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USTED LO PASE BIEN, SEÑOR VERDUGO

de Rogelio San Luis

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

“USTED LO PASE BIEN, SEÑOR VERDUGO”

Farsa trágica de humor crítico en un acto, original de

Rogelio San Luis

 

 

PERSONAJES

(Por orden de aparición)

JUEZ

VERDUGO

REA

SACERDOTE

__________________

La acción, en un patíbulo.

Época, intemporal.

Lados, los del espectador.

__________________

 

 

ESCENARIO

Elegante y distinguido patíbulo.

Entradas en los laterales.

Al foro, telón negro.

En el centro del segundo término, un gran entarimado.

Demás cosas que exija la acción.


 

ACTO ÚNICO

(Se oye baja la Marcha fúnebre de Chopin. Se alza lentamente el telón. La escena está vacía. Se va iluminando un gran cepo en el entarimado del patíbulo. Se escucha fuerte la música. UN MOMENTO. SILENCIO. La luz ilumina todo el escenario. Tarde triste de invierno. Por el segundo izquierdo entra solemne JUEZ. Cincuenta años. Serio, frío, alto y fuerte. Viste una toga actual. Al frente sin dirigirse al público.)

JUEZ.-El ser humano no es bueno. Desea devorar a su presa. Los poderosos legislaron protegerse. ¡Habíamos surgido los jueces!

(Pasea a lo ancho de la escena.)

Los que privamos de libertad a los peligrosos. Los que llegamos a asesinarlos para que la vida sea más hermosa. Nosotros... ¡Somos criados del gran capital!

(Se para, como antes, en el segundo derecho.)

El fuerte invade países prósperos en minas de oro o pozos de petróleo. Anuncia, en el planeta, el producto que sale de sus fábricas. El débil compra armas a los que pronto serán sus invasores. Nosotros... ¡Legalizamos  territorios sin lógica y regados de sangre!

(Va al centro del segundo derecho.)

Las páginas de la historia se abren y suena idéntica marcha fúnebre. ¡Hojas rotas por el mismo verdugo!

(Por el segundo derecho entra VERDUGO. Treinta y cinco años. Triste, sensible, estatura normal y corpulento. Viste ropa corriente y actual. Lleva una capucha negra. Le da la mano.)

VERDUGO.-Admirado señor juez...

JUEZ.-Distinguido señor verdugo...

VERDUGO.-Usted lucha por un mundo más justo.

JUEZ.-Y usted se encarga de limpiarlo.

VERDUGO.-Trabajo no me falta, llego a casa cansado. Soy un hombre útil. ¡Gano mi sueldo honestamente!

JUEZ.-¡Qué gran ejemplo el suyo! ¡Solicitaré para usted la Medalla del Trabajo!

(Se miran. PAUSA.)

VERDUGO.-¿Se imagina una sociedad sin verdugos? ¡Sería perfecta!

JUEZ.-Un verdugo tan sentimental... Así no llegará muy lejos. ¡Trabaje! ¡¡Produzca con ilusión!!

VERDUGO.-¡Ninguna mujer trabajaría en lo mío! Ellas dan a luz y... ¡nosotros la enterramos en las sombras!

(Mutis por el segundo derecho. Mira al cepo.)

JUEZ.-La almohada para dormir el más profundo de los sueños. ¡El cepo! Aguarda a su inseparable amiga...

(Por el segundo derecho entra VERDUGO. Trae una gran hacha y la exhibe.)

VERDUGO.- ¡¡El hacha!!

JUEZ.-¡¡Una obra de arte!!  ¿Está bien afilada? El tiempo es tan importante...

VERDUGO.-Fue una tarde de invierno como hoy. La hoja no se encontraba en condiciones...

(Da muy fuerte y rápidamente con el hacha en el cepo.)

¡¡Tranquilo!! ¡¡Ahora!! ¡¡No se desespere!! ¡¡Acabo inmediatamente!! ¡¡Un poco de paciencia!! Tres días...

(Deja el hacha sobre el cepo.)

JUEZ.-¡Un éxito!

(Mutis por el segundo izquierdo. Se vuelve hacia el público y llora.)

VERDUGO.-¡Ay! ¡Qué pena tan grande! ¡Gano la vida suprimiendo la de los demás! ¡Lloro por mis clientes!

(Se comienzan a oír voces y coge el hacha. Por el segundo izquierdo entra JUEZ. SILENCIO. Por el primero derecho, atadas sus manos, entra REA. Veintiocho años. Alta, rubia, gran melena. Muy guapa y fina. Viste un elegante traje de la Edad Media. Avanza lenta hacia el patíbulo. Para sí.)

REA.-El pueblo se alegra con las ejecuciones. Ya veo el patíbulo que cerrará mis ojos para siempre.

JUEZ.-¿Por qué mató a su pobre marido con un cuchillo? ¿Tiene algo que alegar en su defensa la rea?

(Se para. Cesan las voces.)

REA.-¡Sí! Me pegaba, maltrataba, humillaba. Vivir con él era un infierno. ¡Fue un buen trabajo!

JUEZ.-Sólo era una paliza diaria... ¿Es eso un motivo? ¡La vida sólo nos la puede quitar Dios!

REA.-Tiene usted razón, señor juez. ¡Cuántos crímenes se cometen en su nombre!

(Avanza decidida hasta el patíbulo)

VERDUGO.-Bienvenida, señorita.

REA.-¿Señorita...? ¡Yo soy viuda!  Entre nosotros... ¿Usted cómo va a hacer? ¡Tengo derecho a informarme!

(Le da el hacha y ella la coge.)

VERDUGO.-Coja esto, por favor. ¡Sencillísimo! Únicamente consiste...

(Pone la cabeza en el cepo.)

Poner relajada la cabeza aquí. Mostrar el cuello con la mayor sencillez. Y luego con el hacha...

(Alza decidida el hacha.)

REA.-Me recuerda tanto a mi difunto esposo...

(Se incorpora rápido y muy asustado.)

VERDUGO.-¡¡No!!

(Le coge el hacha. Por el primero izquierdo entra SACERDOTE. Sesenta años. Alto, delgado, pelo blanco y muy agradable. Viste una sotana actual y trae un breviario. Se dan la mano.)

JUEZ.-¡Padre! ¡Siempre tan puntual!              

SACERDOTE.-¡Qué alegría, señor juez!

(Van hasta el patíbulo. Presentaciones. Se dan la mano.)

JUEZ.-Aquí la que vamos a ajusticiar.

SACERDOTE.-Es un placer, hermana.

REA.-Me encanta su galantería.

JUEZ.-Aquí el señor verdugo.

SACERDOTE.-He oído hablar mucho de usted.

VERDUGO.-Coincidimos con tanta frecuencia...

(Mutis JUEZ por el segundo izquierdo y VERDUGO, con el hacha, por el segundo derecho.)

SACERDOTE.-¡¡Enhorabuena!! ¡¡Esto se llama ser afortunada!

REA.-Un poco de seriedad... ¿Los curas se visten de payasos en los patíbulos?

SACERDOTE.-¡Vas a ver al Altísimo! ¡¡A gozar de la vida eterna!! Una económica confesión...

(Ella se arrodilla y entrelaza sus manos. El pone una estola morada y junta sus manos.)

REA.-Ave María Purísima.

SACERDOTE.-Sin pecado concebida.

REA.-¡He matado a mi marido!

SACERDOTE.-¡Qué horror! ¡No lo vuelvas a hacer más!

REA.-¿Piensa que estoy arrepentida? Qué poco me conoce. ¡Lo mataría nuevamente!

SACERDOTE.-En ese caso, y sintiéndolo por tu brillante futuro, no puedo darte la absolución.

(Se levanta mientras él quita la estola.)

REA.-¡Las bendiciones de ustedes son como las de los mancos!

(Por el segundo izquierdo entra JUEZ.)

SACERDOTE.-Se niega a arrepentirse, señor juez. ¡No puedo ser cómplice de este asesinato!

(Mutis por el segundo izquierdo.)

JUEZ.-¡¡Cúmplase la sentencia!!

(Mutis por el segundo izquierdo. Por el segundo derecho entra VERDUGO con el hacha. Va hasta el patíbulo mientras se escuchan voces entusiasmadas. Los personajes se miran serios. GRAN SILENCIO.)

VERDUGO.-Señora... Tengo que decapitarla. ¿ Me guardará rencor?

REA.-No...  Cumple honradamente con su deber. ¡Todos los verdugos duermen con la conciencia tranquila!

(Deja el hacha en el suelo.)

VERDUGO.-No sirvo para esto. ¡No cuente conmigo para cortarle la cabeza!

REA.-Se está comportando como un niño. No pierda su venturoso porvenir... ¡Qué decepción!

(Pone la cabeza en el cepo. Coge el hacha y se dispone fuertemente  a decapitarla.)

VERDUGO.-¡¡Va a salir un pajarito!!

REA.-¡¡Animo!!

(Deja caer derrotado el hacha.)

VERDUGO.-No puedo.

(Se levanta confusa.)

REA.-Usted es un vago...

(Se miran serios. UN MOMENTO.)

VERDUGO.-Desde que la vi por primera vez... Algo nuevo y maravilloso brotó en mí.

REA.-Tiene un gusto para elegir...

(Rodilla derecha en el suelo y las manos en el corazón.)

VERDUGO.-Condenada mía... ¡Estoy enamorado de ti!

(Se vuelve.)

REA.-¡Calla! Nuestro amor es imposible.

(Se levanta y deja caer los brazos.)

VERDUGO.-¡Te quiero, corazón mío! ¡No puedo vivir sin ti!

(Lo mira.)

REA.-Yo... ¡No puedo vivir contigo!

(Se abrazan y besan fuertemente. UN MOMENTO. Por el segundo izquierdo entra asombrado JUEZ.)

JUEZ.-¡¡Sean responsables!! ¡¡Está prohibido amar en un cadalso!!

(Se separan y corren hasta él.)

VERDUGO y REA.-¡¡Señor juez!!

VERDUGO.-¡¡Queremos casarnos!!

REA.-¡¡Es mi última voluntad!!

JUEZ.-Como juez y en virtud de mi cargo, declaro unidos en matrimonio al verdugo y la rea. ¡Suerte!

(Por el segundo izquierdo entra SACERDOTE con el breviario.)

SACERDOTE.-¡No debéis vivir amancebados! ¡Recapacitad! ¡Las bodas por la Iglesia son más duraderas!

REA.-Si vamos a permanecer más tiempo unidos...

VERDUGO.-Lo pensaremos antes de decidirnos.

(VERDUGO y REA, cogidos de la mano, hacen rápidos mutis por el segundo derecho. JUEZ y SACERDOTE se miran serios. La luz del anochecer va oscureciendo la escena. UN MOMENTO.)

JUEZ.-Está anocheciendo. Tardan mucho. ¡No vienen!

SACERDOTE.-Tranquilícese. Estos jóvenes...

JUEZ.-¿Y si se fugasen? Los encontraremos. ¡Serán ejecutados! Tal vez usted...

SACERDOTE.-¡Nunca! Murmurarían los fieles. ¡Un verdugo con sotana!

(Por el segundo derecho entra triste VERDUGO. Viste de lujosa y actual etiqueta. Lleva puesta la capucha.)

VERDUGO.-¡Nos ha engañado a todos! ¡Me aceptó como marido para abandonar el patíbulo!

(Sube al patíbulo y se sienta desolado en el cepo.)

JUEZ.-¡Se ha reído de nosotros! ¡Este es el final de mi carrera!

SACERDOTE.-¡Qué pocas aspiraciones! ¡Renuncia a la vida que nunca muere!

(Se levanta.)

VERDUGO.-No he perdido la ilusión de mi existencia. Estoy sufriendo la más cruel de la pesadillas. Y sueño, sigo soñando, de que ella vendrá a mí.

(Por el segundo derecho entra seria y solemne REA. Viste de novia, sus manos continúan atadas y lleva un ramo de azahar.)

¡¡Cariño!!

(REA camina lenta, y ajena a todo, hacia el patíbulo.)

JUEZ.-¡Qué inmensa dicha! ¡¡No se ha fugado!!

SACERDOTE.-¿Ha conocido alguna que desprecie este momento?

(REA sube al patíbulo.)

VERDUGO.-¡La rea de mi vida!

REA.-¡Mi verdugo ideal!

(Ella se sitúa a la izquierda de él y miran felices al público. UN MOMENTO. SACERDOTE sube al patíbulo y se pone delante de ellos y de espaldas al público. Entre ellos.)

VERDUGO.-Yo, el verdugo, te deseo rea mía como esposa y me entrego a ti en lo grato e ingrato.

REA.-Yo, la rea, te deseo verdugo mío como esposo y me entrego a ti hasta que la muerte nos separe.

(Se ponen, al unísono, de rodillas. Los bendice.)

SACERDOTE.-Yo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo os declaro marido y mujer.

(La pareja se levanta y él le baja el velo a ella. Dándoles la mano.)

¡Que sea para bien!

REA.-Muchísimas gracias.

VERDUGO.-No sé cómo agradecerlo.

(JUEZ sube al patíbulo y les da la mano a la pareja.)

JUEZ.-Mi más sincera enhorabuena.

VERDUGO.-Me emocionan sus palabras.

REA.-¡Mi nuevo marido me tratará mejor que el primero!

(JUEZ y SACERDOTE bajan del patíbulo y hacen mutis rápido por el primero derecho. Se miran ilusionados. UN MOMENTO.)

VERDUGO.-Ya eres mi mujer.

(Deja caer el ramo de azahar.)

REA.-¡Y tú mi esposo!

(Pone la espalda sobre el cepo. Una luz muy débil ilumina a los personajes. El se sitúa sobre ella.)

VERDUGO.-La vida es el mejor invento en el registro de la naturaleza.

REA.-Por eso la pena capital no tiene pies ni cabeza.

VERDUGO.-Los suicidas son unos desertores de la única guerra sin muertos.

REA.-Las batallas deberían suspenderse en señal de duelo.

VERDUGO y REA.-Ahora... ¡En este instante! ¡¡Suena en nosotros la música del universo!!

(Se ponen de pie mientras desaparece la luz débil y sigue anocheciendo. Por el primero derecho entran JUEZ y SACERDOTE con el breviario. VERDUGO coge el hacha. Muy triste.)

REA.-¡Qué pronto se destruye un matrimonio!

VERDUGO.-¡¡Me niego, señor juez!! ¡¡Yo no la decapito!!

JUEZ.-¡¡Tiene la obligación!! ¡¡No va a manchar su esplendoroso currículum!!

(Pone la cabeza sobre el cepo.)

REA.-¡Soy toda tuya!

(SACERDOTE sube al patíbulo, abre el breviario y se dirige a ella.)

SACERDOTE.-¡Hoy es un día que nunca olvidarás! ¡La puertas del cielo se abren para ti!

(VERDUGO se decide a cumplir con su deber.)

REA.-¡Te quiero, verdugo!

VERDUGO.-¡Mi rea idolatrada!

(Va bajando mucho la luz.)

REA.-El día va muriendo como yo. Mi corazón se sumerge entre las sombras. ¡Muy pronto nos veremos!

(Se dispone a darle muy fuerte con el hacha.)

VERDUGO.-¡¡Me voy a quedar viudo!!

(Va a decapitarla.

OSCURO

(Se hace la luz. La escena representa un cementerio. En el centro del segundo término, un lujoso panteón. Cipreses esparcidos por la escena. Mañana soleada de invierno. Días después. SILENCIO. Por el primero izquierdo entra VERDUGO. Viste de negro y trae unas flores en la mano. Capucha.)

VERDUGO.-Me dijeron que vivía por aquí... Hay tantos panteones... ¡¡Eh!! ¿¿Dónde estás, cielo?? ¡¡Soy yo!! ¡¡Tu verdugo!! No responde. ¡Qué falta de cortesía! Esta mujer debió de perder la cabeza.

(Por la puerta del panteón entra REA. No tiene atada las manos. Viste su traje de novia que ahora está ensangrentado. Su cara y sus manos están muy blancas.)

REA.-¡¡Mi tesoro!!

VERDUGO.-¡¡Amor mío!!

(Se abrazan y besan fuertemente. UN MOMENTO. Se separan.)

Te encuentro muy bien. ¡Estás muy guapa! Te creció la cabeza.

REA.-Nunca me las has querido cortar.

VERDUGO.-Tu traje de novia... ¡Hay sangre!

REA.-Te culpas. ¡Yo no la veo! Pero... ¿Te has puesto de luto por mí?

VERDUGO.-¡Eras mi esposa! ¡No he podido olvidarte!

REA.-Nadie que ama pierde a su ser querido. Por eso volvemos a estar juntos.

(Se las entrega.)

VERDUGO.-Te traigo estas flores. Hacerte una visita sin un obsequio...

REA.-¡Oh! Son preciosas. Voy a ponérmelas a mí misma.

(Las deja encima del panteón.)

VERDUGO.-Pensar que cambiaste de domicilio por mi gran hachazo...

REA.-No me dolió nada...  Fue como una dulce caricia. Ay, siempre lo recordaré.

VERDUGO.-¿Lo pasas bien aquí? ¿Qué es de tu vida?

REA.-Los cementerios son muy divertidos. ¡No tienes tiempo para nada!

(Suena el vals “Voces de primavera” de Strauss. La saca a bailar.)

VERDUGO.-¿Me concedes esta pieza?

REA.-Encantada.

(Bailan felices por todo el escenario. UN MOMENTO.)

VERDUGO.-Estás bellísima. ¡Cómo te favorece la muerte!

REA.-Mira que me lo voy a creer...

VERDUGO.-Eres la ilusión de mi existencia. ¡Sólo pienso en venir a verte cada día!

REA.-Y yo te esperaré. ¡Me has hecho sentirme viva!

(Bailan lentos sin dejar de mirarse. UN MOMENTO.)

VERDUGO.-¿Te acuerdas cuando nos conocimos? Coincidimos en aquel hermoso patíbulo. Yo era el verdugo.

REA.-Y yo la rea. Nos miramos... ¡Y creamos la más hermosa historia de amor!

VERDUGO.-Somos felices, en esta soleada mañana de invierno, con la sonrisa de todos los relojes.

REA.-Pasan los días, las semanas, los meses... ¡Arrancamos las hojas de nuestros calendarios!

(Suena fuertemente la música y bailan rápidos y dichosos. UN INSTANTE. Se separa dolorida mientras cesa la música. La suelta sorprendido.)

VERDUGO.-¿¿Qué te sucede?? ¿¿Te encuentras mal?? ¡¡Llamaré al médico de guardia!!

REA.-No te asustes, cariño. ¡Unas ligeras molestias! ¡¡No son síntomas de muerte!!

(La lleva con cuidado hasta el panteón.)

VERDUGO.-Así... Despacito... Muy serena... ¡Conoceré tu hogar!

REA.-¡Un manantial de vida!

(Mutis de los dos por el panteón. Se escucha el llanto de un bebé.)

VOZ REA.-¡Niño! ¡¡Hijo mío!! ¡¡Cómo se parece a ti!!

VOZ VERDUGO.-Tus padres ya han muerto. ¡Sigues creciendo! ¿¿Qué serás de mayor??

(Por el panteón entra VERDUGO. Viste como al principio. Capucha. Mira al frente.)

VERDUGO.-Todos los verdugos nacemos en un cementerio. Somos hijos de otro verdugo y de una condenada a muerte. El fruto de un amor en un cadalso. Cada época presenta el último modelo para las ejecuciones. Me llaman... ¡Un verdugo siempre es puntual en el empleo de una fábrica de cadáveres!

(Se dirige decidido al primero izquierdo.

OSCURO

(Se hace la luz. Entarimado del principio. Sobre él, un montón de leña. Detrás un palo largo y una cuerda. Tarde de invierno. La escena vacía. UN MOMENTO. Por el primero izquierdo entra JUEZ. Viste como antes. Mira ausente al público.)

JUEZ.-En esta tarde de invierno, el juez va a hacer realidad su sentencia. La pena de muerte es tan antigua como el hombre. Los años, los siglos, el tiempo pasa. ¡La historia continúa!

(Por el segundo derecho entra VERDUGO. Viste como antes.)

VERDUGO.-Siempre en mi puesto, señor juez.

JUEZ.-Su actitud le ennoblece, señor verdugo.

(Frotándose las manos.)

VERDUGO.-Hace un frío...

(Sube al patíbulo.)

JUEZ.-Pronto habrá calor en el patíbulo.

(Por el primero derecho entra REA. Es la misma de antes. Viste ropa del siglo XIII. Viene seria y derrotada. Avanza, sin fuerzas y atadas sus manos, hacia el patíbulo. Voces complacidas de la muchedumbre.)

JUEZ.-Bienvenida a este lugar confortable. Se le acusa de un delito de brujería. ¿Tiene algo que alegar?

(Se para. Cesan las voces.)

REA.-Mi inocencia. Que se me condene por una herejía insignificante... ¡Es demencial!

JUEZ.-¿Acaso no es la peor de todas las herejías negar la existencia de Dios?

REA.-¡No me lo han presentado! Si lo conociese, lo hubiese traído hasta aquí...

JUEZ.-Usted carece de toda lógica. ¿Quién creó el mundo?

REA.-¡Eso me pregunto! ¿Lo sabe usted?

JUEZ.-¡Diga Dios que puede acertar!

REA.-¿Para tolerar la pena de muerte? ¡Somos hijos de la diosa naturaleza y en ella nos destruiremos!

JUEZ.-¡Cuánta incultura! Dios, que le gustaba este mundo, se hizo hombre para salvarnos.

REA.-¿¿De qué?? Si nos crease para ser felices como Él... ¡No se hacen experimentos en su laboratorio!

(Por el primero izquierdo entra rápido y agresivo SACERDOTE. Viste como antes. No trae el breviario.)

SACERDOTE.-¿Qué dice este ser maldito?

JUEZ.-¡No abjura de sus pobres ideas!

SACERDOTE.-Cuánta necedad. ¡Y Cristo que se dejó morir pensando en ella!

REA.-Si yo aún no había nacido...

(JUEZ y SACERDOTE la acusan airados con sus índices.)

JUEZ.-¡¡A la hoguera!!

SACERDOTE.-¡¡Muerte en la hoguera!!

REA.-¿¿Por ver la evidencia??

JUEZ.-¡¡Bruja!!

SACERDOTE.-¡¡Limpiemos el mundo de brujas!!

(REA sube serena al patíbulo. Le da la mano.)

REA.-Señor verdugo... Le deseo larga vida.

VERDUGO.-Lo mismo digo, señora condenada. Con su permiso y siempre que no le parezca mal...

(La coge y la ata al palo, quedando delante de la leña.)

REA.-¡Su hacha acabó cortando la leña!

(Se dispone a encender la leña.)

VERDUGO.-No se ponga nerviosa. Este invierno es muy frío. Gozará de la temperatura ideal.

REA.-Siento, sin ánimo de ofenderle, un poco de calor.

(Mofándose.)

JUEZ.-¡¡Arde!! ¡¡Quémate con tus irreverentes ideas!! ¡¡Bruja asquerosa!!

SACERDOTE.-¡¡Es el final que mereces!! ¿¿Dónde está tu errónea sabiduría?? ¡¡No te salvarán tus brujerías!!

(Comienza a llover intensamente. Se apaga el fuego. Gran sorpresa.)

VERDUGO.-¡¡Qué contrariedad!!

REA.-¡¡Van a elegir el momento!!

JUEZ.-¡¡Esta lloviendo torrencialmente!! ¡¡Es imposible ejecutarla!!

SACERDOTE.-¡¡Ella es la culpable!! ¡¡El diablo nos manda este diluvio!!

REA.-¡¡Hipócritas como ustedes deberían estar en mi lugar!!

VERDUGO.-¿Qué hacemos? Saben que quemo muy bien. ¡Es la primera vez que me sucede!

JUEZ.-Un poco de paciencia. ¡No se alteren! Pronto escampará.

(Se pone de rodillas y reza.)

SACERDOTE.-Señor, no permitas que llueva para que podamos quemar a esta desgraciada.

(Se levanta rápido y deja de llover. Alegría en todos excepto en REA.)

¡¡Milagro!! ¡¡Ha dejado de llover!! ¡¡Mis oraciones han llegado al cielo!!

JUEZ.-¡¡Dios quiere que se cumpla la sentencia!! ¡¡Adelante verdugo!! ¡¡Puede volverse atrás!!

VERDUGO.-¡¡Me esmeraré!!

(Enciende la leña mientras se escuchan gritos de felicidad. UN MOMENTO. JUEZ y SACERDOTE avanzan dichosos hasta el patíbulo. SILENCIO. La luz desaparece y sólo se ve una luz muy roja en el cuerpo de REA. UN MOMENTO. Entregada.)

REA.-¡Mi cuerpo es una llama! Me estoy convirtiendo en ceniza... Ay... Qué dolor tan cruel. Vuelvo a la nada que me convirtió en vida. Me muero... ¿Qué delito... he... cometido...? Solamente... pensar.

CORTINAS

(Se descorren las cortinas y la luz inunda la escena. Mismo escenario y una tarde de invierno. Sobre el entarimado, y frente al público, hay una guillotina. La escena vacía. Por el segundo derecho entra VERDUGO. Viste como antes. Capucha. Sube al patíbulo y acaricia la guillotina.)

VERDUGO.-¡Qué gran invento la guillotina! ¡¡Es preciosa!! Pobres... Cómo trabajaban antes mis compañeros. ¡Unos abnegados! Ahora, gracias al progreso, se le da aquí y... ¡no hay que mancharse las manos!

(Por el segundo izquierdo entra JUEZ. Viste como antes. Mira ausente al público.)

JUEZ.-¡Ha llegado la Revolución francesa! ¡Igualdad, libertad y fraternidad! ¡Se ha acabado el poder de la aristocracia y de la Iglesia! ¡Despierta pueblo dormido! ¡¡Ha nacido un mundo nuevo!!

(Por el primero derecho entra REA. Viste un elegante vestido de aristócrata del Siglo XVIII. Sus manos están atadas. Va majestuosa al patíbulo. Voces jubilosas. VERDUGO besa su mano. Cesan las voces.)

VERDUGO.-A sus pies, aristocrática dama.

REA.-Mi plebeyo verdugo. ¡Qué placer conversar con un ser inferior!

JUEZ.-¡Acabe pronto, verdugo! ¡Los que esperan son amantes de la puntualidad!

VERDUGO.-Señora... ¿Tiene la bondad de poner aquí su cabeza? Es un momento. Ya lo comprobará.

REA.-Despreciables lacayos... Están ahí  por nosotros. ¿De qué nos acusan?

JUEZ.-¡¡De oprimir al pueblo!! ¡¡De no dejarlo respirar!!

REA.-¡Qué atrocidad! Creamos verdugos para ser sus víctimas.

(Ceremoniosos.)

VERDUGO.-Refinada aristócrata.

REA.-Mi galante verdugo.

VERDUGO.-La gentil guillotina la aguarda.

REA.-No puedo negarme a sus exquisitos deseos.

(Va por detrás de la guillotina y pone su cabeza en ella.)

VERDUGO.-Su faz embellece esta maravillosa tarde de invierno.

JUEZ.-¡Cúmplase la sentencia!

(Se incorpora rápida.)

REA.-¡¡Me niego a perder la vida!!

(Avanzando hasta el entarimado.)

JUEZ.-¡¡Cuánta ostentación!!

VERDUGO.-Colabore para que pueda vivir.

(Va hasta delante de la guillotina.)

REA.-¡¡No me ejecutarán hasta que hable con mi confesor!!

(Por el primero izquierdo entra SACERDOTE. Viste igual. No trae el breviario.)

SACERDOTE.-¡¡Señora!!

REA.-¡¡Reverendo Padre!!

(Le da la mano.)

JUEZ.-Encantado, señor cura. Sea usted breve.

SACERDOTE.-Enseguida acabo, señor juez. ¿Qué pecados va a tener? ¡Es muy virtuosa!

(Sube al patíbulo. Le besa la mano a él.)

REA.-Mi santo confesor.

SACERDOTE.-Elegida del Señor.

(Presentando.)

REA.-Este miserable va a ser mi verdugo.

(Le da la mano.)

SACERDOTE.-Mucho gusto, estudioso de la guillotina.

VERDUGO.-Sus palabras me engrandecen.

REA.-Padre... Antes de morir, preciso confesarme.

(Va hacia la derecha del patíbulo.)

SACERDOTE.-Un ángel como usted no lo precisa.

(Va solemne hacia él y se pone de rodillas. Voces bajas.)

REA.-Me acuso de engañar al noble de mi esposo.

SACERDOTE.-¡Qué sorpresa! Lo que menos esperaba... ¿Cuántas veces?

REA.-Lo sabrá usted. ¿O es que ya lo ha olvidado?

SACERDOTE.-No... Si sólo fue conmigo...

REA.-Se atribuye una exclusiva... Un poco de humildad. Si le contase...

SACERDOTE.-¿El marqués...?

REA.-Puede...

SACERDOTE.-¿El duque...?

REA.-Es posible...

SACERDOTE.-¿Alguno más?

REA.-¡Toda la corte!

SACERDOTE.-¡Me ha engañado! ¿Se da cuenta? ¡Me niego a darle la absolución!

(Se levanta.)

REA.-Padre... Somos humanos. Un desliz lo puede tener cualquiera. ¡No es para tanto!

SACERDOTE.-¡Sólo me ha sido fiel con su marido! Me siento tan disgustado...

REA.-¿Y la condesa?

SACERDOTE.-Soy tan caritativo...

REA.-¿La baronesa?

SACERDOTE.-Hacerle un desprecio...

REA.-¿He omitido alguna?

SACERDOTE.-¡No tengo tan buena memoria!

(Se miran. PAUSA.)

REA.-Señor juez... Mi confesor reúne tan grandes virtudes...

JUEZ.-Indudablemente. ¡Está a favor de la revolución!

REA.-¿¿Él?? ¡No sea usted ingenuo! Si conociese lo que piensa...

(JUEZ observa fijamente a SACERDOTE. PAUSA LARGA.)

SACERDOTE.-¿De qué es usted juez? ¿Qué poderes le otorga el populacho? La Iglesia y los aristócratas somos los únicos seres decentes para gobernar. ¡Asesinos! ¡¡Muera vuestra pestilente revolución!!

JUEZ.-¿Cómo se atreve? ¡Tendrá su merecido! Señor verdugo... ¡¡Este cura a la guillotina!! Y van...

(A SACERDOTE y REA.)

VERDUGO.-¿Tienen la amabilidad? Hoy me consagro.

(SACERDOTE y REA van hasta detrás de la guillotina.)

JUEZ.-¡¡Ese par de cabezas!!

VERDUGO.-¿Quién va a ser el primero o procede sortear?

(Muy ceremoniosos y señalando la guillotina.)

SACERDOTE.-Distinguida aristócrata.

REA.-Reverendo Padre.

SACERDOTE.-Usted primero.

REA.-No lo puedo consentir.

SACERDOTE.-Tiene preferencia una dama como usted.

REA.-Un sacerdote es muy superior.

(Se miran. PAUSA.)

SACERDOTE.-En ese caso...

REA.-Para no hacerles esperar...

(SACERDOTE y REA ponen, al unísono, sus cabezas en la guillotina y miran ausentes al público.)

JUEZ.-¡Eso se llama emplear bien la cabeza!

(Voces ilusionadas. UN MOMENTO. SILENCIO. VERDUGO se dispone a accionar la guillotina.)

VERDUGO.-¡Algún día el exterminio será con el mínimo esfuerzo!

CORTINAS

(Se descorren las cortinas. Mismo escenario y misma hora en primavera. Sobre el entarimado, y frente al público, una horca. Delante un pequeño banco. La escena vacía. Por el segundo izquierdo entra JUEZ. Se queda mirando feliz a la horca.)

JUEZ.-La horca... ¡Qué bonita es! Un invento extraordinario. Ay, no me canso de mirarla. ¡Dan ganas de llevarla a casa! Por eso yo, juez, me disponga a ordenar que la utilicen en esta alegre tarde de primavera.

(Por el segundo derecha entra VERDUGO. Viste como antes. Capucha.)

VERDUGO.-Buenas tardes, señor juez.

JUEZ.-Me alegro de saludarle, honorable verdugo.

(VERDUGO sube al patíbulo y se coloca al lado de la horca.)

VERDUGO.-La horca la estrenamos hoy. ¡Qué honor ser el primero! ¿Quién es la persona afortunada?

JUEZ.-¡Alguien que lo recordará toda la vida!

(Por el primero izquierdo entra REA. Viste ropa de una trabajadora del Siglo XIX. Las manos atadas. Se dirige airada hasta el entarimado. Se oyen voces entusiasmadas. SILENCIO.)

REA.-¡Oh, mundo burgués y sin escrúpulos! ¿Qué hizo esta mujer trabajadora para ser condenada a muerte?

JUEZ.-¿Se acuerda del primero de mayo? ¡Le han cambiado la mente con ideas despreciables!

REA.-¿Un trabajador va a ser esclavo del patrón mientras él se lucra con el sudor de nuestro esfuerzo?

JUEZ.-El empresario no quieren que mueran de hambre. Les regala un buen salario para que vivan dignamente.

REA.-¡Una limosna! Trabajamos día y noche. ¡Nos hemos olvidado de dormir! ¡¡Pedimos una jornada laboral de ocho horas!!

JUEZ.-¡Qué vicio tan grande! Y quieren dormir... ¡Pretenden edificar una sociedad de parásitos!

REA.-¡¡Nuestra muerte no será estéril!! ¡¡Daremos la vida por un mundo en el que se repartan los beneficios!!

JUEZ.-¡Qué equivocada está! ¡¡Están hundiendo el progreso!! ¡¡Viven por la caridad de los acaudalados!!

REA.-¡¡Sin nosotros no medrarían!! ¡¡Somos iguales que ellos!!

(Se miran. PAUSA.)

JUEZ.-¡¡No son nada!! Pronto, muy pronto, las máquinas reemplazarán al hombre. ¡No serán necesarios!

REA.-¡Una máquina no piensa!

JUEZ.-Una máquina trabaja mejor que ustedes. ¡No pide la baja por gripe! ¡No se equivoca! Puede trabajar día y noche sin cansarse, no precisa domingos, vacaciones, ir a una huelga.

REA.-¡Ese día se habrá terminado el ser humano!

JUEZ.-¡¡Señor verdugo!! ¡¡Esta mujer estrenará la horca!! ¡¡Espero mucho de usted!!

(REA sube seria y lenta al patíbulo. Le extiende la mano.)

VERDUGO.-Encantado, señora condenada.

REA.-Tutéame. Los dos somos trabajadores.

VERDUGO.-¿Haces el favor de subirte a este banco?

(Se sube al banco y queda frente al público.)

REA.-No quiero crearte problemas en tu oficio.

(Rodea su cuello con una soga.)

VERDUGO.-Ahora esta soga tan eficaz...

(Voces bajas.)

REA.-Pero a ti... ¿Cuánto te pagan por matar?

VERDUGO.-Nada, una mezquindad.

REA.-¿No cobras una comisión por cada muerto? ¿Te llega para vivir? ¿Puedes mantener a tu familia?

VERDUGO.-¡Qué va! A veces tengo que matar a otros para comerlos.

REA.-¿Cuántas horas al día empleas para cumplir con tu deber?

VERDUGO.-¡Muchísimas! Ni disfruto de unas vacaciones... ¡Estoy extenuado!

REA.-¡¡Te están explotando!! ¡¡Rebélate!! ¡¡No ejecutes más sin que te remuneren bien!!

VERDUGO.-¡Me quedaría sin este empleo digno y seguro! ¡Otros lo harían por la mitad!

REA.-¡Los verdugos sois los siervos de los ricos! ¡Los asesinos para que ellos gocen de una gran reputación!

(Se miran serios. SILENCIO. Voces normales.)

VERDUGO.-Señor juez... ¡Me niego a matar a esta señora tan barato!

JUEZ.-Ah... ¿Sí? Está en su perfecto derecho. ¿Le hace el favor de quitar la soga del cuello?

(Se la quita.)

VERDUGO.-Me tenías preocupado.

(Baja del banco.)

REA.-¡Te ascenderán!

JUEZ.-Por favor, señor verdugo, ¿quiere subir al banco y poner la soga a su cuello?

VERDUGO.-¿¿Yo...?? Sólo pedía un aumento de sueldo. Está la vida tan cara...

(Sube resignado al banco y pone la soga al cuello.)

JUEZ.-Ahora y si es tan amable, dígnese separar el banco...

(Yendo hasta VERDUGO.)

REA.-¡¡No!! ¡¡ Nunca!! ¡¡Desiste!! ¡¡Quieren hacer la reconversión de verdugos!!

(VERDUGO retira rápido la soga del cuello y baja del banco.)

VERDUGO.-Perdona... Tienes que comprenderlo. No voy a perecer en un accidente laboral.

REA.-¡No mates más de ocho horas!

(Sube al banco y pone la soga al cuello. VERDUGO se la coloca bien. Por el primero izquierdo entra SACERDOTE. Viste como antes. Trae el breviario y va al patíbulo. A REA.)

SACERDOTE.-¿Te vas a marchar de este valle de lágrimas sin pedirle perdón a Dios?

REA.-¡No creo en seres inexistentes! ¡En los que son incapaces de suprimir las clases sociales!

SACERDOTE.-Confiésate, arrepiéntete de sus pecados. ¡Él cree en ti!

REA.-¡Sustituimos al gran ausente! ¡Al que sacaron de la nada para dominar a los ignorantes!

(Se oyen gritos de júbilo.)

JUEZ.-¡¡Cúmplase la sentencia!!

(Dejan de escucharse los gritos. SILENCIO. Accionado ante la indiferencia y seriedad de REA.)

SACERDOTE.-Proletaria... Yo te perdono en el nombre de los propietarios del paraíso. Padre... Hijo y Espíritu Santo...

(A ella mientras se dispone a retirarle el banco.)

VERDUGO.-¡Qué gran dignidad! Mueres sin burlarte de una sociedad injusta.

(REA muestra rápida y agresiva su lengua.

CORTINAS

(Se descorren las cortinas. Mismo escenario. En el patíbulo y en el lugar de la horca, dentro de una cabina sin estar cerrada la parte delantera y frente al público, hay una silla eléctrica. Tarde de invierno. La escena vacía. Por el segundo derecho entra VERDUGO. Viste como antes. Capucha. Va a la silla y se sienta. UN MOMENTO.)

VERDUGO.-La silla eléctrica. ¡Una gran condescendencia con el condenado! Se sienta aquí y es como si falleciese tranquilamente en un sillón de su casa. Si quiere enterarse de la actualidad, puede leer el periódico.

(Por el primero izquierdo entra