas de unos libros que escribió consiguiendo ser, quizá, lo que no se
reconoce... un amor que encuentra su reflejo en los ojos de un sobrino que
tiene una novia a la que no ama, que se duele de un padre que lo
desprecia, que acude a la llamada silenciosa de un tío al que adora... sin
saberlo, sin admitirlo, sin poder evitarlo... Los insultos, los golpes,
las humillaciones se suceden necesariamente para poder extraer de las
ruinas de esas dos vidas la fuerza incorruptible del amor, la fuerza
invencible de la dignidad, de una verdad que nos hace libres del verdugo
más implacable, aquel que conjuga su delito en primera persona.
Miki Molina ha escogido un buen texto para emprender su primera aventura
como productor. La puesta en escena es notable. Él mismo como Tío Bob
resulta veraz, auténtico. Con intensidad y fuerza cuando el personaje lo
requiere. Podría incluso estar sobresaliente si a su lado tuviese a un
actor solvente, pero desde mi perspectiva, no es así. Carlos Pulido no
cuenta con la entidad que necesita un personaje tan complejo, tan
problemático, de tantos matices. No expresa más que la superficie de un
joven que desprecia a su tío porque se desprecia a sí mismo. La fuerza que
alguna vez emana de él lo hace de un modo anodino. Con lo que ese combate
a corazón abierto rara vez se manifiesta sobre el escenario... entre otras
cosas, porque tengo la impresión de que Carlos Pulido se deja el corazón
en el camerino...
TÍO BOB
Teatro Arenal
Autor: Austin Pendleton
Adaptación: Sandra Blakstad y Juan Calot
Dirección: José Luis de Damas
Intérpretes: Miki Molina y Carlos Pulido.
Sofía Basalo 
 
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MUJERES ANTE SÍ MISMAS... -
MUJERES FRENTE AL ESPEJO
Todo comienza con un equívoco, tal vez,
inocente. Una actriz ha de acudir a una prueba para protagonizar una
película y confunde la dirección, presentándose en el domicilio de una
escritora que no atraviesa por su mejor momento. Una escritora que
buscando inspiración ha concertado una cita con un gigoló para, a partir
de esa experiencia, hilar un argumento que cubra las expectativas de un
editor exigente y asfixiante, a veces. A las ocho y media, Alicia (Ruth
Lezcano) llamará a la puerta de Raquel (Amparo Ferrer-Báguena). Ése será
el comienzo de un juego de equívocos, engaños, conflictos de caracteres e
intereses entre dos mujeres aparentemente distintas. Un juego en el que se
descubrirán a sí mismas a través de un proceso doloroso, casi cruel e
inevitablemente necesario. La imagen y el ser se funden en dos mujeres que
no acaban de conocerse y reconocerse en lo que se espera de ellas, que
quizá no es lo que desean. Alicia es una joven actriz cuya rutina se viste
de negativas, de fracasos conjugados en un tiempo condicional hipotético y
de límites estéticos colocados en la cima del futuro de un modo
arbitrario. Raquel, por su parte, es una escritora que desconoce su
fuerza, su capacidad y su valía; ha pasado su vida al lado de un hombre al
que ella atribuye su éxito y ahora se encuentra sola y desvalida y
desamparada y en brazos de los ansiolíticos y atrapada en la mirada
cristalina de un espejo al que no logra reconocer... Será ese encuentro,
generosa dádiva de un destino que no existe si no es por nuestros pasos,
el que haga despertar a nuestras dos heroínas, el que consiga que se miren
a los ojos, en los ojos de un espejo que no deja de ser ellas mismas...
El planteamiento realizado por Joaquim Candeias es correcto e incluso
impactante. A la labor física y directa de las actrices se unen unas
proyecciones que no aportan demasiado, quizá porque la equivocación
carezca de importancia y constituya en sí un débil planteamiento para lo
verdaderamente relevante que es la lucha dialéctica de las dos mujeres, su
descubrimiento y revelación.
El trabajo de Ruth Lezcano y Amparo Ferrer-Báguenas es simplemente
correcto. Su presencia, a mi parecer, no llena el escenario del Teatro
Lara. Las he visto demasiado frágiles, demasiado delicadas, sin la
capacidad de modificar un registro que lógicamente se debe ver alterado
tras lo que ocurre esa tarde... Sus voces tampoco consiguen convertir el
texto en algo inolvidable... años atrás fueron Blanca Portillo y María
José Alfonso las dos actrices que dieron vida a estas mujeres que se
sitúan frente al espejo... Supongo que quien viera aquel montaje podrá
llevar a cabo la ingrata labor de la comparación... yo, lamentablemente...
o no, no puedo.
MUJERES FRENTE AL ESPEJO
Teatro Lara
Autor: Eduardo Galán
Dirección y dramaturgia: Joaquim Candeias
Intérpretes: Amparo Ferrer-Báguena y Ruth
Lezcano.
Sofía Basalo 
 
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QUÉ PELO MÁS GUAY
En este clásico de Sexpeare, que otros más
afortunados que yo han visto ya antes y con antes, la compañía sigue
investigando en lugares tan gratos como esos donde ocurren las cosas
extrañas. Allí donde los objetos desaparecen por la fuerza de... ¿de?, y
hay que entrar a por ellos con el peligro de no regresar si no es siendo
ya otros. Donde uno deja de ser quien era para ser otra cosa. Más peluda,
menos peluda, que de ahí no pasamos pero otra cosa, el caso es no quedarse
quietos. Y es en este rebuscamiento en lo vulgar donde Sexpeare entronca
con los grandes clásicos del humor, pero sobre todo del absurdo
existencial, siempre acompañados por una música épica y prodigiosa que
pone aún más de relieve lo nimio de la aventura humana.
Se diría que con
su trabajo tan delirante, tan concienzudo, abren grandes simas a la
imaginación para que lo vulgar se cuele por ellas y cambie de sitio y de
nombre pero siga siendo igual de vulgar. Por eso, después de los desiertos
de Nevada o Las Rocosas, yo qué sé, los lugares que más les gustan son las
barberías (o peluquerías de las de antes, donde pasaba de todo porque todo
allí cabía) y las carnicerías (o salchicherías por la misma razón).
De ahí que el
numerito que borden esta vez sea ese en que un crítico de arte muy
conocido comparte gustos y críticas con un camarero que, por una
minusvalía consecuencia de un accidente sufrido sabe Dios dónde (en
Hollywood, en Bollywood, en un rally o en una barbería), vive atrapado en
una vitrina enana (igual que en For Sale, otro de sus títulos clásicos, el
número inolvidable es el del carnicero enamorado de una salchicha). Y el
camarero reprende al crítico mordaz y lo ilustra con su paciencia, igual
que lustra incansable con su pañito los vasos y las botellas que son su
vida toda allí metida con él. Igual que dicen que hacían los limpiabotas
de antes, que le daban el trabajo hecho al crítico mientras le lustraban
las botas.
Título: Que pelo más guay
Diseño de escenografía: SeXpeare con Rafa Suárez, Teresa Rodrigo, Arte y
ficción
Vestuario: Teresa Rodrigo
Técnicos y diseño iluminación: Paco Murillo y Marino Zabaleta
Diseño Sonido: Isole y Elías Arévalo
Teatro Alfil
16 de abril 2008
María Anunciación Fernández Antón

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HABITACIÓN 21, DE KIKE
TORRES, EN LA SALA ÍTACA
El autor, Kike Torres, subtitula esta “Habitación
21” como “un musical en pequeño formato”. Uno, tras ver la
representación, va más allá pues si bien existe una gran parte musical hay
en la obra toda una reflexión acerca de las ilusiones, los sueños y las
ambiciones que el ser humano puede tener para salir de la oscuridad
social, del anonimato, para intentar triunfar en la vida.
María, la protagonista y único personaje (se trata de un monólogo) que
interpreta Marina L. Lazárraga, llega a un hostal barato y se hospeda en
la habitación cuyo número da título a la obra. Su relación con el mundo
exterior es un teléfono móvil y algunas voces en off.
Allí, en la soledad de la habitación, sueña, crea proyectos, ambiciona, se
hace ilusiones de que será una gran cantante pero todo, poco a poco, se va
desmoronando. No es que el autor nos lo presente en tono pesimista, es que
recurre al realismo más tremendo, aunque mágico, pues la vida en general,
y en particular el mundo del arte, en este caso el de la canción, no es un
camino de rosas.
A veces los triunfos son consecuencia de acertadas y estudiadas
operaciones de marketing, a veces consecuencia de estar en el lugar
oportuno en el momento preciso. Pero no es el caso de María. Pero ella no
pierde la sonrisa, no está dispuesta a tirar la toalla y allí en su
habitación descubrirá que vale la pena luchar por lo que cree. Y lucha.
Marina L. Lazárraga borda el papel, una interpretación difícil, el la que
también canta, que ella sabe convertir aparentemente en fácil al pasar de
lo dramático a lo cómico. Por ello se gana al público que en algunos
momentos toma parte activa: cuando María por fin canta, aunque lo hace en
el salón de fiestas del humilde hostal, el público real (el que llenaba a
Sala Ítaca) se convierte en el público que imaginamos en la sala de
fiestas. La sigue, la corea y la aplaude.
La dirección, de Puchi Lagarde, acertada. Muy bien situados los efectos
sonoros y cuidada la sobria escenografía. Aunque, creemos, el exceso de la
parte musical y cantada que llega hasta el final, puede hacer que nos
olvidemos de la “almendra central” que no es sino el planteamiento de que
es importante tener ilusiones para mantenerse en el mundo, aunque éste
esté limitado por las cuatro paredes de una habitación en un hostal
barato.
Salvador Enríquez

 
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VERDAD O
CONSECUENCIA, DE PAOLA MATIENZO, EN LA SALA LAGRADA
“Verdad o consecuencia” es la tercera obra
que Paola Matienzo monta en Madrid y la primera que estrena como autora y
que también dirige. Anteriormente montó “¿Dos?” del dramaturgo español
Borja Ortiz de Gondra, y “Criminal” del argentino Javier Daulte.
En “Verdad o consecuencia” (Sala Lagrada hasta el 4 de mayo) Paola
Matienzo nos muestra a cuatro personajes, dos parejas, una de ellas recién
casada, que se reúnen una noche cenar. Son antiguos amigos y creemos que
pasarán una velada agradable. Pero pronto intuimos que las cosas no van
por ahí, no van por la velada feliz. De ser así, además, no existiría
conflicto y el teatro sin conflicto… no es casi nada o es solo
espectáculo.
Se inician las charla de “tanteo”, se toman copas, se cena… no falta la
revisión a fotos más o menos recientes… esas situaciones que muchos, si no
todos, hemos conocido y que sirven para eludir situaciones en las que uno
no sabe qué decir o, más exactamente, prefiere no decir.
Los cuatro pertenecen a una sociedad acomodada: Sofía (Cristina Pons) es
publicista; Tomás (Ramón Esquinas), arquitecto; Juan (Willy Villalba)
médico y María (Paola Matienzo) escritora. Esa clase social les obliga a
cuidar las formas pero llega el momento del juego, alguien propone el
peligroso juego “de la verdad”. Cuatro seres humanos que desean esconder
ante los demás sus debilidades, pero que se ven impelidos a no mentir para
cumplir con las reglas de ese juego que, dicho sea de paso, a más de uno
habrá dado quebraderos de cabeza.
¿Hasta qué punto es ético callar o, incluso, mentir si con la verdad no
arreglamos nada y sí podemos destruir? ¿Está justificado, ante nosotros
mismos, el engaño o el silencio por mantener una aparente estabilidad o…
es preferible tomar una decisión drástica para alcanzar una imaginaria
felicidad? Aunque tal felicidad pueda no ser competa, precisamente, por el
daño que hace a terceros. Nada fácil. Ahí está una de las reflexiones a
las que nos lleva Paola Matienzo con tu texto.
Los cuatro intérpretes saben transmitir emociones al público. No hay un
solo instante en el que el interés decaiga. Los pasos del tiempo por medio
de breves oscuros están conseguidos, así como las traslaciones, por medio
de efectos de luz, cuando la acción es en exteriores.
Salvador Enríquez

 
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NADA QUE ENVIDIAR... - LAS CUÑADAS
Amanece en Madrid. Transcurre el año 1965.
Nos situamos en la cocina de Encarna Lozano (Julieta Serrano), ganadora de
un concurso de una cadena de establecimientos, cuyo premio es un millón de
cupones. Tras pegarlos en sus respectivos álbumes, esta mujer podrá hacer
realidad todos sus sueños, podrá cambiar totalmente su vida. Encarna
Lozano será feliz.
Pegar un millón de cupones no es tarea fácil, por lo que ha convocado a
amigas, vecinas, hermanas y cuñadas para que le echen una mano. La llegada
de las catorce mujeres será también el momento en el que la envidia, la
frustración, los secretos y las mentiras vayan maquillando los huecos de
verdad que la fragilidad no logra esconder.
La envidia, comenta una de las actrices, puede destrozar todo lo que hay
alrededor de cada uno. Yo creo que el entorno de estas mujeres está ya
destrozado o a punto de hacerlo. Quizá el tono en el que el autor ha
escrito esta obra, el único tono posible por otra parte, invita al
absurdo, a la risa, al asombro, pero lo verdaderamente interesante es lo
que vamos descubriendo poco a poco, lo que vamos conociendo, la intimidad
de estas mujeres frustradas, cansadas de la rutina, ahogadas entre cuatro
paredes llenas de gritos, de órdenes, de horizontes en blanco y negro, de
tardes caldeadas por el santo rosario, de vidas sostenidas por unas
aspiraciones que sólo pueden ser si son lanzadas contra el rostro
indefenso de aquellas a quienes más se quiere, de almas malheridas por un
sometimiento forzosamente voluntario, de seres oprimidos por una sociedad
que las margina, por unas normas firmemente aprendidas y asimiladas para
que esa salida no exista en su mente, no sepan dibujarla, no sepan
saborearla, para que ellas mismas lleguen a convertirse en su propio
verdugo... y lo son. Ellas son su verdugo, porque no se permiten la risa,
porque no se permiten la vida, porque no quieren mirar a aquélla que
intentó vivir, porque no quieren que la evolución llegue hasta las faldas
de las que comienzan a caminar, porque no quieren comprender que los
sueños no nacen fuera, no surgen de unos álbumes ganados arbitrariamente,
no quieren ver que los sueños nacen de dentro, de la necesidad y la
valentía de decidir hacer algo diferente... a pesar del rechazo... de la
osadía de probar, de intentar... Ellas creen que la felicidad nace, crece
y se desarrolla en los ojos envidiosos de las otras, ellas creen que son
más felices si los otros creen que lo son, aunque no sea así la realidad,
ellas creen que la vida tiene el valor de la apariencia, aunque lo que
ésta cubra sea más que miserable...
Estas mujeres son infelices y lo peor aún es que pretenden infundir esta
infelicidad en las tres jóvenes que comienzan a vivir.
Quizá las mujeres de hoy no depositen sus sueños en unos cupones y en sus
respectivos álbumes. Quizá los seres humanos de hoy no empapelen de
envidia y frustraciones sus hipotecadas casas... Quizá las distintas
miserias que quedan abandonadas en la mesa central de la cocina de Encarna
Lozano no son infalibles armas de separación y enfrentamiento, quizá hoy
en día eso, precisamente, nos une, quizá hoy en día no nos envidiamos
porque hemos aprendido que los sueños son más valiosos, porque hemos
aprendido que son los sueños los que dan sentido a una vida repleta de
cotidianidades y rutinas... quizá ese himno esperanzador final es el fruto
del paso del tiempo, de la educación y de una tranquila y femenina
revolución a la que le queda mucho camino...
Natalia Menéndez ha llevado a cabo un trabajo arduo, original y
tremendamente divertido. La música, la danza y el más puro teatro dan
forma al inteligente texto de Michel Tremblay. Las quince actrices que
suben al escenario levantado entre el tradicional escenario del Teatro
Español y el patio de butacas se complementan de una forma absoluta, su
labor es impecable. La coreografía que fija y determina su posición en ese
salón de cocina es magnífica y la caracterización perfecta.
El final de esta farsa y el “Himno de la Esperanza” escrito por Itziar
Pascual, es también una especie de declaración de intenciones. No están
tan lejos esas mujeres, ni esas miserias, ni ese miedo por salir al mundo
y descubrir su grandeza más allá de las tapas de cartón de un álbum para
pegar los puntos con los que se cristalizarán nuestros sueños. No están
tan lejos las envidias que nos alejan de la felicidad... pero tampoco está
tan lejos esa felicidad, al contrario. Esa felicidad somos nosotras mismas
y su alimento es nuestra esperanza...
LAS CUÑADAS
Teatro Español
Autor: Michel Tremblay
Versión: Itziar Pascual
Dirección: Natalia Menéndez
Intérpretes: Julieta Serrano, María Pujalte,
Lorena Berdún, Isabel García Lorca, Lola Casamayor, Arantxa Aranguren,
Rosa Savoini, Ana Rayo, Mariana Cordero, Karmele Aranburu, Marta Aledo,
Teresa Hurtado de Ory, Mari Carmen Sánchez, Maite Pastor y la voz en off
de Berta Riaza.
Sofía Basalo 
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LAS RAÍCES DEL MACHISMO -
EL PINTOR DE SU DESHONRA
“Somos seres históricos y estamos aquí por el
lugar de donde venimos”. Ha manifestado Rafael Pérez Sierra, autor de la
versión de la obra que actualmente vemos en el Teatro Pavón.
Somos seres históricos y llevamos a nuestras espaldas siglos de leyes
arbitrarias, de justificaciones hirientes y de deshonras absurdas.
Calderón de la Barca colocó sobre el escenario una realidad. No hizo más
que plasmar un hecho. Debatir sobre si el autor se decanta por la ley
imperante en aquel tiempo que, por otra parte, queda más que patente en
uno de los finales más sobrecogedores del teatro clásico o si con ello
pretende denunciar la injusticia de tal orden, es inútil. Siempre habrá
voces disonantes y divergentes; creo que en este punto la unanimidad es
imposible. Pero si el autor pretendiera algo más, creo que la conclusión
no sería tal. Creo que el monólogo clave de Don Juan Roca (Arturo
Querejeta), aquel que nos muestra la lucha interior de ese personaje,
sería tratado de otra forma, estaría colocado en otro lugar, de modo que
sus palabras, su lucha y sus dudas fueran las que nos quedaran en la
memoria al ver la función. Pero lo que nos queda son los sobrecogedores
comentarios que justifican la deshonrosa acción de un hombre que mata a
dos personas porque “cree” ciegamente que lo están humillando. Lo que nos
queda es el amargo sabor que explica una violencia machista que día sí,
día no, nos espanta con un lamentable canto de cisne...
Creo que el mero de hecho de colocar
sobre un escenario este tema ya supone una denuncia; sin embargo, estimo
que lo que pensaba Calderón es que el hombre, víctima de “la insultante
ligereza femenina” debe salvar su hombría, debe sobreponerse al amor que
puede sentir por esa mujer. Su honor es más fuerte. El fin justifica los
medios y si la ley es bárbara, no menos bárbara es la osadía de una mujer
que deshonra a un hombre... Al fin y al cabo, la mujer no tenía derechos,
estaba subordinada al hombre, no pintaba nada en esa sociedad... su papel
era el mismo viva o muerta... por muy macabro que pueda sonar...
La Compañía Nacional de Teatro Clásico no se ha
decantado. Se ha limitado a recuperar este texto, a devolvérnoslo. No toma
partido, aparentemente, porque textos como éste, documentos como éste nos
dicen mucho. Nos enseñan mucho. Nos definen mucho. Venimos de ese lugar,
de esa cultura, de esa arbitrariedad, de esa atrocidad... Somos los que
hemos sido, somos los herederos de una cultura atroz e incívica, llevamos
en nuestros pasos las huellas de justificaciones espeluznantes... Es
sumamente interesante indagar en los orígenes del crimen machista, del
terror de una mujer que siente en su espalda la muerte de muchas mujeres,
el sometimiento de muchas mujeres, la burla de muchos hombres que blanden
la vara cruel de su dominio amparado por unas leyes hechas también por
hombres y sólo para hombres...
Creo que es claro, me sobrecogió ese final y me
resultó enormemente clarificador del presente que vivimos...
Teatralmente, creo que el montaje es más que
correcto. Los intérpretes llevan a cabo una labor magnífica; sobre todo
Arturo Querejeta. Una vez más es un placer verlo y escucharlo sobre el
escenario. La puesta en escena es muy cuidada, quizá un tanto oscura pero
estimo que ese color está en consonancia con la lucha interna que mantiene
el protagonista. Por otra parte la música en esta función, marca, en
cierta forma, el destino de los personajes, destino fatal en todo caso,
permaneciendo perfectamente integrada en el texto. Por último querría
destacar los cuadros, los caballetes, que presiden la escenografía de esta
propuesta. Tal vez, indican que lo que vemos es un cuadro, distintos
cuadros, distintas pinturas, distintos paisajes de un pasado común, de
nuestro pasado... quizá la deshonra que pinta Don Juan es su misma
acción... su mismo crimen... ésa quizá es su deshonra y por ende la
nuestra...
EL PINTOR DE SU DESHONRA
Teatro Pavón
Autor: Calderón de la Barca
Versión: Rafael Pérez Sierra
Director: Eduardo Vasco
Intérpretes: Arturo Querejeta, Francisco
Merino, Daniel Albaladejo, Nuria Mencía y Eva Trancón, entre otros.
Sofía Basalo 
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UNAS “VECINAS”...
MUY ESPECIALES
Reza el viejo adagio: “pueblo chico
infierno grande”. Parafraseándolo podríamos decir que en Universo
Vecinas, la obra que el Grupo de Alumnos Juveniles “Entretelones”
representó el 15 de marzo último, esto queda probado de manera
irrefutable.
Los jóvenes que subieron a escena en el centro Cultural Dr. Julio César
Gioscio, de Mercedes (Provincia de Buenos Aires, Argentina) pusieron en
evidencia cómo el trabajo serio y cuidado puede convertirse en una
creación artística de nivel. Apoyados en un texto excelente que les
pertenece (creación colectiva) mostraron los miedos, prejuicios e
hipocresías del mundo adulto en un divertido paso de comedia..
La línea argumental es simple. A un barrio, donde todos se conocen y
saben qué esperar del otro, un día llega Mónica (Micaela Calderón) “la
nueva”, una vecina joven, bella y con dinero; tres ingredientes
nefastos para cualquier mujer.
Este universo eminentemente femenino desnuda la naturaleza psicológica de
personajes que esconden cuidadosamente sus secretos, fluctuando entre la
apariencia de lo que representan ser y lo que en realidad son. Así
conocemos a la hipocondríaca Dolores (Paulina del Canto) o la belicosa
Irma (Cecilia Alfonso), nos asomamos al mundo de la beata Susana (Andrea
Delvento) y sonreímos con las ocurrencias de la quinielera Ester (Gabriela
Gollo).
Todas ellas forman parte de la Sociedad de Fomento, receptáculo del
poder barrial; donde Rosa (Rosina Karp) esposa de Rolo (Yair Martino) el
carnicero, madre de Yonatan (Juan Ignacio Donalicio) y tesorera, parece
ser la voz cantante y se opone terminantemente a que “la
nueva” forme parte de la institución.
Rosa no solo siente rechazo por Mónica, también con Irma parece mantener
una vieja disputa. A pesar de ello, deciden establecer una tregua cuando
advierten que las otras vecinas aceptarán que la joven forme parte de la
comisión
Antes del momento definitivo se reúne cada grupo por su lado y allí se
hacen algunas confidencias, la más notoria: Ester en su Chaco natal fue
“madama” de un prostíbulo.
En el momento de la votación se produce una discusión entre Rosa y Ester
cuando la primera veladamente insinúa su pasado oscuro. Ester, lejos de
intimidarse, enfrenta a Rosa y la insta a que ella también cuente su
verdadera historia.
Por un momento la comedia parece convertirse en drama pero, con una
ingeniosa vuelta de tuerca, a través de escenas animadas con temas de
Pimpinella como fondo, se narra la historia de Rosa, Rolo e Irma. Es, a no
dudarlo, el momento más desopilante de la obra, donde Rosina Karp y
Cecilia Alfonso compiten en talento e histrionismo.
Después de la confesión todo parece aclararse, los ánimos se aquietan y
sobreviene la calma. En este final feliz queda sellada la nueva
convivencia, más libre, sin hipocresía, donde cada uno llevará su vida
mejor, tratando de convivir con el otro.
El Grupo Juvenil “Entretelones” estuvo dirigido por Eduardo
Grinovero, no solo un excelente actor y director sino un maestro de
actores de gran valía. La idea de la educación a través del arte es en él
una realidad y debería, a nuestro juicio, ser imitada por quienes tienen
poder de decisión política y educativa. Su marcación actoral, la excelente
y ajustada musicalización de Alicia Amorfini y la iluminación dieron al
espectáculo el brillo justo.
Las actuaciones fueron equilibradas pero es justo destacar la
composición de Cecilia Alfonso (Irma) tanto en el plano actoral como en
el manejo corporal y escénico con que jugó su personaje. También Gabriela
Gollo, en su personificación de la quinielera, tuvo momentos desopilantes
al igual que Rosina Karp, especialmente en el despliegue mímico.
Mientras bajaba las escaleras del teatro, no pude menos que sonreír al
pensar en aquellos que dicen que nuestra juventud está perdida y me decía
¡Cuán equivocados están!... Ellos no saben que mientras haya un teatro, un
maestro, un alumno, y ganas de hacer, siempre, siempre habrá esperanzas.
Susana Spano (Argentina)

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UNIVERSO DE PLÁSTICO - LA DAMA DEL
MAR
Ellida Wangel (Ángela Molina) es una mujer
que ansía la libertad con la que vivió sus primeros años. Una mujer casada
con un hombre mayor que ella con dos hijas, tras lo cual se sintió
atrapada. Una mujer que añora un amor marinero que conoció tiempo atrás.
Un amor que vuelve para poner en sus manos un instante de libertad. Un
instante, la libertad no es otra cosa, afirma su marido (Manuel de Blas).
El momento en el que optas, el momento en el que eliges. La posibilidad
eterna de hacer otra cosa y de mirar hacia otro lado. La habilidad para
contemplar nuestra existencia desde la serenidad de otro escenario, desde
la esperanza de la inmensidad de un océano repleto de nuevas experiencias,
de nuevas formas que siempre podrían acogernos porque no nos son ajenas.
Henrik Ibsen escribió “La dama del mar” nueve años después de su
legendaria “Casa de muñecas”. El tema que se plantea en el texto, en sus
páginas no deja de ser el mismo: La libertad de una mujer atrapada en una
sociedad machista y opresora. La resolución, sin embargo, es muy
diferente. Mientras Ellida se adapta, se conforma con la remota
posibilidad de ejercer la libertad; Nora la ejerce, no esperará a otra
ocasión para dar el portazo definitivo, no vivirá contemplando unos días
extraños, los hará suyos... si bien, no sabemos por cuánto tiempo...
Ellida se conforma, ha aprendido a adaptarse... es ésta una asfixiante
conclusión, al menos a mí me lo parece. Una conclusión hipócrita y
conservadora. La mujer es libre, pero no se atreve a optar con libertad,
no la han enseñado a ejercer la libertad, ese instante fugaz y decisivo...
Robert Wilson es un prestigioso director de teatro, un creador por decirlo
así, que combina teatro de texto y gestual. De esta manera ha abordado la
obra de Henrik Ibsen, adaptada para tal ocasión por Susan Sontag. El
resultado es de una belleza plástica incuestionable. Los colores, los
movimientos de los intérpretes, la forma de declamar componen un paisaje
hermoso pero alejado de lo que quizá quiso transmitir el autor. El
desarrollo de la obra que ha recorrido gran parte de nuestra península es
lento, nos da la sensación de que ante nosotros tenemos una especie de
acuario en el que se mueven seres marinos, desde un calamar hasta la
sirena protagonista; el contenido, aquello que estos seres nos pretenden
decir no nos acaba de llegar y aquello que nos llega lo hace de un modo
confuso y ciertamente vacuo.
No podemos negar que esto favorece la labor de Ángela Molina, su manera de
hablar, su manera de moverse. Aquellos a quienes no nos gusta demasiado,
por no decir que no nos gusta sin más, hemos de admitir que éste es uno de
sus mejores trabajos. Manuel de Blas, siempre deja un buen sabor de boca,
haga lo que haga y del modo en que lo haga. “La dama del mar” es pues, una
puesta en escena sinceramente bella aunque no consigue brillar al alejarse
de manera intencionada de lo que en teoría debería contar, transmitir y
reflejar.
LA DAMA DEL MAR
Naves del Español
Autor: Henrik Ibsen
Versión: Susan Sontag
Director: Robert Wilson.
Intérpretes: Ángela Molina, Manuel de Blas,
Carlota Gaviño y Lara Grube, entre otros.
Sofía Basalo 
 
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UNA ANTOLOGÍA COJA - LA VENTANA
ROJAS
La compañía de Teatro Morboria tiene un largo
recorrido a sus espaldas durante el cual ha realizado montajes de todo
tipo y en todo lugar. Cuando apunto “montajes de todo tipo” lo hago en el
sentido más amplio de la frase; pues estos profesionales han abordado a lo
largo de su camin |